Lanzados y complicados, en días de definición

Los 15 días que quedan hasta la definición de las listas de candidatos para la elección del 28 de junio serán para tirarse de los pelos. Las dos principales fuerzas de la oposición tienen un escenario inmejorable para dañar al oficialismo, pero están peleados como chicos (o como dirigentes que manejan encuestas que les indican que lo mejor es no juntarse).
El oficialismo está sólido pero la complicación en los fondos estatales trae la plata de las obras en cuentagotas. El `anticipo´ que nunca llegó completo y el plazo de las empresas hasta el miércoles. Cómo está cada candidato y cómo piensan manejarse en la campaña.

Ninguno la tiene regalada, ni fácil, ni imposible. En el actual escenario local que lleva al 28 de junio, las tres fuerzas que pueden disputar poder local y seccional y las líneas que la conforman tienen en sus manos la suerte propia. Y como la política es un juego de relaciones y oposiciones, también pueden influir en la suerte o desgracia de sus adversarios.

Puesto así, en letra sobre página, la cosa parece fácil. Pero, claro, no lo es: cada sector, oficialista y opositor, tiene sus propios problemas y dificultades. He aquí lo interesante: a veces los problemas más serios del armado de listas, acuerdos, fórmulas y alianzas para llegar al 28 de junio no provienen de los adversarios sino del interior de su propia fuerza.

Por eso, y porque el tiempo apremia, pasemos a ver cómo está cada uno. Que, está dicho, en cada caso es más que uno y anda con las piezas interiores revolucionadas.

El Gobierno, el oficialismo, la doble cabeza

Tantas buenas como malas para José Eseverri en el tramo final, básicamente por cuatro razones: a) va a tener que ser candidato a senador; b) no tiene candidatos a concejal que no sean miembros de su Gobierno; c) el crecimiento de imagen de su rival interno, Julio Alem, es imparable (ya superó al mandatario, levemente, en las mediciones de imagen que el Gobierno local conoce) y por eso no puede soltarlo y d) las dudas sobre la llegada fluida de la plata para el megaplán de obra pública, no solamente antes de la elección sino, ya lo sabe, para después.

El eseverrismo no ha conseguido, a pesar de que lo intentó y probó de mil maneras, sustituir a Héctor Vitale como principal figura del riñón-riñón candidateable a un puesto legislativo.

Ya los ha medido a todos y ha probado de todo: no funcionan. Carolina Szelagoswski es absolutamente desconocida, Eduardo Rodríguez no mide como el área de Cultura, Margarita Arregui (nadie sabe bien porqué) ha pagado carísimo el recambio de Helios Eseverri por su hijo y tiene un balance muy negativo entre imagen positiva y negativa.

Hace poco, el eseverrismo lanzó al aire el globo de ensayo de la candidatura de un veterano fomentista, Oscar Lizardía, y han fogoneado su figura en el reciente lanzamiento de una residencia solidaria. Pueden incluirlo, como no. Pero saben, ya, que transformarlo en candidato no le cambiará en nada la suerte a la lista oficial.

Apenas el oficialismo repasa las encuestas de imagen que les proporciona el asesor (y flamante funcionario provincial) Luis Mosquera, el gesto del grupo de Gobierno local es el mismo: todos giran la cabeza y lo miran a Vitale.

Parece increíble. Vitale está en un puesto donde debe cubrir al Intendente y su labor es la de un guardaespaldas y comunicador permanente, recibió un fuerte golpe cuando no pudo desarticular con los fomentistas la primera marcha por seguridad (justo el área donde los olavarrienses piensan, en un 90%, que el eseverrismo viene haciendo mal o muy mal las cosas), tiene un gesto amargo casi permanente, pero ahí está el jefe de Gabinete: a pesar de que no le sobra nada es, en los números del oficialismo, el integrante del Ejecutivo con mejor imagen. Por paliza.

