Las lácteas rematan plantas, rompen acuerdos y se achican

SanCor analiza terminar su alianza con Fonterra y Nestlé. Se vende Parmalat.
La industria láctea local sigue padeciendo el síndrome de los números rojos: mientras más pierde, se profundiza la necesidad de achicar líneas de producción o bajar los costos. Mastellone ya contrató a Merrill Lynch para que la auxilie en la reestructuración de su deuda. SanCor analiza las formas de cortar las pérdidas originadas en su negocio de yogures, en el que está asociada con DPA (un joint-venture entre la suiza Nestlé y Fonterra, de Nueva Zelanda). Y, antes de ayer, la Justicia publicó el remate de la planta de Parmalat en Chascomús, junto con la emblemática marca de dulce de leche Gándara. Ambos estaban en manos del controvertido empresario Sergio Taselli, que dejó la Compañía Láctea del Sur con una deuda de $ 230 millones.

De todas formas, el negocio de la leche parece ser mejor para algunos jugadores chicos con ganas de crecer. La Lácteo (que comparten la canadiense Agropur y el fondo AdecoAgro) hasta trató de adquirir Innovatech (que estaba en manos holandesas) a comienzos de año. La operación finalmente se la quedó La Sibila, de la familia rosarina Boglione, que quiere pegar el salto. De todas formas, La Lácteo no se quedó con las ganas y está duplicando la capacidad en sus dos plantas cordobesas. Entre ellas podría estar el candidato para los $ 5 millones que se necesitan para Gándara y sus marcas como Sandy y Saavedra.

Desde hace cinco años, SanCor se asoció con DPA, un joint-venture entre Nestlé y Fonterra. Se juntaron para darle batalla al gigante francés Danone, que domina el mercado de yogures, postres y quesos untables, con más del 65% del mercado. Danone tiene el uso de las marcas que eran de La Serenísima en estas categoría.

Pero esta unión de SanCor "ha incurrido en pérdidas significativas desde el inicio de sus operaciones, las que han generado capital de trabajo y cuentas de los participantes negativos", señaló SanCor en sus estados contables anuales, con pérdidas por $ 111 millones, sobre una facturación de $ 2.500 millones. "Debido a esta situación, estamos analizando la manera en la que continuarán desarrollando las actividades actuales, aunque no puede preverse a la fecha cuál será el resultado final de los análisis y negociaciones en curso entre los participantes", señalaron en la cooperativa. La línea factura $ 328 millones y pierde $ 10 millones.

Mastellone, el otro grande del sector que este año estuvo explorando la posibilidad de vender, busca encarar la reestructuración de pasivos por US$ 230 millones Su última pérdida fue de $ 265 millones.

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