La larga era de EE.UU.

Por Andrés Oppenheimer

MIAMI.- Justo cuando todos están pronosticando una gradual disminución del poder estadounidense en el mundo, un famoso futurólogo dice, en un nuevo libro, que la era de Estados Unidos recién comienza y que durará todo el siglo XXI.

Eso no es todo. George Friedman, el politicólogo y presidente de la empresa privada de inteligencia Stratfor -que la revista Barron´s describió como una "CIA paralela"- también dice en su nuevo libro, Los p róximos 100 años, que las nuevas potencias globales del siglo XXI serán Japón, Turquía y Polonia y que -escuchen esto- probablemente habrá una guerra entre Estados Unidos y México.

¿Es una obra de ciencia ficción?, le pregunté a Friedman durante un diálogo telefónico.

¿Cómo puede pronosticar que la "era americana" recién está comenzando cuando estamos en medio de la peor recesión desde 1930?

¿Y cómo puede ser tan optimista sobre Estados Unidos cuando el propio Consejo Nacional de Inteligencia del gobierno norteamericano, que es el centro de investigación a largo plazo de la CIA, predijo recientemente que Estados Unidos ya no será la única superpotencia mundial, sino sólo un primus inter pares (primero entre iguales), seguido de cerca por China, en 2025?

"Pongamos las cosas en perspectiva", me respondió Friedman.

"Mientras la depresión económica de la década de 1930 produjo una caída del 50% del producto bruto, en la actual recesión estamos hablando de una caída del 2 o 3% para este año", dijo.

En segundo lugar, la recesión de la década de 1970 fue en muchos aspectos peor que ésta, agregó. "Los norteamericanos tienen muy poca perspectiva histórica", me dijo.

Superioridad

"Si recordamos los discursos de Jimmy Carter en la década de 1970, decían que la próxima generación de estadounidenses no tendría un nivel de vida tan bueno. Nada de lo que escuchamos hoy es muy diferente de lo que escuchábamos en la década de 1970 o en la de 1930."

Bueno, pero ¿en qué se basa para decir que la "era de Estados Unidos" recién empieza?, le pregunté.

"Porque la economía estadounidense es, en producto bruto, más grande que la de los cuatro países que le siguen juntos, Japón, Alemania, China y el Reino Unido. Además, Estados Unidos tiene una enorme superioridad militar, ocupa un enorme territorio que es muy difícil de atacar y controla todos los océanos del mundo", dijo.

"Cuando se toman en cuenta los factores objetivos del poder estadounidense, no hay comparación entre el tamaño y la vitalidad de la economía norteamericana y las economías del resto del mundo´´, agregó.

China se derrumbará, predijo. "Ya lo hemos visto antes en la historia de China: una tremenda desigualdad y una región del país que florece mientras otra región se muere de hambre. Uno de los resultados de esta combinación ha sido la guerra civil, sucedida por la imposición de un gobierno comunista que aisló a China del resto del mundo", explicó.

Fallidos candidatos

Friedman rechazó mi sugerencia de que China, gracias a su enorme tamaño y su inversión en la educación, continuará en ascenso.

"Recuerde que treinta años atrás hablábamos de que Japón se convertiría en la mayor potencia del mundo. Antes se hablaba de Rusia. Cada generación tiene su país candidato a sobrepasar a Estados Unidos y nunca ocurre", replicó.

Muy bien, pero ¿una guerra contra México? ¿No es un poco descabellado?, le pregunté.

"Para nada -respondió-. México probablemente estará entre las diez principales economías del mundo en las próximas décadas."

Más o menos a mediados del siglo, habrá un inevitable ascenso del nacionalismo mexicano, en momentos en que una tremenda escasez de mano de obra estadounidense producirá una enorme afluencia de mexicanos -esta vez invitados por Washington con incentivos económicos- a los territorios ocupados por Estados Unidos en el siglo XIX.

Esta combinación dará como resultado "un alto grado de tensión, si no una guerra" con México, dijo.

Mi opinión: no me sorprendería que Estados Unidos siguiera siendo el país más poderoso del mundo en las próximas décadas, aunque creo que lo será en menor medida que ahora y compartirá su poderío con otros países, en un mundo cada vez más multipolar.

Y, sobre la base de lo que vi en China, apostaría a que ese país seguirá prosperando y que el período comunista sólo quedará en la historia como un breve paréntesis en la milenaria historia de esa potencia mundial.

Con respecto a México, creo que en lugar de una guerra, veremos una inevitable integración con Estados Unidos en una Unión Norteamericana, impulsada por las necesidades de mano de obra de Estados Unidos.

Pero, de todos modos, las predicciones de Friedman llevan a la reflexión. Afortunadamente para él, ninguno de nosotros estará aquí en 2109 -y probablemente no recibiremos este periódico, donde sea que estemos- para constatar sus predicciones y echarle en cara aquellas en las que se equivocó.

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