Kirchner cae y se vuelve cada vez más conservador

Por Fernando González

El mejor antídoto contra la soberbia es la memoria. Y fue Néstor Kirchner quien en su discurso inaugural como presidente en mayo de 2003 prometió “no dejar las convicciones” en la puerta de la Casa Rosada.

Anoche, en la provincia de Catamarca, Kirchner recibió la primera derrota electoral de un año de elecciones clave para su futuro. Y lo hizo aliado a dirigentes que difícilmente hubieran formado parte de aquellas convicciones de las que hablaba cinco años atrás. Luis Barrionuevo es uno de los sindicalistas que creció con el menemismo. Y Ramón Saadi es el gobernador destituido por no dar respuestas a las sospechas que se desataron tras el crimen de María Soledad.

¿Qué fue lo que intentó Kirchner con Barrionuevo?; ¿qué buscaba con los Saadi?; ¿qué hacía en Catamarca el intendente bonaerense de José C. Paz, Mario Ishi, repartiendo dádivas en nombre de los Kirchner? Vaya paradoja: sus ex aliados de la Concertación Plural, el vicepresidente Julio Cobos y el gobernador Eduardo Brizuela del Moral, fueron los que lo derrotaron.

Las dificultades y la posibilidad de una derrota en octubre han convertido a Kirchner en un dirigente conservador. Cedió aquel fuego transformador de los primeros años de su presidencia para retroceder del peor modo, a la defensiva. Se va quedando con algunos aliados indeseables y se le pegan los alcahuetes que le dicen que todo está bien.

Con este clima, Kirchner medita su decisión de aceptar la candidatura a diputado por la provincia de Buenos Aires con la que quiere dar la batalla para enderezar el gobierno de Cristina. Decisión que tomará porque cree ser el mejor candidato para conservar el poder y porque ya no se permite pensar en que su proyecto político pueda crecer hacia el futuro.

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