No larga a la profe

Teherán liberó a una de las prisioneras francesas y le ofreció a la embajada de ese país alojar a la otra mientras se lleva adelante el juicio por "conspiración".
Un juego de terciopelo y ásperas aristas se puso ayer en movimiento en torno de algunos de los extranjeros detenidos y juzgados en Irán por haber asistido a las protestas que siguieron la reelección de Mahmud Ahmadinejad a la presidencia. Teherán hizo dos gestos en dirección de Francia. En primer lugar, puso en libertad condicional a la franco-iraní Nazak Afshar, la colaboradora de la embajada de Francia en Irán que había sido detenida y juzgada tras las manifestaciones de protesta. En segundo, en una entrevista con Radio Francia Internacional, RFI, el embajador de Teherán en París, Seyed Mehdi Mirabutalebi, propuso que la universitaria francesa Clotilde Reiss, también juzgada por los mismos cargos, salga de la cárcel y permanezca en la embajada francesa en Teherán hasta el fin de su juicio. El diplomático iraní dijo a la emisora que hasta ahora no había recibido una respuesta del gobierno francés. París desmintió esta versión y aclaró que "las autoridades iraníes están informadas desde hace varias semanas que la embajada de Francia en Teherán estaba lista a recibir a Clotilde Reiss en cuanto ésta se beneficie con una medida de liberación". El juicio contra Clotilde Reiss ha sido uno de los episodios más densos de las relaciones entre Francia e Irán. La joven. de 24 años, daba clases en la Universidad de Ispahán y fue arrestada bajo los cargos de traición. París denunció el juicio como una parodia de justicia y exigió la rápida liberación de la ciudadana. El sábado, cuando se inició el proceso, Reiss reconoció ante el tribunal revolucionario que había participado en las manifestaciones de Teherán del 15 y del 17 de junio, que tomó fotografías y filmó las protestas. Teherán trasladó hacia Clotilde Reiss y las dos personas empleadas en las embajadas de Francia y Gran Bretaña todo el argumento según el cual son las potencias extranjeras las que mueven los hilos de las manifestaciones que impugnan la política del régimen. El fiscal del tribunal, Abdolreza Mohabati, declaró por ejemplo que todos los acusados "elaboraron un plan, por cuenta de la oposición y de países extranjeros, para derrocar al régimen".

Clotilde Reiss, Nazak Afshar, el empleado local de la embajada francesa, y Hosein Rasam, un empleado de la embajada británica, son parte de las más de cien personas que están siendo juzgadas ante un tribunal revolucionario por su presunta participación en las protestas y las denuncias de fraude consecutivas a la reelección del presidente Mahmud Ahmadinejad. Según un comunicado de la presidencia francesa, Nicolas Sarkozy recibió con "gran alegría" la liberación de Nazak Afshar y volvió a exigir la liberación "sin demora" de la universitaria francesa. París ha hecho de la liberación de Clotilde Reiss una prioridad. De hecho, Irán fabricó el perfil de una espía para justificar el juicio. Reiss, sin embargo, carece de esa sustancia. Los analistas adelantan que, a través de ella y de los dos empleados de las embajadas de Francia y Gran Bretaña, Irán dirime sus luchas intestinas, pone un rostro a los presuntos cómplices del supuesto complot internacional contra el régimen. Ayer, Amnistía Internacional pidió a Teherán que permita el ingreso de observadores internacionales al "juicio espectáculo" que se está llevando a cabo contra los manifestantes detenidos por protestar contra la reelección del presidente Mahmud Ahmadinejad. Según Amnistía, el megaproceso contra los opositores "no parece nada más que un juicio espectáculo a través del cual el líder supremo y los que lo rodean buscan deslegitimar las protestas recientes y mayoritariamente pacíficas y convencer a un mundo muy escéptico de que Mahmud Ahmadinejad fue reelegido justamente para un segundo mandato presidencial".

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