Lagunas sin agua, paisajes alterados y ecosistema en estado de alert

La sequía y sus consecuencias

La cruenta sequía que se expande sobre los dos tercios de las tierras productivas de la provincia, convirtieron a las lagunas bonaerenses en un paisaje dramático y desolador. El río Salado, que supo ser maldecido por los productores debido a las inundaciones de los 80, hoy es, en algunos distritos, un hilo de agua, mientras que en otros, directamente se corta.

A la mortandad de peces que viene produciéndose sin descanso y en ascenso en el territorio (y que los especialistas estiman que se agravará), se suma la faltante de agua potable por el alto consumo en época de verano y la baja de las napas, y la propagación de incendios en pastizales, como consecuencia de la sequía.

La peor sequía registrada que devastó la provincia fue la del período 1824-1832, durante la cual se llegaron inclusive a secar los ríos Salado y Samborombón. Las precipitaciones del año pasado, entre un 40 y 60 por ciento menor a los valores normales, golpearon de lleno en el corazón acuífero del ecosistema bonaerense.

Actualmente, la mayoría de las lagunas tributarias del río Salado, como las de Lobos, Monte y Navarro, se encuentran con niveles muy bajos de agua. Al respecto, el director de Recursos Naturales del Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS), Manuel Ortale, explicó que “al disminuir el caudal de agua de ríos, arroyos y lagunas, aumenta la carga de materia orgánica, se concentran los nutrientes y disminuye el oxígeno disuelto disponible, condiciones propicias para la generación de floraciones algales y mortandades de peces”.

En este sentido, el responsable de la Estación Hidrobiológica de Chascomús, dependiente del ministerio de Asuntos Agrarios, Gustavo Berazain, contó que tanto en la laguna de Lobos como en las de Junín, donde hubo una fuerte mortandad de peces, a la proliferación de algas se sumó la mezcla de la poca agua con sedimentos, compuestos por elementos anóxidos (sin oxígeno), debido a fuertes vientos. Sin embargo, el licenciado le aclaró a DIB que “muchas veces lo que es una gran mortandad para el hombre no es tan significativa por la densidad de peces que hay en nuestras lagunas”. Ahora bien, alertó: “Si la sequía continúa, la situación puede ser alarmante”.

Un duro golpe

Las lagunas bonaerenses, caracterizadas entre otras cosas por su perfil en forma de palangana que determina una profundidad relativamente baja (oscila alrededor de los 1,50 ó 2 metros en condiciones normales), son muy vulnerables a una disminución pronunciada de su nivel/volumen de agua. Esto golpea duramente en la actividad turística, dado que muchos de estos reservorios son visitados por miles de turistas cada fin de semana.

“Nos encontramos con una situación inédita. La faltante de agua nos dejó una playa en la Laguna Gómez que nunca habíamos tenido. Hay zonas con 50 metros de playa”, contó a esta agencia el secretario de Turismo de Junín, Juan Pablo Mastrángelo.

En esta ciudad, durante diciembre se produjo la primera gran mortandad de carpas: en tan solo quince días, las autoridades sacaron no menos de 50 camiones con peces muertos. La situación se replicó hacia fin de año en Lobos, donde más de 20 toneladas de peces debieron ser retirados de la laguna. Pero esta semana se produjo la tercera mortandad en 45 días (de carpas, sabalitos y pejerreyes) y por lo tanto la pesca se limita a unas pocas carpas de costa.

“Esta laguna tiene una altura histórica de 1.6 metros. Hoy se encuentra aproximadamente en 1 metro de nivel de agua. El caudal del arroyo ‘Las Garzas’, principal tributario de la laguna, se encuentra interrumpido por desecamiento. Todo el sistema tributario del río Salado, y por ende, el Salado mismo, se encuentra comprometido por los escasos niveles de agua.”, aseguró el jefe del Departamento Conservación de Recursos del OPDS, Germán Larran.

El panorama no es muy diferente en Monte y Madariaga, ni tampoco en la laguna Indio Muerto de Saladillo. Allí, donde el paisaje se convirtió en un desierto, se encontraron en los últimos días decenas de caballos y vacas muertas. La tierra está totalmente resquebrajada, la laguna extremadamente baja y hay siete arroyos y ríos de la zona cercanos a ésta que se encuentran totalmente cortados con varios kilómetros secos, fundamentalmente por la creación de canales clandestinos.

Contaminación

A 25 km de Chacabuco, en cercanías de la ruta Nacional 7 se encuentra la Laguna de Rocha, formada por un ensanchamiento del Salado en tierras bajas que comparte ese partido con Bragado. En la actualidad, la sequía no tuvo piedad con los peces, pero a su vez, en ese sector el río tiene altos índices de contaminación.

“Como Junín no tiene sus plantas de tratamientos en condiciones, no se puede pescar en esta zona. El río tiene una alta contaminación y de agravarse la situación, la depresión de las napas complicará el suministro de agua a las ciudades en los próximos meses”, dijo a DIB el secretario de Medio Ambiente de Chacabuco, Rodolfo Bertinatto. Y un ejemplo pinta lo maltratado que está el río Salado: lo normal es que en esa localidad pasen unos 70 metros cúbicos por segundo, pero en la actualidad pasan 7 metros.

