Gas lacrimógeno después del sermón

La policía disparó gases lacrimógenos a decenas de miles de opositores al gobierno que gritaban "Libertad, libertad" y "Ahmadinejad, renuncia, renuncia", mientras se escuchaba el sermón de Rafsanjani en la sala de oración.
La crisis política por las disputadas elecciones de Irán recrudeció una vez más mientras el poderoso clérigo Akbar Hashemi Rafsanjani pronunció un sermón criticando la represión de los manifestantes que afirmaban que la elección estaba arreglada. La policía disparó gases lacrimógenos a decenas de miles de opositores al gobierno que gritaban "Libertad, libertad" y "Ahmadinejad, renuncia, renuncia", mientras se escuchaba el sermón en la sala de oración de la Universidad de Teherán.

Sentado en primera fila estaba Mir Hossein Musavi, el derrotado candidato presidencial de la oposición, en su primera aparición pública desde el voto de junio. El tercer candidato, Mehdi Karroubi, también asistió a las oraciones del viernes, pero fue atacado por hombres de civil que le arrancaron su turbante. "Espero que este sermón pueda pasar este período de dificultades que se llama crisis", dijo Rafsanjani, conduciendo las oraciones por primera vez desde la elección. "Se ha establecido la duda sobre los resultados de la elección. Hay una gran cantidad de gente sabia que dice que tiene dudas. Debemos tomar acción para remover esta duda."

Sus palabras eran una clara señal de que el liderazgo iraní todavía está dividido por lo que sucedió después de la elección del 12 de junio. La crítica por parte del ex presidente e influyente clérigo, particularmente la designación de una "crisis", hará que sea muy difícil para las autoridades acallar toda forma de disenso.

El sermón puede marcar la unión de un bloque poderoso que se opone al reelecto presidente Mahmud Ahmadinejad y por la implicación del líder supremo, el ayatolá Ali Jamenei. Rafsanjani no los desafió directamente, pero sus palabras pueden socavar la ofensiva sobre los manifestantes, que han sido llamados los enemigos del Estado, incitados y apoyados por las potencias extranjeras como Estados Unidos y Gran Bretaña. Aun durante las oraciones, una importante activista de los derechos humanos, Shadi Sadr, fue golpeada por los milicianos que la metieron en un auto y la sacaron de ahí.

"No es necesario que tengamos un montón de gente en la cárcel. Deberíamos permitirles regresar junto a sus familias", dijo Rafsanjani. "No es necesario que presionemos a los medios. Deberíamos permitirles trabajar libremente dentro de la ley." Nuevamente la autoridad de Rafsanjani dentro de la elite política iraní hará que sea más difícil demonizar a los opositores de Ahmadinejad. También habló de la separación dentro del clero y que aquellos más reverenciados, el Marajé’e-taghlid, o fuentes de emulación no habían apoyado al presidente reelecto.

Un tema principal del discurso fue el llamado a la unidad y en ningún momento criticó al ayatolá Ali Jamenei, su rival de larga data, que apoyó totalmente el resultado de la elección y denunció a aquellos que decían que la votación estuvo arreglada. Pero el sermón es aún un desafío poderoso al líder supremo, desde que criticó todo lo que hizo durante las últimas seis semanas.

El sermón normalmente hubiera sido emitido por la televisión estatal desde ese ámbito, que tiene cámaras permanentemente en posición en la universidad. Pero ayer, los iraníes sólo podían escucharlo por la radio. Muchos de los que asistieron al sermón del viernes tenían bandas verdes alrededor de sus cabezas o brazos, el color de los partidarios de Musavi en la elección. Otros usaban pañuelos sobre sus rostros afuera de la sala, mientras peleaban con la policía. Por lo menos quince personas fueron arrestadas según los testigos.

Aunque las palabras de Rafsanjani fueron moderadas, la multitud estaba más beligerante, gritando "Muerte al dictador", así como "Muerte a Rusia" y "Muerte a China", ya que ambos países reconocieron el resultado de la elección presidencial. Hasta el sermón de ayer, el gobierno parecía haber retomado terreno, ya que las protestas callejeras se estaban apagando. Pero la crisis retomará su ímpetu, puesto que resulta evidente que los opositores de Ahmadinejad incluyen a gran parte del establishment clerical.

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