De ladrón estable a ladrón errante

Por Roberto Cachanosky

En varias oportunidades he utilizado el ejemplo del fallecido economista Mancur Olson, en su libro Poder y Prosperidad, sobre la historia de los ladrones errantes y los ladrones estables. Cuenta Mancur Olson que un pueblo de China era constantemente sometido al saqueo de bandas de ladrones errantes. Los ladrones errantes son aquellos grupos de delincuentes que entran en el pueblo y, como no piensan quedarse a vivir en él, le roban a la población todo lo que tiene. Esa población vive en la mayor de la pobreza porque tiene pocos estímulos para producir y mejorar dado que saben que, en cualquier momento, aparecerá la banda de ladrones errantes a robar para luego irse a otro pueblo a seguir robando. ¿Para qué producir si todo el fruto del trabajo es robado sin piedad por los ladrones errantes?

Esto sucede hasta que un día aparece el ladrón estable, que es aquél que entra en el pueblo con su banda de delincuentes con el objetivo de quedarse a vivir allí. Ahora bien, el ladrón estable les ofrece a los habitantes defenderlos de los ladrones errantes a cambio de una parte de los bienes que producen. Es evidente que, en términos relativos, los habitantes de ese pueblo van a estar en mejores condiciones bajo la opresión del ladrón estable que sometidos a los constantes ataques de los ladrones errantes. El ladrón estable sabe que, para diferenciarse del ladrón errante, tiene que robar un poco menos que éste, porque si no el habitante del pueblo va a estar en un punto de indiferencia. Además, el ladrón estable tiene que darle algún estímulo al habitante del pueblo para que siga produciendo y le transfiera parte de sus bienes a él. Si el ladrón estable actuara de la misma forma que el ladrón errante, el habitante del pueblo no tendría estímulos para producir y no podría mantener al ladrón estable.

El ejemplo de Mancur Olson viene a cuento para analizar la situación fiscal y el comportamiento del gobierno que, en el ejemplo de Olson, quiere obtener los beneficios del ladrón estable comportándose como un ladrón errante; algo inconsistente desde el punto de vista económico.

¿Cuál es uno de los más graves problemas del Gobierno hoy? La crítica situación fiscal. En el primer semestre de este año tuvo un déficit, luego de pagar los intereses de la deuda pública, de1734 millones de pesos. Si bien son varias las causas que explican esta situación fiscal hay un dato relevante: mientras los ingresos totales aumentaron al 12% anual, los gastos totales subieron a una tasa del 31% anual. Para ser más gráficos, tomemos el ejemplo de una familia que gana $ 100 mensuales y gasta $ 70. Pero al mes siguiente le aumentan los ingresos a $ 110 y lleva los gastos a $ 100. Al tercer mes, los ingresos vuelven a subirle $ 10 llegando a $ 120 pero los gastos los eleva nuevamente a $ 130. En el primer mes tenía un superávit de 30 y en el tercer mes tuvo un déficit de $ 10. Este ejemplo, que es fácil de comprender para cualquier persona no especializada en economía, es trasladable al sector público. El Estado aumentó su gasto a un ritmo mayor al de los ingresos al entrar en recesión y en déficit fiscal, que sería mucho más grave si no hubiese recurrido a diferentes cajas de urgencia.

Frente a esta evolución fiscal, que viene de hace rato, el Gobierno intentó el año pasado, vía la resolución 125, apropiarse de una mayor renta de los productores agrícolas. Luego confiscó los ahorros en las AFJP y los flujos. Ahora estableció un "tarifazo" en el gas con un alto contenido impositivo (60% de la cuenta son impuestos), tomó utilidades del BCRA por diferencia de cambio; postergó el pago a proveedores del Estado; demoró los reintegros y devoluciones de IVA; se endeudó con el Banco Nación y otra serie de medidas por el estilo que, en muchos casos, afectan el derecho de propiedad. Esto ha llevado a la economía a un profundo proceso recesivo que lejos está de ser explicado por la crisis internacional ya que los precios de los bienes primarios y manufacturas de origen agropecuario siguen siendo altos luego del pico del 2008.

El Gobierno, con esta voracidad por dinero para financiar sus gastos corrientes consiguió que la producción agrícola bajara de 95 millones de toneladas a 60 millones. Si bien es cierto que hubo una seca, también es cierto que las políticas adoptadas desincentivaron el uso de agroquímicos bajando aún más los rendimientos y también destruyó la ganadería y la lechería con sus medidas regulatorias.

Al ver el comportamiento que viene teniendo el Gobierno es claro que frente a los crecientes problemas fiscales busca nuevas fuentes para obtener fondos, lo que ha llevado a una fuga de capitales de U$S 43.000 millones desde el tercer trimestre de 2007 hasta el segundo de este año. Así, dejó sin ahorro al mercado interno para financiar inversiones y consumo.

Un solo dato nos muestra el comportamiento fiscal del Gobierno. En el primer semestre de este año los ingresos corrientes del sector público se incrementaron en $ 12.616 millones. De ese monto, sólo el 8,9% se explica por mayor recaudación de impuestos. El 89% proviene de incrementos en el sistema previsional. Dinero que antes ahorrábamos en las AFJP y ahora se los queda el Estado para financiar gastos corrientes. Este solo dato refleja cómo agoniza la economía ante el avance del Estado sobre la propiedad privada y la falta de reglas de juego de largo plazo. La única regla que parece imperar es la de buscar nuevos sectores para que el Estado pueda financiar su descontrolado gasto público. Por lo tanto, se fugan capitales y se ahoga la actividad económica. Así, quedan menos recursos para transferirle al Estado.

Es decir, al igual que en el caso del pueblo de la China de Mancur Olson que citaba al comienzo, el Gobierno quiere tener los beneficios de un ladrón estable comportándose como el ladrón errante, y eso es inconsistente porque la gente no tiene estímulos para producir. Fiscalmente, el Gobierno mutó de ladrón estable a ladrón errante. Ahora bien, si no hay estímulos para producir, no se genera riqueza que produzca ingresos impositivos y la caja tenderá a agonizar cada vez más.

La inconsistencia de las políticas del Gobierno es lo que lleva, justamente, a una crisis fiscal cada vez más aguda. Por eso, no tiene que preguntar de dónde sacará los fondos si bajan las retenciones a la soja. Lo que tiene que preguntarse es cómo hacer para que la gente vuelva a producir y a tener confianza.

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