Unos 70 kilómetros rumbo sur, está Alberti, donde la bajante del río es “histórica”. “Hay zonas que hay solo charcos y en otras hasta se corta. No hay circulación de agua, algo que no pasaba de la década del 70”, contó Roberto Cristol, secretario de Obras Públicas local.

El último jueves, el gobernador Daniel Scioli recorrió parte de la cuenca del Salado. Primero, visitó el río a la altura de los balnearios de General Belgrano, donde el agua llegó a niveles tan bajos que ese cauce, que tiende al desborde, prácticamente puede ser cruzado a pie. Después, fue hasta la laguna de Ranchos, y vio repetida una postal de la descarnada sequía. Y finalmente aterrizó con el helicóptero en Chascomús. Tras reconocer que “esta vez el campo tiene razón en sus reclamos”, el mandatario hizo un pedido, que no dista para nada del que hacen cada día los pobladores de la provincia: "Hay que rogar a Dios para que pronto llegue la lluvia".

Costas extendidas

Dos lagunas emblemáticas en la provincia de Buenos Aires y con un fuerte respaldo turístico son la de Gómez, en Junín y la de Chascomús.

La primera es un espejo de agua con una superficie que varía entre las 4 mil y 5.500 hectáreas. Se encuentra en la cuenca del Salado, y el agua llega desde la Laguna Mar Chiquita y sigue hacia la Laguna El Carpincho, en ambos casos a través de la canalización del río Salado.

El secretario de Turismo local, Juan Pablo Mastrángelo reconoció que la bajante es un problema con el que se encontraron esta temporada y destacó que “la profundidad hoy es de 1,70 metros, cuando lo normal es de 2,40 metros”. El inconveniente más grave allí es que al estar el volumen de agua tan reducido, cualquier tormenta que venga con un poco de viento provoca la mortandad del pejerrey, aunque otras especies ya se vieron afectadas.

Por su parte, en Chascomús no hubo mortandad de peces, pero síi un cambio en la clásica fisonomía de la laguna, que estos momentos, tiene una profundidad promedio de 1,60 metros, cuando lo normal es que tenga unos dos metros. Si bien en las últimas horas llovió, la falta de agua es tan notoria que los contornos de la laguna retrocedieron y en su lugar se formaron inmensas "playas" de tierra.

Baja presión y fuego latente

Es común que con la llegada del verano falte el agua potable en muchos distritos. Sin embargo, estos últimos meses, los efectos de la sequía, agravaron la situación. Si bien desde ABSA aseguran que no deberían existir problemas en el servicio, lo cierto es que en ciudades como La Plata, Bahía Blanca, Chivilcoy y General Alvear, entre otras, la escasez dijo presente.

Para Manuel Ortale, director de Recursos Naturales del OPDS, el prolongado período de sequía produce también una depresión de napas y acuíferos subterráneos, debido a la falta de recarga de los mismos, por disminución del caudal de agua de los humedales superficiales. “Esto conlleva a una deficiencia en el funcionamiento de los mecanismos de extracción de agua por depresión del nivel en los pozos de captación”, dijo.

Así se registra escasez o carencia de agua en molinos y abrevaderos para provisión del ganado.

Asimismo, las actuales condiciones aumentan el riesgo de incendios de pastizales, bosques nativos y forestaciones, con impactos de diversa magnitud. De hecho, más de 10 mil hectáreas se vieron afectadas en los últimos quince días en incendios registrados en Balcarce, Mar del Plata, Necochea, 25 de Mayo, Tres Arroyos, Bolívar y Olavarría.

Si bien el número de incendios en el territorio se mantiene constante respecto de años anteriores, Marcelo Mosiejchuk, coordinador Regional de Buenos Aires y La Pampa del Plan Nacional de Manejo del Fuego, explicó que “en el sur bonaerense debido a la sequía se nota un incremento, sobre todo en la cantidad de hectáreas, por lo difícil que se hace apagarlos”.

Curiosidades en las alturas del Paraná:

La sequía de este año, y la escasa profundidad del río, no es algo usual pero tampoco una consecuencia de efectos que se puedan asignar estrictamente al calentamiento global o a la acción del hombre en la naturaleza.

Buscando en los archivos de Diario EL NORTE, encontramos las frecuencia de alturas del río Paraná entre 1904 y 1960, se realizaron un total de 20,812 observaciones utilizando la escala hidrométrica ubicada en el kilómetro 353, es decir frente a nuestras costas .Allí encontramos que hubo mínimas anuales que estuvieron por debajo del ¨0¨. Por ejemplo en 1906 (-0,31), en 1909 (-0,55)en 1910 (-0,50), en 1911 (-0,80).

A lo largo de estas mediciones, hubo también mínimas por debajo de cero en 1913,1914,1915,1916,1917, 1918, 1924,1925,1927,1928,1933,1934,1936,1937, etc.

El mayor registro ¨negativo¨ obtenido hasta 1960 fue de –1.20m, en 1944.

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