El kirchnerismo quiere bajarle el tono a la pelea con empresarios.

Randazzo niega "animosidad" y admite que las quejas se deben al "proceso electoral".
El gobierno de Cristina Kirchner buscó ayer bajar el tono a la pelea con el sector privado. El ministro del Interior, Florencio Randazzo, dijo que los cuestionamientos de los industriales obedecen "al proceso electoral" y sostuvo que la Casa Rosada no tiene "ninguna animosidad contra los empresarios".

El ministro lo dijo luego de que el ex presidente Néstor Kirchner, jefe político de Randazzo, atacó con dureza al grupo Techint, al que acusó de distribuir dividendos por 6 millones de pesos y no pagarles a los trabajadores $ 27 millones.

La rotunda desmentida de Techint, que negó haber repartido ganancias, y que aseguró que sólo estaba en una negociación con los trabajadores, hizo retroceder al Gobierno, que prefirió no levantar la apuesta.

El conflicto comenzó cuando el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, estatizó tres empresas de Techint y todo el arco empresarial reaccionó por la tibieza del Gobierno ante el líder bolivariano. Ello generó temores en los empresarios por posibles medidas estatizadoras que podría tomar Kirchner luego de las elecciones. Consultado por FM Milenium , Randazzo aseguró: "No tiene ningún fundamento". Y agregó: "Esto está enmarcado dentro del proceso electoral que vive la Argentina".

En la cartera política aseguraron que el Gobierno quiere transmitir que "nunca hubo animadversión hacia los empresarios" y que "no hay ahora un cambio de actitud" y que Kirchner criticó a Techint "porque era lo que pensaba". El Gobierno sostiene que no apoyó las estatizaciones de Chávez, pero que fueron una "decisión soberana" y que reclamará un precio justo para la indemnización.

"En los últimos seis años se crearon en la Argentina 23.000 empresas por año, se aplicó un dólar competitivo y favorecemos al sector industrial. Es absurdo que estemos en contra de las empresas", dijo a LA NACION un allegado a Randazzo.

Los puestos de trabajo

En el Gobierno aseguran que esto no significa que al mismo tiempo el jefe del PJ deje de defender los puestos de trabajo. "Es preferible que los empresarios pierdan un pesito más a que destruyan un puesto de trabajo", advierte Kirchner en cada acto de campaña.

Precisamente, las elecciones están en el centro de esas políticas, más allá de la crisis global. El ministro de Trabajo, Carlos Tomada, distribuyó 70.000 seguros de $600 para que las empresas no despidan personal y apoyó a su par bonaerense, Oscar Cuartango, para que firmara en la provincia convenios con empresarios para asegurar 100.000 empleos en riesgo por la crisis.

Pero la preocupación empresarial pasa por otro lado. Se teme que la caída de la actividad y de los ingresos lleve a Kirchner a tomar medidas duras tras las elecciones para asegurarse recursos. Y por ello temen -aún tras las aclaraciones de Randazzo- que ingrese en una fase estatizadora. De allí que el Gobierno intentó enviar una señal de fortaleza económica anteayer cuando ofreció el pago adelantado del vencimiento de agosto del Boden 2012 por unos US$ 2250 millones. Ante las críticas empresariales, Kirchner decidió mostrar que usará todos los resortes del poder. Pero Randazzo puso ayer paños fríos.

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