Ya se largó la pelea por la plata y los impuestos en el Congreso

Por: Alcadio Oña

Ya empezaron a cambiar el discurso. Y va a ser uno muy distinto, cuando se empiecen a discutir plata y poder". Eso dice un legislador de la oposición que conoce el paño.

Plata, y mucha, hay en juego con el reparto de la recaudación del impuesto al cheque, ahora notoriamente a favor de la Nación y en contra de las provincias. También mucha, en las retenciones a las exportaciones agropecuarias y petroleras. O en la caja de los ATN, que el Gobierno debiera distribuir y mantiene pisada.

Si no es exactamente así, parecido a "miren lo mal que estamos, no se puede tirar de la cuerda con esta situación fiscal, actúen con responsabilidad" será el nuevo discurso oficial. Después del 28 de junio, el kirchnerismo en el Congreso ya no está en condiciones de imponer cualquier cosa, sino en una situación de debilidad.

Los Fiscos provinciales lucen desfondados, hasta los que andaban relativamente bien. Y sus legisladores pelearán por recursos que les corresponden, sean del palo político que fuesen. "La frazada ahora es corta para todos y habrá que discutir el financiamiento global", afirma un diputado del interior.

Algunos gobernadores ya admiten que deberán pagar el medio aguinaldo en cuotas. Otros prevén algo aún peor: fraccionar los salarios. Y todos patean para adelante las facturas de proveedores y contratistas, muchas a 90 días o más. Nadie quiere emitir bonos o cuasimonedas, pero las alternativas siguen en pie.

Con este telón de fondo, el miércoles pasado comenzó a delinearse la agenda parlamentaria, durante un encuentro con la oposición que presidió el titular de la Cámara de Diputados, Eduardo Fellner. Al menos dos veces se le escuchó la palabra "derrota" al jefe del bloque oficialista, Agustín Rossi, a propósito, obviamente, del resultado electoral.

Por muchos punteos que haga, el kirchnerismo ignora hoy con cuántos diputados cuenta: seguro, eso sí, que no tiene la mayoría de 129 para formar quórum. Y más que probable, unos cuantos antes propios mudarán de un bando al otro según los proyectos que se traten. Así viene el baile en el Congreso.

El año pasado, la oposición peleó en Diputados para que un 30% de la recaudación del impuesto al cheque fuese directo a las provincias, en lugar del 15% que recibía y reciben hoy. O sea, que la Nación no siguiera quedándose con el 85%. Cayó por goleada frente a la mayoría oficialista. Pero esta vez, el cantar será uno muy diferente.

Si se proyecta la recaudación del gravamen del primer semestre a todo el año, la diferencia entre 15% y 30% suma 2.922 millones de pesos. Esa es la plata que podría perder la Nación y ganar las provincias, aunque el Gobierno central mantenga un nada despreciable 70% de los ingresos.

En la misma proyección, ese 70% representaría $ 13.636 millones. Y $ 5.844 millones un 30 % para las provincias. Los impuestos están para sostener el funcionamiento del Estado Nacional, pero hay casos donde, se ve, la distribución resulta muy desigual.

Más difícil es que prospere algún intento por aumentar la coparticipación de las retenciones a la soja, o sea, que el Gobierno ceda más del 30% que aceptó meses atrás.

Lo que está clavado es que el Poder Ejecutivo perderá la facultad para manejar, discrecionalmente, todas las retenciones. Puede haber una prórroga de seis meses, si no se discute ya un nuevo sistema. En cualquier caso, el Congreso impondrá los márgenes dentro de los cuales deberá moverse el Gobierno: el actual y los que vengan.

Con la Mesa de Enlace del campo colada en la discusión, la estrella de los conciliábulos parlamentarios es la soja. Oscilan entre una rebaja simbólica de las retenciones, a una mayor o a un régimen parecido a las móviles, segmentado para favorecer a los pequeños productores y asociado al precio internacional.

Cualquier porcentaje que se arriesgue hoy equivaldría a una adivinanza. Y si es uno grande, debería contemplar que las provincias perderán ingresos en la coparticipación del 30%. Habrá uno fuerte, en cambio, para las retenciones al trigo y al maíz, que no se coparticipan.

Otro filón son los llamados ATN, la recaudación que el Tesoro Nacional retiene hace tiempo y debiera girar a las provincias. Unos 8.000 millones de pesos acumulados, nada menos. Que se usan para financiar necesidades fiscales de la Nación.

Pero así como el oficialismo desconoce con qué fuerzas cuenta de verdad, tampoco la oposición, mayoritaria formalmente, está en condiciones de imponer cualquier cosa, como pretenden algunos. Llegado el caso y según cual proyecto se discuta, podría dividirse: así de sencillo.

Hay 45 diputados que no renuevan mandato en diciembre. Un número decisivo, nada gratuito, que puede moverse de un bando al otro.

Forzado por la realidad, el kirchnerismo deberá negociar. Y cada cual hará su juego pensando en 2011, incluido un previsible reagrupamiento del peronismo. Eso es tan cierto como también peligroso desfondar al Estado Nacional. Para todos, aun si sólo se mirase a 2011: mucho de lo que ahora se decida quedará remachado.

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