Kosacoff:

El 2009 viene cargado de incertidumbre. Atrás quedaron los pronósticos optimistas sobre la economía nacional. La crisis internacional modificó el escenario global y la Argentina enfrenta un año en donde los indicadores económicos no se presentan tan favorables como en los últimos años.
El director en Argentina de la Comisión Económica para América latina y el Caribe (Cepal), Bernardo Kosacoff, estimó que aunque "no estamos en un proceso de crisis y de implosión, sino en un momento en el que se necesita una reingeniería de la política económica para la recuperación de la confianza, que es fundamental y es el elemento que más está perturbado".

El economista propone que las medidas a tomar apunten a que "la gente no piense en proteger su patrimonio dolarizando sus portafolios sino que haya una capacidad de creer que la Argentina tiene un camino por recorrer, que será menos acelerado que lo que tuvimos en el pasado pero que podamos manejarlo sin un fenómeno de crisis más profunda".

Ante la pregunta sobre cuál será el crecimiento económico de 2009, Kosacoff se remontó a "las primeras previsiones del gobierno que ronda el 4 por ciento y la gente de la profesión tira entre el 0 y 1 por ciento", pero dejó en claro que si bien es un tema preocupante, al mismo tiempo si se dan las políticas adecuadas la Argentina estaría en condiciones de recuperarse.

—La economía vivió su primer cimbronazo del año con el conflicto del campo y en los últimos meses le tocó enfrentar el coletazo de la crisis internacional. ¿Cuál es el balance de 2008?

—Fue un año muy particular, con facetas muy distintas. A principio de año aparecía como que la Argentina tenía una oportunidad espectacular, pocas veces coincidió una macroeconomía consistente, una microeconomía saneada, recuperada y con cinco años de muy buenos negocios y un contexto internacional favorable; y en particular con un crecimiento muy bueno de aquellos productos que nosotros teníamos la capacidad de producir y ser líderes en el mundo. Esto se generó como para pensar que la Argentina podría sentar las bases para superar nuestra principal dificultad, nuestro comportamiento cíclico. Somos el país más volátil del mundo, en los últimos 34 años tuvimos 14 crisis, es una característica que nos distingue y no es lo mejor y por eso sabemos lo que es una crisis. El resultado final de estas crisis es que somos un país también estancado, en 34 años el producto bruto por habitante creció a menos del 1 por ciento por año y simultáneamente estas volatilidades e incertidumbres nos ha convertido en el laboratorio más vergonzoso de regresión social. Esto es porque en los momentos de auge no se dieron los derrames que se esperaban y las crisis siempre se resolvieron con políticas ortodoxas, heterodoxas, keynesianas, o por quienes se les ocurra, pero el elemento que todas tienen en común es que fueron financiadas por los sectores más humildes y es una fuerte pérdida de capital social y de riqueza y de distribución del ingreso. Lamentablemente no supimos administrar esa oportunidad y en el medio apareció el conflicto del campo, que generó una pérdida de haber encontrado un ejercicio colectivo, compartido, en donde todo el conjunto de la sociedad pudo haber tenido beneficios y haber discutido pautas de distributivas que sean progresivas. Ahora estamos en una coyuntura muy distinta, vino el impacto de la crisis internacional.

—La caída del precio de los commodities modificó el escenario ¿se llegó al piso o aún resta una baja mayor?

—La caída de los precios de los commodities nos toca por dos causas. Una estructural, asociada a que hay más gente que demanda alimentos y proteínas como China e India, esto es algo que se mantiene, pero por otro lado se desinfló todo el fenómeno especulativo y de reserva de valor. Tengo la impresión de que estamos cerca de un precio que se mantendrá en equilibrio en el mediano plazo, no tendremos los valores de cuando discutíamos la 125, pero creo que tenemos un buen precio de la soja de acá en adelante. Esto también requerirá de políticas adecuadas y de esfuerzos para aprovechar esta condición de ser los mejores productores de soja del mundo.

—¿Qué otros efectos se evidencian en la Argentina?

—El otro efecto sobre el sector real está asociado a las dificultades de acceso a los mercados, de mayor competencia con otros países y la situación de que nuestros vecinos cayeron en una desaceleración de la demanda simultáneamente con una apreciación de la moneda que los hace más competitivos. En el área Latinoamericana tenemos a Chile, Brasil, México, con lo cual vamos a tener un contexto internacional mucho más duro del que teníamos.

