El kirchnerismo tiene planes ante un eventual revés electoral.

La mayoría de las encuestas indica que se impondría en la Provincia. Aun así, contemplan distintas hipótesis frente a la posibilidad de un resultado adverso. Se habla de un profundo cambio en el Gabinete. Y hasta de anticipar las presidenciales.
Mientras se alista para jugarse el resto en las últimas dos semanas de una campaña electoral con olor a definitiva, en el Gobierno hay expectativa y tensión respecto al día después de las elecciones.

Desde un amplio cambio de ministros y enroque de gobernadores, hasta elecciones presidenciales anticipadas. Todas son posibilidades que se analizan en el laboratorio de Olivos y recorren los pasillos de la Casa Rosada.

Es que el cambio de tono, el esfuerzo por mostrar rostros sonrientes y músculos relajados está a la vista, pero la apuesta nunca perdió el dramatismo del "a todo o nada", como la define uno de los funcionarios que pasa más tiempo junto a Néstor Kirchner.

Y a esta altura, la suerte está echada en casi todo el país. El kirchnerismo tiene en claro su derrota en Capital, Santa Fe y Córdoba. Y que las victorias del PJ en buena parte del país serán éxitos vicarios, atribuibles más a la popularidad de los caudillos locales que a las simpatías por el Gobierno nacional.

Por eso, la única apuesta propia es la bonaerense. Y sabe que una derrota allí, sería dolorosa.

Allá por marzo, cuando Cristina Kirchner anunció el adelanto de las elecciones, un ministro confió sin remilgos: "Así es Kirchner. Si ganamos, salimos fortalecidos. Si perdemos, nos vamos". En esos días, el diputado Emilio Pérsico hizo público ese pensamiento y fue reconvenido por expresar ante un micrófono lo que sólo se conversa en privado.

Ahora que el Gobierno jugó a Kirchner, Scioli y decenas de intendentes y, aún así, algunas encuestas vuelven a insinuar que la derrota es posible, retornan algunos fantasmas.

Casi nadie, y menos en el oficialismo, imagina a los Kirchner gobernando en la debilidad. Sin asomarse a esa barranca abajo del poder, una victoria de Kirchner por pocos puntos, hoy un escenario probable, tampoco dejaría un camino sencillo hacia 2011.

Habrá una inevitable debilidad parlamentaria del oficialismo y una serie de caciques del PJ reclamando mayores cuotas de poder.

Se vendrán cambios de gabinete. Comenzando por la salida anunciada de Graciela Ocaña, que Hugo Moyano vivirá como un triunfo. El camionero ya presiona para tener voto y veto en el nombre del nuevo ministro que controlará los fondos de las obras sociales.

¿Será el ascendente Amado Boudou, quien ya maneja desde la ANSeS la principal fuente de dinero fresco del Gobierno, quien se haga cargo de la cartera económica en lugar del fantasmal Carlos Fernández?

Hay quienes dicen que Sergio Massa, que llegó a su cargo en medio de la crisis más profunda tras la derrota de la retenciones móviles, se daría por satisfecho con su año de trabajo y el aporte a una victoria, siquiera corta, y volvería gustoso a la intendencia de Tigre, donde goza de licencia.

Tampoco Daniel Scioli saldría indemne de un escenario semejante. Kirchner, como ya lo hizo tantas veces, podría pedirle al gobernador otra tarea inesperada: asumir su banca de diputado. ¿Para dejarle la provincia a Alberto Balestrini? No. Kirchner podría buscar la gobernación bonaerense para él. ¿En qué oportunidad? Es una de las cartas más escondidas del oficialismo: convocar a elecciones generales anticipadas. Ya tienen fecha: el 10 de marzo. Pondrían en juego la Presidencia. Pero Kirchner apostaría en esa jugada por Buenos Aires, como último refugio de poder. Algo que nunca entregó desde que comenzó su carrera política hace más de dos décadas.

Comentá la nota