El kirchnerismo porteño juega a dos puntas para evitar una derrota cantada.

Frente a la imposibilidad de instalar un candidato que pueda aspirar a la gran pelea electoral en los comicios porteños, el kirchnerismo apuesta ahora en la Capital Federal a la fragmentación como estrategia electoral. La idea es jugar con dos o tres candidatos de impacto limitado para colectar votos en distintos sectores sociales. En consecuencia, no habrá un único candidato con la marca K, sino varios postulantes filokirchneristas.
El más firme es el banquero Carlos Heller, habilitado provisoriamente por el ex presidente Néstor Kirchner después de fracasar en sus esfuerzos por convencer a Daniel Filmus. El ex vicepresidente de Boca Juniors está haciendo una fuerte inversión publicitaria y ya está instalado, una ventaja por sobre el resto de los posibles aspirantes.

Otra posibilidad que se analiza en estos días es reflotar el nombre de Rafael Bielsa, a pesar de que el ex canciller confirmó en una entrevista con PERFIL que no iba a ser candidato.

En la Casa de Gobierno confían en convencerlo con un pedido especial de Kirchner. Sin embargo, ayer a última hora, un sector del peronismo porteño, ligado al jefe del PJ, dio cuenta de las dificultades por revertir la decisión de Bielsa –de gira por Trinidad y Tobago– y se volcaba abiertamente hacia el director ejecutivo de la ANSES, Amado Boudou.

Según un relevamiento de 900 casos encargado desde Olivos, Boudou posee un alto nivel de desconocimiento pero tiene "altas probalidades de crecer" hasta los comicios. "Si Amado acepta, el peronismo podría converger ahí porque no tiene un candidato firme", reflexiona un funcionario de rango superior que no digiere la postulación de Heller.

El análisis de los operadores electorales es que el ex presidente tiene un fuerte rechazo entre los porteños, sin embargo, ostenta un piso cercano al 20 por ciento de aceptación.

"Es suficiente", se envalentona un legislador kirchnerista.

El fin de semana próximo se oficializará la postulación de Jorge Telerman. Aunque está auspiciado por el jefe de los porteros, Víctor Santa María, un referente del peronismo porteño, en la Casa Rosada no visualizan al ex jefe de Gobierno como un candidato propio. "Ya dio muchas señales de diferenciación como para que lo podamos contar como propio", señaló un funcionario que se dedica a cuestiones electorales.

Lo mismo ocurre con el ex jefe de Gobierno y actual legislador Aníbal Ibarra, quien era auspiciado por un Alberto Fernández cada vez más alejado del fogón K, tanto que amagó con renunciar a la titularidad del peronismo porteño y ahora se retractó.

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