Lanzan la re-elección de Daniel Scioli para la Provincia en 2011

El vicepresidente del Senado bonaerense, Federico Scarabino, sorprendió hoy con una declaración de apoyo al gobernador que suenan más a un lanzamiento: "El candidato con mejores perspectivas electorales para 2011 en la Provincia es Daniel Scioli", dijo el tercer hombre en la línea de sucesión provincial.
A través de un comunicado oficial, el legislador remarcó además que el actual mandatario provincial tiene "una enorme representación entre los dirigentes justicialistas", para jugar por la reelección para el próximo período electoral.

La contundencia de la afirmación; el lugar que ocupa y la particularidad de Scarabino, poco afecto a cualquier tipo de declaraciones periodísticas, realzan el impacto político de sus dichos, y lo empujan hasta el límite mismo de un anuncio: "debe ser Daniel Scioli por su lealtad sin especulaciones políticas y porque se ha integrado, con buenos resultados, al peronismo de la Provincia", aseguró al ser consultado acerca de quién sería el mejor candidato a gobernador del oficialismo para el próximo turno. Cuesta creer que semejante 'anuncio' no haya sido si quiera deslizado, antes, en el entorno del gobernador. Por no decir directamente consensuado.

"(Scioli) posee una excelente relación con el gobierno nacional, y por sobre todas las cosas es un hombre con una gran capacidad de dialogo", remarcó. En clara sintonía con una idea que empezó a tomar fuerza en la Gobernación provincial, particularmente en el entorno del gobernador, tras la última derrota electoral.

Hace algunas semanas cuecen en Gobernación la idea de resignar para el próximo período, el principal objetivo de todo político que se precie de tal: llegar a sentar a Daniel Scioli en el sillón de Rivadavia. Scioli no le escapa a ese encanto que 'seduce' a todo político encumbrado, aunque por estilo nunca lo haya dicho explícitamente.

Pero el bochorno de haber perdido en su Provincia aún cuando forzó su propia postulación, como la de muchos intendentes, mostrándose ‘garantes’ de un triunfo K y, sobre todo, el escenario político que alumbró la derrota electoral –particularmente hacia el interior del peronismo-, lo empujaron a optar por "el mal menor", congelando su aspiración "mayor": competir en el 2011 por la sucesión de Cristina Fernández de Kirchner.

En su entorno están convencido que resignando, ganan. Sospechan, con tino, que refugiarse en la Provincia y consolidar su imagen de gestión podría evitarle las críticas desgastantes que, espaciadas pero recurrentes, suelen caer sobre su persona de otros referentes del PJ con el mismo anhelo presidencial.

Están convencidos de que por deseo personal o por proyecto político, muchos de los que le reprochan que se haya erigido en el titular organizador del PJ tras la renuncia de Néstor Kirchner, lo hacen para mellarle el camino en la pelea cuerpo a cuerpo por transformarse en EL candidato presidencial del PJ, y que dejarían de hostigarlo si decide bajarse de esa carrera. Después de todo, tienen un elegante salvoconducto: aunque archi-conocido, su deseo de 'presidenciar' nunca fue admitido por él públicamente.

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