Lágrimas y rosas rojas en el interminable adiós a Sandro

Casi 40.000 personas despidieron al Gitano. Al cierre de esta edición, bajo la lluvia, había 13 cuadras de cola para entrar al Congreso de la Nación, donde estaban velándolo. El desfile fue constante durante todo el día, pese a los 35° de térmica.
Nuncia acaba de pisar el último cigarrillo que encenderá en su vida. Lo aplasta con el pie izquierdo, suelta una bocanada larga y se jura: "Ni un pucho más, que por la adicción se nos fue el Gitano". Entonces una lágrima le acalambra el rostro y con la mano temblorosa sostiene la foto y la rosa, una más que formará la montaña roja al pie del cajón del ídolo. La mujer caminará los quince metros que la separan de la calle hasta la capilla ardiente y cerca del cuerpo de Roberto susurrará: "Te voy a extrañar. Hasta siempre, mi amor".

Ayer, mientras en Buenos Aires se clavaba el sol durante el día y a la noche caía un diluvio, 40.000 personas despidieron a Sandro en el Salón de los Pasos Perdidos, según estimaciones de la seguridad del Congreso de la Nación. Hoy a las 14, escoltados por los Bomberos de Banfield sus restos serán sepultados en Gloriam, un cementerio privado de Longchamps.

Pese a los 35 grados de sensación térmica que hizo durante gran parte del día, "las nenas" no se rindieron. Tampoco los hombres y los jóvenes que dieron forma a las nueve cuadras de cola. Todos, nerviosos y emocionados, cumplieron con el ritual de la rosa roja para despedir al Rey de América.

Por las altas temperaturas, las puertas del salón se abrieron a las 13, una hora antes de lo previsto. A esa hora, la fila llegaba hasta la avenida Corrientes y en cada vereda se escuchaban las anécdotas que retratan a Sandro. "Su música, su sentimiento, su alegría, la pinta... no va a haber otro igual", afirma Mari Virgan, una admiradora.

Teresa, Cristina y Dora, vecinas del sur del conurbano, pasaron 20 horas sin dormir. Apenas se enteraron de la peor noticia pasaron por Banfield y de ahí, al Congreso. Fueron las primeras en llegar: "No queremos que esto se termine con el velatorio y el entierro. Mientras estemos vivas, cada 19 de agosto, para su cumpleaños, vamos a celebrar en la puerta de su casa".

Jacinta Eogavil Vega, de Perú, contó que la enamoraron sus canciones: "En mi país Sandro es un rey y lo seguirá siendo porque ya es una leyenda". Primero llegaron las coronas y después los famosos. De perfil bajo e ingresando por la misma puerta que los admiradores, políticos y artistas dieron el presente.

En el recinto donde descansarán hasta hoy los restos de Sandro, un hombre recibió cada una de las cartas, rosarios, posters y fotos que los fans le dejaron. La fila avanzó rápido y en silencio durante todo el día, y nadie pudo detenerse más de un segundo frente al cajón.

Cerca de las 18 apareció Olga Garaventa, la mujer que acompañó a Roberto Sánchez desde abril de 2005. Sentada en una silla junto al féretro, de vez en cuando levantaba la vista y agradecía con una sonrisa el gesto de los admiradores. Trascendió que antes, cuando abrieron el cajón, Olga le dio tres besos en la frente a su marido y pidió que "dejen entrar a la gente, que se muere de calor".

Después de las 20 comenzó el diluvio sobre la Ciudad. Sin embargo, la gente no se movía. Al cierre de esta edición había 13 cuadras de cola, y Olga pidió a los organizadores que el Congreso permaneciera abierto toda la noche, para que la gente pudiera despedirse del ídolo.

"Lo vi con paz en el rostro. Sandro fue un amigo entrañable. El dolor que queda es saber que con esta enfermedad, él ha sufrido muchísimo", aseguró el locutor y animador Cacho Fontana, luego de abandonar la capilla ardiente. Justo ahí, donde el perfume de las flores del día eleva la figura de Roberto Sánchez. Sandro, el hombre de Valentín Alsina, caballero, seductor y arrabalero, hecho mito.

Comentá la nota