El largo conflicto que Curtarsa mantuvo con Linera

EL CIVISMO accedió a un extenso expediente que demuestra los perjuicios generados por la empresa desde hace unos 40 años. En octubre de 1978, la firma perteneciente a la familia Steverlynck inició una demanda civil contra Curtarsa por repetidas afectaciones. En primera instancia, la Justicia estableció la obligación de entubar el canal de efluentes, pero luego dio marcha atrás con esa decisión. Detalles de un documento inédito.
Si bien la problemática ambiental de la localidad de Jáuregui comenzó a tomar notoriedad pública hace unos 15 años a partir de las denuncias vecinales, los inconvenientes ocasionados por el funcionamiento de Curtarsa prácticamente surgieron con su instalación, a fines de la década del 60.

En aquellos primeros años, el afectado directo fue la empresa Linera Bonaerense, propiedad de la familia Steverlynck, cuya planta se encontraba pegada a la de Curtarsa. En el marco de la investigación para esta serie de notas, EL CIVISMO accedió a un expediente plagado de cartas que Linera envió a la curtiembre como consecuencia de reiterados trastornos generados por los efluentes líquidos que hace unos 40 años ya despertaban preocupación por los impactos en el ambiente circundante.

El desarrollo de ese conflicto derivó en una denuncia presentada por la firma de los Steverlynck en octubre de 1978. Cinco años después, la Justicia emitió un fallo donde obligaba a la curtiembre a "entubar por cuenta y cargo el acueducto, bajo apercibimiento de construirlo la actora en su nombre y a su costa, pudiendo ésta última ofrecer otro sitio si no prefiriera el actual trazado".

El 21 de agosto de 1984, sin embargo, un nuevo fallo estableció "dejar sin efecto la obligación de entubar desde ya el acueducto por cuenta y cargo de la demandada, lo que se transforma en apercibimiento para el supuesto de incumplimiento de la condenación principal y modificar el pronunciamiento en el sentido de que se establece los daños y perjuicios reclamados en la demanda en la suma de tres mil trescientos pesos argentinos (3.300 dólares)".

QUEJAS AL POR MAYOR

Las primeras quejas efectuadas por Linera ante el accionar de su empresa vecina se registraron pocos meses después de la apertura de la curtiembre. El 22 de junio de 1970, la firma agroindustrial satélite de Algodonera Flandria abrió "una servidumbre de acueducto para conducir toda clase de aguas, no sólo naturales sino también artificiales y servidas, sacadas del aludido establecimiento industrial a las propiedades vecinas para su paso a corrientes de aguas públicas, las que deberán cumplimentar las normas de estado o calidad que se determinan las autoridades competentes".

Según consta en la presentación de la denuncia judicial, poco tiempo después de terminada esa obra, Curtarsa "comenzó a utilizar ilegítimamente el paso de las aguas, lo que generó innumerables reclamos de mi representada, a quien dicha conducta además ocasiona serios perjuicios".

El proceder de la curtiembre dio inicio al envío de notas donde se denunciaban esas irregularidades. El 10 de junio de 1972, por ejemplo, Linera expresaba que "ayer y hoy agua sucia de esa fábrica corrió por nuestro campo pasando por nuestra portería hacia el río. Recordamos nota del 31/5/72 a la que aparentemente no han prestado atención".

En ese intercambio de correspondencia también aparecen las primeras excusas y promesas de la todavía pequeña curtiembre, una constante en la historia del conflicto social y ambiental que aún tiene de rehenes a los vecinos de Jáuregui. El 27 de junio de 1974, con la firma del ingeniero Enrique Ellmann, Curtarsa le explicaba a Linera que "varias semanas atrás se ha iniciado la limpieza integral de nuestras piletas de decantación, operativo que lleva cierto tiempo y es de alto costo, y que permitirá un funcionamiento más adecuado dentro de pocas semanas". En esa misiva se agregaba que "lamentablemente para la realización de esta tarea nos vimos en la necesidad de anular alternativamente de a una a dos de nuestras cuatro piletas de decantación, por lo cual es posible que la calidad de los efluentes durante este período sea de mayor impureza".

