Los Kirchner, la zanahoria y el palo

Por: Eduardo van der Kooy

¿Giro en el Gobierno o anuncios para salir del apuro? Esa duda quedó planteada después de la renovación en el Gabinete. También, de la convocatoria de Cristina al diálogo y a una reforma política. La oposición atiende pero desconfía. El PJ pretende más modificaciones.

Dos semanas después de la derrota del Gobierno la nación política parece vivir embrollada entre las realidades y las apariencias. ¿Han aceptado los Kirchner esa derrota o todavía se resisten? ¿Han tomado el sendero de un cambio o trazado sólo un espejismo? ¿Pretenden en serio dialogar o se trata de un artificio para ganar tiempo y rehacerse de la conmoción padecida?Veamos la impresión promedio de aquellos que desde aquel fatídico domingo han tenido ocasión de dialogar con Néstor y Cristina Kirchner. Mencionan la serenidad de ambos aunque también una templanza mayor de la Presidenta. Señalan una permeabilidad de Cristina sobre la necesidad de modificaciones menos perceptible en su esposo. Descubren a un Kirchner disparando decisiones o aprontes ligados en demasía al resultado electoral. "Piensa en el día a día. No le escuché ninguna referencia estratégica o de mediano plazo", aseguró uno de esos interlocutores. Enseguida corrigió: "Está obsesionado por la subsistencia política. No por mucho más."

Bajo ese cristal deberían analizarse, tal vez, el manojo de novedades ocurridas la semana pasada. Las variantes en el Gabinete –más rotaciones que cambios auténticos– tendrían relación con aquella subsistencia. ¿Por qué razón? Kirchner se habría garantizado, sobre todo, el control del circuito económico y financiero del Gobierno. Una herramienta que fue clave en su escalada de poder aunque también insuficiente a la hora de las urnas. Una herramienta necesaria cuando el peronismo ha entrado en una diáspora y un tiempo de incertidumbre.La designación de Amado Boudou en Economía tiene ese sentido. El ministro es uno de los nuevos hijos dilectos del ex presidente: certificó el parentezco cuando en apenas 90 días viró su defensa del sistema mixto jubilatorio por la proclama de la reestatización. Boudou tendrá, con seguridad, un perfil mucho más alto que el de su antecesor, Carlos Fernández. Pero no dispondrá de ningún libreto que no conozca Kirchner.

Otras de las piezas nuevas del esquema es Diego Bossio. Estará a cargo de la ANSeS, convertida en la usina de financiamiento del Gobierno. Bossio parece ofrecer, en ese aspecto, seguridades similares a Boudou. El otro engranaje de la maquinaria viene de antes: Ricardo Echegaray ocupa la AFIP, pero supervisa los movimientos de su antigua oficina, la ONCAA. Allí se levanta uno de los teatros cotidianos de la puja con el campo.Ese sistema posee el soporte de Julio De Vido, el ministro de Planificación, y Guillermo Moreno, el secretario de Comercio. Moreno es ahora el mayor dilema político que enfrentan los Kirchner. No sólo por el problema de la inflación y las cifras increíbles del INDEC. El secretario parece carecer, a esta altura, de cualquier respaldo oficial que excluya a la Presidenta y al ex presidente. No hay gobernador peronista que lo defienda ni legislador que se anime a esbozar una palabra en su defensa. Tampoco ministros: Boudou, De Vido y Aníbal Fernández, el nuevo jefe de Gabinete, preferirían que se fuera.

El peronismo está ahora convertido en un remolino. Kirchner no ha hecho nada para apaciguarlo desde que ocurrió la derrota. Al contrario. El empujón que le dio al ex piquetero Luis D'Elía para que criticara al PJ y agitara las banderas de un retorno imaginario a la transversalidad abrió mayores discusiones y rajaduras. El ex presidente ha perdido casi todas las lealtades de los intendentes bonaerenses que, casi con un revólver en la nuca, lo acompañaron en la mala aventura electoral.Esa debilidad ha dejado dos secuelas. El desamparo en que Daniel Scioli quedó en Buenos Aires. Su mayor fortaleza fue siempre el lazo con la sociedad. Ese lazo se deshilachó con la derrota. El gobernador viajó a Italia y a su regreso haría algún gesto para intentar recuperar crédito. La otra cuestión fue la ratificación que Kirchner hizo de su alianza estratégica con Hugo Moyano.

Al líder de la CGT le desbloquearon 900 millones de pesos que el ministro Juan Manzur, por ingenuidad, le había sitiado en Salud. La generosidad no se agotó allí: el poder de Moyano aterrizó también en Aerolíneas Argentinas. Mariano Recalde, el nuevo director de la empresa, es hijo de Héctor, el diputado, además abogado del gremio de los camioneros. Antes, el Gobierno desembolsó $ 470 millones de subsidio para el transporteExisten otros gobernadores peronistas que no quedaron desamparados como Scioli, pero que escrutan igual los movimientos de los Kirchner. Uno salió a confrontar: es el chubutense Mario Das Neves. Otros simulan moderación pero aguardan del Gobierno más cambios. La renovación del Gabinete fue considerada auspiciosa pero insuficiente. José Luis Gioja, de San Juan, y Jorge Capitanich, de Chaco, pretenden que los Kirchner se avengan a concordar con los mandatarios del PJ una agenda hasta fin de año. El ex presidente nunca imaginó verse en esa situación.