—¿El contexto internacional impulsará al país a realizar una devaluación?

—La demanda de divisas es mucho mayor que la que había anteriormente y el equilibrio de la paridad cambiaria no sólo se compone por las relaciones comerciales sino de un elemento que es el más complicado en la Argentina y es que crecieron las expectativas negativas. Esto generó una preferencia por la dolarización de los portafolios, en los últimos cinco trimestre en la Argentina salieron más de 25 mil millones de dólares y para comprar esos dólares se usan los saldos comerciales, partes de las reservas y depósitos, y por eso hay caída de los depósitos. Para poder mantenerlo y buscar ese equilibro se genera algo totalmente ajeno a la política keynesiana, que es una suba de la tasa de interés que a mediados de noviembre llegó a su máxima expresión, y eso es incompatible con el desarrollo de la base de los negocios. A nivel doméstico, con una mejora del tipo de cambio el principal beneficiario sería el sector público porque sus cuentas mejoran notablemente porque tiene parte de sus bonos en pesos, impuestos que puede cobrar más vía exportación y los salarios del sector público. Al mismo tiempo, por este fenómeno de apreciación de la moneda hay reclamo de muchos sectores. ¿Cuáles son los inconvenientes de apreciar el tipo de cambio? Todos los conocemos, esto se pasará a la inflación, aunque como hay una desaceleración económica su efecto será menor, pero al mismo tiempo aparecerá la discusión de salarios y también que la gente vería que el dólar sube y sino hay un incentivo de seguridad para mayor atesoramiento de dólar se produce una corrida por expectativas. El manejo del tipo de cambio tiene que ver con toda la consistencia y la ganancia de credibilidad que es el punto esencial que hay que tener en Argentina. Antes tuvimos una oportunidad que no supimos administrarla, hoy tememos un fenómeno de desaceleración con evidencias muy claras.

—¿Las medidas del gobierno para contener la crisis son las correctas?

—Falta el elemento central, que haya tasas de interés bajas. Pero para que eso pase los agentes económicos no deben estar pensando en dolarizar sus portafolios y este es el ejercicio que se debe hacer. Acciones como para aumentar gasto público, transparente, de buena calidad y con efectos distributivos para que llegue a los sectores más humildes es adecuado. Acciones para proteger el empleo también y para fomentar la producción y estas son las acciones que están haciendo los EEUU, China, Brasil, Chile. El dilema de la Argentina es generar el mecanismo de financiamiento para que esto de credibilidad y que se vea que la economía puede encontrar un sendero de sustentabilidad en el largo plazo.

—Hasta mediados de año la inflación era la principal preocupación de los argentinos, pero luego quedó relegada por otros temas. ¿Qué pasará el año que viene, cuáles son las expectativas inflacionarias?

—Nos encontramos con buenas noticias por las malas noticias, hoy se desaceleró la inflación. Hace unos meses era el tema central, hacía perder el poder adquisitivo de los salarios, hacía perder contratos, atrasaba la inversión. Pero hoy por la desaceleración de la economía la inflación se desaceleró y las proyecciones para el año que viene muestra porcentajes preocupantes pero manejables en el orden del 12 y 15 por ciento.

—¿Cuál es el horizonte económico para 2009?

—El desafío actual es que podamos administrar con buenas políticas públicas y con un ejercicio colectivo que nos involucra a toda la sociedad el fenómeno de desaceleración y que no se convierta, en un país borracho de crisis, en una crisis más profunda y en una implosión. Los países cuando hablan de crisis en lugar de crecer al 3 por ciento lo hacen al 1,8 por ciento, nosotros de 8 por ciento hay gente que espera el menos 8 por ciento. Esto es lo que hay que tratar de manejar y la Argentina tiene margen técnico para manejar esta desaceleración a partir de un contexto económico consistente. Aunque evidentemente se erosionaron las cuentas fiscales y las cuentas externas siguen siendo sólidas y tenemos una microeconomía que está sana porque hoy las empresas no tienen deuda, la cadena de pago no está rota, el nivel de actividad se desaceleró pero sigue siendo bueno como a principio del año pasado que era importante.

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