El 10 de septiembre del mismo año, la curtiembre se reiteraba en explicaciones que no alcanzaban para dar una solución definitiva al problema: "Actualmente se está limpiando una pileta, lo que impide que el agua decante en tiempo normal, y estamos a la espera de la oferta de un separador mecánico para sólidos, todo ello contribuirá en un futuro inmediato a mejorar las condiciones del líquido que se bombea".

Además, se indicaba que "se está estudiando la adecuación de este sistema a las normas legales a fin de evitar los actuales inconvenientes y en previsión de futuras ampliaciones del establecimiento". De acuerdo a lo expresado en ese momento, "todo este proceso se fue dilatando por las dificultades de conseguir empresas idóneas en la limpieza de las piletas y en el proyecto de la magnitud de nuestro sistema".

Un mes después, y también a través de una carta, Linera especificaba los perjuicios generados por los efluentes líquidos de su vecino. En primer lugar se marcaba que "el caudal de agua de Curtarsa es continuo y muy elevado, de lo que resulta imposible que pueda ser totalmente absorbido por las parcelas de tierra en las que se la distribuye. En un alto porcentaje llega directamente al río". Por otra parte, la industria perjudicada explicitaba la necesidad de afectar de manera permanente a uno de sus obreros al manejo de esas aguas turbias. Además, se hacía mención a que como "el agua es tan sucia, en poco tiempo tapa las rejillas instaladas para filtrarla, desborda las piletas construidas a este fin, y lleva consigo estopas, trozos de bolsas u otros cuerpos que atascan las bombas".

Para fines de 1975, los responsables de Linera habían enviado un total de once cartas, efectuado reiterados llamados telefónicas y visitas a la planta de la curtiembre sin éxito alguno en la solución al problema de las aguas industriales que terminaban en el cauce del río.

Como los inconvenientes continuaron, Linera solicitó al Departamento de Bromatología de la Municipalidad un análisis de las aguas enviadas por Curtarsa, pedido que se cumplió entre el 22 y el 23 de julio de 1976. Así se determinó que esos líquidos contenían "un alto tenor contaminante". Para ese entonces, la agroindustria había recibido varias intimaciones y sanciones de parte del municipio por la calidad del efluente, cuando en realidad la responsable de la situación era Curtarsa.

Por esa razón, Linera optó por separar el cauce de las aguas descargadas por la curtiembre de las que correspondían a su planta. Pero concretada dicha separación, se continuaron enviando aguas "en violación de las ordenanzas y disposiciones sanitarias vigentes".

UNA DÉCADA DESPUÉS

A pesar de la demanda judicial, los problemas continuaron durante toda la década del 80. A mediados de 1985, Linera recurrió a un escribano público para certificar la extracción de muestras de los efluentes de Curtarsa. Los resultados obtenidos fueron elocuentes. Los líquidos superaban los límites permisibles de materia orgánica, algo que generaba una demanda extra de oxígeno de las bacterias presentes en el río encargadas de degradar las sustancias extrañas, y quitaba oxígeno a vegetales y animales presentes en ese recurso natural. Por otra parte, también se detectó una elevada concentración de sulfuros, "una sal tóxica que puede transformarse en ácido sulfhídrico". En cuanto al cromo total, se encontraron 35,5 g/m3, cuando el límite máximo establecido por la ley se ubicaba en 0,5 g/m3.

En una carta documento fechada el 22 de julio de 1986, la empresa propiedad de los Steverlynk dejaba constancia que "entre las 23.30 y las 04.00 horas de la noche del 19 al 20 y en el mismo horario durante la noche del 20 al 21 del corriente mes, el agua proveniente de esa empresa (por Curtarsa), y que circula por el canal de desagüe que pasa por nuestros campos y que desemboca en el río Luján, no guarda las características organolépticas convenidas. Se la observó de un color blanco-grisáceo de tono subido y con emanaciones de gas sulfhídrico, que como ustedes saben, es altamente tóxico para los seres vivos".

En septiembre de ese año, Linera se dirigió al entonces director provincial de Obras Sanitarias, Juan Carlos Plana, para denunciar los perjuicios sufridos. En el escrito, la empresa detallaba que "los fétidos olores, la corrosión de chapas y alambrados en las zonas linderas, hablan por sí solos del no cumplimiento por Curtarsa de las disposiciones vigentes".