Lentamente van desapareciendo las contemplaciones con los Kirchner. Alumbró el primer acuerdo entre el peronismo de Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos. Diputados de esas provincias presentarán mañana un proyecto que tiende a modificar, en parte, el vínculo entre la Nación y el interior. Promoverán que el fondo coparticipable de la soja, que pergeñó Kirchner para quitarle argumentos al campo, se haga también extendible a otras áreas de la economía, como el petróleo y los minerales. Necesitan dinero porque las arcas provinciales hace rato que tornaron al rojo.Importa la trama política de esa coincidencia. Carlos Reutemann, Juan Schiaretti, el gobernador de Córdoba, y Jorge Busti, el jefe del PJ entrerriano, fueron sus motores. Sergio Uribarri, el gobernador, no participó porque está más cerca de los mandatarios que quieren negociar un temario con el Gobierno.

Schiaretti y Busti se mostraron después de la derrota y tiraron dardos a los Kirchner. Reutemann apareció apenas 48 horas luego de triunfar y volvió a sumergirse en un impenetrable silencio. No responde celulares ni mensajes de texto. Pero anota cada desafío que le lanza Kirchner. Como buen ex deportista, aguardará el momento de ir por la revancha.

Ese desbarajuste peronista le aguarda a Aníbal Fernández. El nuevo jefe de Gabinete es una de las pocas piezas que dispone ahora Kirchner para intentar ordenar un PJ que él se ocupó de desordenar. Tampoco a Aníbal Fernández le abren todas las puertas que golpea: no se lleva nada bien con Reutemann porque se lleva bien con el gobernador socialista Hermes Binner.El jefe de Gabinete es un funcionario ducho en negociaciones. Hace más de seis años que habita el poder, desde que fue ministro de Producción con Roberto Lavagna, cuando el ministro de Economía respondía a las directivas de Eduardo Duhalde. Transó con piqueteros, con sindicalistas, con organizaciones sociales, con dirigentes agrarios. Bastante menos, en cambio, con la oposición.

Aníbal Fernández, como otros hombres del oficialismo, se han encontrado de repente con un escenario que, tal vez, no suponían el martes pasado, cuando se remozó el Gabinete. ¿Qué escenario? El del diálogo y la reforma política que los Kirchner sacaron de la galera, como los magos acostumbran hacer con los conejos.Sólo en un aspecto pareció existir alguna elaboración. Después de la derrota, un dirigente de la Mesa de Enlace recibió a un emisario de Kirchner. "Quiere saber si tienen disposición para hablar", interrogó. Esa señal desató un debate subterráneo entre los dirigentes del agro y la oposición. Hugo Biolcatti, de la Sociedad Rural, propuso un plenario para el lunes 29, el día después del derrumbe oficial, para plantear las exigencias del sector. Francisco De Narváez se entusiasmó con la movida que otros dirigentes de la Mesa de Enlace y varios políticos del radicalismo tendieron a desarticular. "Había que dejarle un margen de reacción a la Presidenta", opinó uno de ellos.

Aquel plenario del campo y la oposición se hará el próximo jueves. "Pero se hará en otro contexto. De distensión. Las palabras de Cristina ayudan", dijo un dirigente de la Mesa. Ayudan pero no disipan la nube de dudas: se habló de diálogo cuando Cristina asumió y dos meses después la Argentina quedó sumida en el conflicto más neurótico que haya conocido, como lo definió Eduardo Buzzi, el jefe de la Federación Agraria. Este mismo año Florencio Randazzo, el ministro del Interior, y Débora Giorgi, la ministra de Producción, lanzaron otra ronda de consultas que terminaron con pena, sepultadas por el vértigo electoral. Los Kirchner no parecen en condiciones de reponer la confianza con una sola promesa.Algo similar sucedería con la reforma política. El Gobierno olvidó en estos años cualquier reforma. Incluso propició con la anuencia opositora la derogación de la ley de internas abiertas y obligatorias para designar a candidatos. Cristina mencionó ahora el ejemplo de Santa Fe. En esa provincia se hizo esa reforma, por impulso del ex gobernador Jorge Obeid, que en los últimos años jerarquizó cada una de sus elecciones.

¿Convicción o recursos para salir del paso? Ese dilema se plantea cada vez que los Kirchner salen de su encierro y empiezan a actuar. Con un golpe y una caricia. Con un palo y una zanahoria. Al fin, con la fórmula de siempre.

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