Labolita: cerca de la justicia.

El joven militante era amigo de Cristina y Néstor Kirchner. Acaban de pedir reclusión perpetua para un general y un coronel. El Estado, querellante.
Justicia. Desde el día que se llevaron a su marido, hace 33 años, Gladis D’Alessandro espera que los responsables de la desaparición de Carlos Labolita estén tras las rejas. Hoy está más cerca. La querella acaba de pedir reclusión perpetua para el general retirado Pedro Mansilla y el coronel Alejandro Duret, los únicos dos represores que están siendo juzgados por el secuestro, las torturas y la desaparición de este joven de Azul, que fue amigo y compañero de militancia de Néstor Kirchner y su esposa, la presidenta Cristina Fernández. La pareja fue de los últimos que vieron con vida a "Carlitos", como lo recuerda Gladis.

Labolita fue detenido el 25 de abril de 1976 en su casa paterna de Las Flores y fue trasladado al Regimiento de Azul, a cargo del entonces teniente coronel Mansilla. El jefe de Inteligencia de esa jurisdicción militar era Duret, quien al momento de ser detenido en 2006 aún se hallaba en actividad.

Gladis vio por última vez a su marido el 1 de mayo de ese año, cuando una patota lo llevó a su casa en busca de una libreta de direcciones que no existía. "Hace cinco días que me tienen en la parrilla", llegó a decirle Carlos a su mujer. "Estaba encapuchado, descalzo, esposado a la espalda y con terribles signos de haber sido torturado", recordó Gladis cuando brindó testimonio ante el tribunal oral en Mar del Plata que en pocos días dictará sentencia.

–¿Cómo vive este juicio?

–Estamos esperando que se resuelva como corresponde. Después de esperar tantos años, exigimos que estos represores vayan a donde tienen que ir, a cárcel común y efectiva; y que desaparezca el beneficio de la domiciliaria.

–¿Cómo es tener a Mansilla y a Duret a un metro de distancia?

–Es una forma de decir acá están. Pero verles las caras a los que desaparecieron a nuestros familiares, tenerlos enfrente y tratando de defenderse de lo indefendible es terrible. Ponen cara de viejos buenos, pero lo que pasó demuestra otra cosa. Treinta mil desaparecidos, alguien lo hizo.

–¿Cree que debería haber más represores sentados en el banquillo de los acusados?

–Sí. Por ahí pasaron policías y militares que son responsables desde el primero hasta el último. Están en el juicio las dos caras visibles, el jefe del Regimiento y el que estaba a cargo de la represión en Las Flores. El resto de la patota funcionó en las sombras, no sabemos exactamente quiénes son. Nosotros no tuvimos la posibilidad que ellos están teniendo hoy, que los juzguen a cara descubierta.

–¿Qué significa que el Estado, a través de la Secretaría de Derechos Humanos bonaerense, sea querellante en el juicio?

–Es importante. Creo que el Estado debe hacerse cargo de lo que ocurrió, de su responsabilidad en el terrorismo de Estado. Presentarse como querellante es una manera de hacerse cargo.

–Usted fue amiga de Néstor y Cristina Kirchner. ¿Qué piensa de sus políticas de derechos humanos?

–A pesar de la lentitud y de que tendría que haber más juzgados, vamos a llegar a que todos los represores estén presos si la sociedad toda se compromete a que sin verdad y sin justicia no podemos seguir adelante. El de mi marido es sólo un caso de los miles de desaparecidos. Yo creo que deberían juntarse todos los casos y hacer los juicios por zona o por centros clandestinos. En Las Flores tuvimos un centro y sus responsables deberían ser juzgados por todos los secuestrados y torturados que pasaron por allí.

–La querella pidió que los Kirchner sean testigos de este juicio pero el tribunal lo rechazó. ¿Qué podrían aportar al proceso?

–Entre las últimas personas con las que nosotros estuvimos antes de que se llevaran a Carlitos fue con Cristina y Néstor porque manteníamos una relación personal. Por eso se pidió que testimonien en el juicio. Éramos muy amigos. Néstor fue uno de los últimos que vieron con vida a Carlitos.

–¿Siente que llegó la justicia?

–Es difícil explicar lo que siento... Justicia completa sería saber dónde está Carlitos. Ningún castigo nos va a conformar por lo terrible que nos pasó. Nos destrozaron. Yo hasta hoy trato de salir adelante todos los días. Porque nos castigó la dictadura, pero también la democracia con las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Recién hace 4 años pudimos retomar este juicio y llegar hasta aquí.

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