Mientras el panorama general continuaba sin modificaciones, a principios de 1987 el Departamento de Bromatología y Medio Ambiente de la Municipalidad efectuó un nuevo análisis de los efluentes de la curtiembre. Además de encontrar exceso de cromo, los estudios indicaban que "el contenido de sulfuros detectados infringe la ley 5965 sobre efluentes industriales, por lo que se hace pasible de las sanciones contempladas en la ordenanza municipal 1348 y su modificación 1427".

Para octubre, Linera seguía sufriendo los mismos inconvenientes. En otra carta documento dirigida a Curtarsa, los responsables de la industria detallaban "las características anormales" del líquido que circulaba por el canal de desagüe de la curtiembre, a partir de observaciones in situ efectuadas durante un mes. De esa manera se pudieron constatar, con fecha y hora precisa, "emanaciones sulfurosas elevadas" y coloraciones de las aguas que oscilaban entre el blanco y el verde. Por esa razón, y ante la gran cantidad de antecedentes, se aseguraba que su vecino violaba asiduamente las legislaciones vigentes, "con total menosprecio de la salud de la población y de la flora y fauna del río".

El 13 de mayo de 1988, Linera le solicitaba al intendente Miguel Prince "encontrar los medios idóneos para remediar este estado de cosas que afectan seriamente a la salud y los bienes de la población de Villa Flandria y a la ecología del río Luján". Hasta ese momento, ya eran casi 100 las hojas que daban testimonio del conflicto. En los años posteriores, a partir de la activa participación de los vecinos y de las organizaciones ambientalistas, las páginas de la problemática se multiplicarían varias veces. Pese a todo, los inconvenientes continúan.

Investigación periodística: Nicolás Grande – Horacio Papaleo.

La mugre río abajo

El canal de efluentes de Curtarsa, ubicado en cercanías al Club Náutico El Timón, representa un verdadero dolor de cabeza desde hace varias décadas.

En algún momento, los responsables de la curtiembre pensaron en una solución que, en realidad, no solucionaba nada, sino que cambiaba el problema de lugar. La idea era modificar el recorrido de ese canal para que los líquidos industriales desagotaran del otro lado del tajamar que se encuentra a pocos metros de la actual desembocadura.

La empresa inició tratativas con la Comisión Directiva de El Timón para conseguir el permiso de construir un acueducto subterráneo que recorriese la zanja de desagüe ubicada entre la cancha de fútbol y el edificio principal de la institución. De esa manera, las sustancias peligrosas que suelen transportar esos efluentes podían correr río abajo del tajamar y no quedar asentadas en los barros ubicados en el sector del cause que suele utilizarse para las actividades náuticas de El Timón.

Sin embargo, el 26 de abril de 2001 la empresa comunicó a la conducción del club que el proyecto quedaba descartado por sus costos, calculados en 230.147,88 pesos/dólares.

Los árboles mueren de pie

En un documento fechado el 18 de agosto de 1980, Linera detallaba la afectación sufrida en sus plantaciones como consecuencia del paso de las aguas enviadas por Curtarsa. Así se mencionaba un total de 513 plantas muertas y de entre 300 y 350 afectadas por "caries". El listado incluía nogales, cipreses calvos, fresnos, paraísos, olmos y aceres.

Antecedentes periodísticos

Los primeros inconvenientes generados por la contaminación ambiental en la década del 70 ya despertaban el interés de EL CIVISMO. De aquellos años datan varios editoriales donde se hablaba sobre el castigo que comenzaba a sufrir el río Luján. En un artículo publicado el 9 de mayo de 1978, por ejemplo, se hacía referencia a un río "que por obra y gracia del hombre se ha convertido en un curso de agua contaminada que asesta verdaderos puñetazos a la pituitaria y a la salud en general, comprendiendo en este último término a humanos, vegetales, animales y hasta objetos".

La frase

"¿Alguien cree que una empresa de tercera categoría por su alto poder de impacto ambiental contaminante puede, en 120 días, hacer algo que no hizo en 12 años o que no hizo desde 1970 hasta ahora? No lo hizo porque no quiso". (Dino Viotto, presidente de la Asociación Eco Vida en el Oeste Bonaerense, durante la primera sesión extraordinaria realizada en mayo de 2006).

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