¡A Lamela!

Con 30 centímetros y 32 kilos más que aquel gurrumín que se quiso llevar el Barcelona hace cuatro años y medio, Erik creció y Gorosito lo hace concentrar por primera vez. ¿Debuta mañana?
Apenas 12 años tenía cuando la fama se lo llevó por delante. Con la valija lista para abandonar las Inferiores de River e irse al Barcelona, su caso salió a la luz y provocó que aquel gurrumín de 41 kilos, 153 centímetros, colita y pocas palabras fuera invitado a los programas de Nico Repetto y Niembro, que hiciera jueguitos en VideoMatch y que Telenoche instalara un móvil en su casa. Al final, el club logró convencer a su familia para que la joyita no emigrara, pasó el boom y siguió su camino como un chico más, aunque su nombre ya había quedado grabado en la memoria popular. Casi cinco años después de aquel caso de "piratería", como lo catalogó JM Aguilar, ese chiquilín se transformó en un pibe espigado, de 1,83 metro, 73 kilos y el pelo corto. Por supuesto, a los 17, no le escapa a los problemas de la adolescencia, como lo demuestra la crema antiacné que lleva en la cara tras la práctica. Pero la noticia que acaba de recibir -su primera vez entre los concentrados de 1ª- tapa cualquier preocupación. "Estoy contento por todo, por la oportunidad que me dan y por estar compartiendo el vestuario con grandes jugadores. Ojalá me toque debutar. Jugar en la 1ª de River es mi sueño", dice el ya famoso Erik Lamela, de nuevo ante las cámaras...

Este Lamela es otro. Distinto al que todos conocieron y distinto también al que participó de la última pretemporada en Mendoza. El salto directo de la 7ª a la 1ª, sin pasar por Reserva, no fue fácil para Coco. Le costó físicamente y no quedó en el plantel de Gorosito sino que trabajó con Gustavo Zapata. Con él logró consolidar su cuerpo y empezó a marcar diferencias en los partidos preliminares porque, como afirman en Núñez, "cuando baja a su categoría le queda chica". "No estaba acostumbrado al ritmo que se juega y fue un cambio grande. Pero desde enero hasta ahora cambié y estoy más preparado", acepta este "10 con gol, de la escuela clásica de River", según lo definió Pipo.

Su corta y nutrida historia habla del baby, de su llegada a Núñez en el 2000, cuatro años antes de que Barcelona lo viera en un torneo en España y tentara a su familia con 120.000 euros anuales más otros 8.000 de Nike. River lo convenció con menos dinero más la beca escolar para él y sus dos hermanos, y cediéndole a su padre un 15% del pase. Así continuó en Infantiles hasta que en abril del 2006 debutó en 9ª, con el Keko Villalva a su lado. Fue campeón ese año y también en 8ª y 7ª, aunque recién en la última vuelta olímpica tuvo protagonismo. Antes alternaba pues su cuerpo seguía sin pegar el estirón. Lo dio en el 2008 y su nombre volvió a retumbar en el Monumental para recuperar el título de "gran promesa de las Inferiores". Trabajó en el gimnasio para fortalecerse muscularmente y también mentalmente: el club lo mandó a un centro de entrenamiento en reflejos y concentración. Y ahora Gorosito, con Buonanotte y Díaz en Toulon, lo ubica cerca del gran debut: "Me enteré al fijarme en la lista que habían pegado en el vestuario. La miré porque se decía que iba a estar".

Enganche por elección o volante izquierdo si hace falta, Lamela cuenta que trata de copiar a Messi y Cristiano Ronaldo, "pero no se puede ser como ellos", asegura que "no es raro" que la gente lo reconozca desde chico y confiesa que a veces piensa que podría estar en Barcelona, aunque asume que él tomó la decisión de quedarse. "Quiero jugar en River. El Keko me dijo que jugar con la cancha llena es algo que no te podés imaginar", agrega mientras su socio de la categoría 92 lo espera en el asiento de acompañante del auto de Galmarini. "Me llevo los millones de River", bromea el Pato y Erik sonríe. A los 17 años, aquella promesa es realidad. Creció y empieza a cumplir con lo que soñó cuando lo buscaba el Barsa: "Primero quiero jugar en River y en la Selección, y después en Europa".

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