Es, y lo saben en el oficialismo, el único en condiciones de enfrentar con eficacia a dos probables cabezas de listas opositoras que meten miedo en las mediciones de imagen: Ernesto Cladera (todavía no llegó a su techo) y, enfrente y más atrás, Julián Abad (está mucho mejor que cuando fue candidato a Intendente) y/o Liliana Schwindt (el primer concejal en muchísimo tiempo que logró crecer desde una banca).

¿Será? Es complicado saberlo, porque el oficialismo tiene otro imperativo: la posible candidatura del intendente José Eseverri a senador provincial (pero no a concejal, donde José puede llegar, lisa y llanamente, a perder). La fórmula Eseverri senador y Vitale concejal es posible, sobre todo si el kirchnerismo insiste en tener una colectora del PJ, encabezada por Miguel o Guillermo Santellán.

Con ese armado, José Eseverri gana (en la Sección) aún perdiendo en Olavarría (puede culpar de ello a la lista del PJ) y como su candidatura sería testimonial volvería al Ejecutivo local dejándole el lugar al saladillense Walter Abarca, secretario de la presidente de la Nación, Cristina Fernández (la dirigente peor ubicada en todas las mediciones). Es decir, misión cumplida aunque en Olavarría logra apenas 3 de los 6 concejales que renueva: allí tendrá un problema de dependencia todavía más fuerte de Julio Alem.

¿Alicia Tabarés candidata, a concejal? Es lo que quieren los eseverristas, pero no lo será. Las mediciones de todas las fuerzas políticas realizadas en Olavarría indican que la diputada pasó a una nueva categoría política, solamente superada en los últimos tiempos por Helios Eseverri: su imagen es indestructible, y ronda el 60% de aceptación (hoy sólo la supera Julio Cobos, en todas las mediciones).

Pero además de eso Alicia Tabarés es sumamente astuta: no es lo mismo imagen que intención de voto y además ella le rehúye al conflicto, que sería la clave de una elección local. Además, no debe tener muchas ganas de mostrar un caudal de poco más del 20% en una elección local (es todo lo que sacaría como cabeza de lista) cuando en realidad su imagen es mucho más alta.

Julio Alem es ya un problema para el oficialismo. El presidente del Concejo Deliberante (y esto recién hoy madura para muchos) nunca mantuvo una pelea de simulación con José Eseverri: piensan y sienten la política de maneras disímiles y no hay espacio de convivencia ni estrategia que contengan sus diferencias.

A José le preocupa un dato: Alem lo pasó en imagen positiva, muy pero muy levemente, en varias mediciones. En realidad están cabeza a cabeza, pero el concejal tiene mejor balance: su imagen positiva es muy superior a la negativa (escasa), mientras José Eseverri tiene la misma positiva pero sin saldo cuando se le resta la negativa (más alta).

Esa es la principal razón por la cual Eseverri no se desprende ya mismo de Alem, a pesar de que sabe que ni bien pase el 28 de junio el concejal empezará a caminar hacia el cobismo primero y hacia la Intendencia después. Y allí sólo puede detenerlo, con pericia y mucha suerte, Ernesto Cladera.

En la oposición

A medida que los puntos de valoración positiva de Ernesto Cladera suben, su entorno se pone más y más exigente, y rechaza en Olavarría la alianza que arriba ya han sellado el radicalismo y la Coalición.

Los hechos conocidos esta semana sobre enfrentamientos entre militantes de la Coalición Cívica y dirigentes del radicalismo de Olavarría durante la interna de la UCR del domingo pasado tienen solamente una explicación: desde FCC local mandaron referentes a interferir y generar malestar en el radicalismo porque tienen números y saben que Cladera está muy fuerte.

No tienen, en síntesis, la más mínima intención de cederle candidaturas al radicalismo. Salvo un cambio muy claro de las tendencias electorales, el ex senador eseverrista se está transformando en un problema para el oficialismo, capaz de dejarlo en segundo lugar y posicionarse como uno de los más claros precandidatos a Intendente 2011.

Un fenómeno similar ocurre en el Pro-peronismo. En ese sector el candidato que sigue creciendo de modo gradual es Julián Abad y está bastante mejor que hace casi dos años, cuando fue candidato a Intendente.

¿Pero Abad (Pro) será el primer candidato a concejal de la triple alianza de Mauricio Macri-Francisco De Narváez-Felipe Solá? Es muy difícil. Por eso gana cotización quien viene detrás: Liliana Schwindt, un caso inédito de crecimiento en imagen solamente desde el Concejo Deliberante.

Al igual que pasa con Cladera y los radicales, Schwindt tiene números de medición de imagen en la mano y sabe que está bien. Y por eso se cortó sola este viernes, al lanzarse al ruedo como candidata a concejal de Francisco De Narváez sin invitar ni mencionar a ninguno de sus posibles aliados.

Otro dato opera a su favor: el progresivo deterioro de la candidatura del denarvaísta José Benito Bustingorry como primer candidato a senador: si el saladillense era el primer legislador de la Séptima (con De Narváez primer diputado nacional) la lista local tenía a toda la gente de ``El Colorado´´ en las cabezas de lista, algo que sus aliados no hubieran permitido.

Pero si el Pro obtiene éxito en su trabajo de desgaste de Bustingorry y logran colocar allí al macrista Ricardo Pagola ya no es descabellado que Abad le ceda su lugar a Schwindt como cabeza de lista de concejales.

Del lado del acuerdo entre Marcelo Urlézaga y Mario Cura hay más componentes. Existe allí un acuerdo previo donde no está del todo claro si Sergio Milesi (ya lanzado a a candidatura a concejal) responde al curismo o a Primero Olavarría. Sí hay algo claro: Liliana Schwindt y Silly Cura tienen un enfrentamiento que va a hacer muy difícil que puedan pautar una nómina en común.

Problemas del Gobierno

Desde el Palacio San Martín José Eseverri mira esos choques entre sus rivales y respira aliviado: tiene suficientes problemas propios para atender, y el hecho de que no existe un bloque monolítico en su contra no deja de ser un alivio.

Dos cuestiones son centrales. Por lo que sea, las valoraciones de gestión indican un mapa quebrado, de electorado con opiniones divididas: hoy el eseverrismo no llega al 50% de valoración positiva en la gestión, una parte importante lo califica de regular y uno de cada seis votantes tiene opinión negativa. Síntesis: tiene una gestión para ganar, pero ni por asomo es invencible.

El otro problema es la carta ganadora: la obra pública. El goteo por el cual van llegando los fondos ya muestra evidencias claras de que el megaplán de 176 millones de pesos es una mera ilusión. Vendrá dinero, claro, pero muchísimo menos que lo anunciado.

Primero porque todo lo que sean inauguraciones posteriores al 28 de junio ya están descartadas. El Gobierno ya canceló las certificaciones de obras públicas posteriores y lo que no se haga antes de la elección no se hará jamás. Dato adicional: es imposible gastar de modo serio los 176 millones de acá a dos meses vista.

Pero también porque en el ritmo de los trabajos y de la llegada de dinero no pintan bien. Las cloacas van a media máquina y los pavimentos pararon a la espera de un adelanto del 10% para el lunes de la semana pasada que nunca llegó.

En realidad, llegó de un modo sumamente precario. Tal como adelantó esta columna la semana pasada, las empresas fueron frenando los trabajos de pavimento a medida que pasaban los días, y el viernes de la semana anterior pararon con el hormigón, que es el insumo más caro de los trabajos: 110 mil pesos por cuadra, sólo de materia prima.

En una reunión a los constructores se les indicó que, solucionado el traspaso de garantías, los fondos estaban al llegar. Pues bien, la semana pasada el Municipio les pagó a las empresas apenas el IVA del 10% de los adelantos, porque las empresas habían facturado el monto total y debían rendir el 21% al fisco.

Pero el total del adelanto nunca llegó. Y ahora las firmas ponen un nuevo plazo para la espera: el miércoles.

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