Los Kirchner utilizan una lujosa flota aérea paralela

Son al menos dos aviones no oficiales; también vuelan empresarios y políticos; dudas sobre los dueños
Florencia, la hija del matrimonio gobernante, puede hacer esperar hasta diez horas a una tripulación. Siempre desenvuelta, a veces con amigas, deja el auto en el aeropuerto y sube al avión. Néstor Kirchner es bastante más complicado: tiene mal carácter, no mira a nadie y sólo abre la boca cuando consulta ante una turbulencia. Le tiene miedo a volar. También hay viajeros inanimados: diarios que salen de Buenos Aires a las 3 de la mañana (cuando la familia descansa en El Calafate), algún adorno pedido con urgencia y, lo más comentado en el sector aeronáutico, bolsas de hasta 40 kilos que van y vienen solas, silenciosas, sólo acompañadas por custodios.

Esta flota aérea paralela del kirchnerismo, que funciona desde mayo, traslada también a empresarios amigos y a gobernadores, y consta de por lo menos dos aviones. El mejor es un Challenger 600, matrícula LV-BYG, de un valor cercano a los 10 millones de dólares, que duerme en el aeropuerto de San Fernando. El otro, un Lear Jet 35 de 2,5 millones (LV-BXU). Hay un tercero, más conocido, que llegó en febrero: el polémico Lear Jet 31 A de patente norteamericana (N786YA) que el ex secretario de Transporte Ricardo Jaime usaba como propio y que quedó estacionado en Montevideo el 22 de mayo, el mismo día en que La Nacion publicó la investigación sobre ese caso.

Por qué el núcleo presidencial ha elegido esas alternativas de vuelo a pesar de contar con cuatro aviones oficiales -los Tango 01, 02, 03 y 10- y un helicóptero (H01) es otro de los múltiples agujeros negros de la atmósfera nacional. Que no pudo ser aclarada todavía: este diario intentó, sin éxito, obtener una respuesta de voceros de Kirchner. La hora de alquiler de estos jets cuesta entre 3500 y 4000 dólares. Ir, por ejemplo, desde Buenos Aires hasta Río Gallegos representa unos 10.000 dólares.

De todos modos, el mayor de los misterios es bastante más elemental y se centra en los propietarios. En los papeles, Gustavo Carmona, piloto y empresario de muy buena relación con la Casa Rosada, es el dueño del Challenger. Y la firma Aires Argentinos es dueña del Lear Jet 35. En el sector, no obstante, los atribuyen a dueños infinitamente más poderosos por una sugestiva razón: en San Fernando, quien muestra ambas aeronaves a potenciales clientes que podrían alquilarlas en los días en que no se usan es Sergio Velázquez, piloto del Tango 01, conocido como "el Potro", el primer conductor civil de ese avión en la historia. Así ocurrió, por ejemplo, el 18 de agosto, durante la visita de un médico que requería el Lear con fines sanitarios. Dos días después, Velázquez le ofreció el Challenger a un abogado.

No es fácil guardar un secreto en un aeropuerto. Los objetos transportados son por lo tanto, desde hace tiempo, motivo de conversación. En una empresa de taxi aéreo, por caso, se sorprendieron una vez al ceder un Cessna Citation sólo para trasladar un espléndido jarrón para la Presidenta de la Nación, que lo esperaba en Santa Cruz. Desconfiados como nadie, los Kirchner han cuidado siempre estas cuestiones. Lo saben también en Aerolíneas Argentinas: cada vez que una delegación oficial baja en Ezeiza del Airbus 340 o el Boeing 747, un contingente de valijas irá directamente a Olivos, sin incómodas inspecciones.

Las aeronaves paralelas tienen varias cosas en común. No sólo porque llevan o han llevado a miembros del kirchnerismo, o a hombres de negocios afines a la Casa Rosada, o al gobernador formoseño, Gildo Insfrán, según testigos. También porque las tres fueron traídas al país por Carmona, que lleva este año recorridos varios despachos empresariales en busca de aeronaves para comprar.

Compradores generosos

En algunos de estos encuentros, el hombre que acompañó a Carmona y que se presentó ante todos como el comprador es Manuel Vázquez, ex asesor ad honórem de Jaime e involucrado en la causa del avión que usaba el ex secretario. Julián Vázquez, hijo de Manuel y también investigado por la Justicia, y Luis Tantescio, unos de los pilotos del controvertido jet, fueron otros de los asistentes. Vázquez y sus muchachos les decían a los vendedores que el aporte de capital para la compra correría por cuenta de dos firmas radicadas en Uruguay: Ciwolly SA y Tirzay Company SA. También, que acababan de comprar un Lear de matrícula norteamericana que ya estaba volando. Era el de Jaime.

Los Vázquez trabajaron seis años con el ex funcionario. Atendieron siempre a los empresarios del transporte en el hotel Sofitel: cualquier asunto relacionado con el sector, simple o complejo, fueran colectivos, trenes o aviones, se resolvía ahí. En el referido tour de compras, que empezó a principios de este año, Carmona y Vázquez mostraron bastante apuro: ofrecieron por las aeronaves hasta un 40% más que el precio de mercado.

El Challenger hizo, en los últimos dos meses, por lo menos tres vuelos a Río Gallegos -uno de ellos, no registrado en el aeropuerto patagónico- y siempre los lunes o los viernes. El 13 de julio, por ejemplo, llevó dos pasajeros, estuvo dos horas en la terminal; a la vuelta, subieron cuatro. También fue a Bariloche, a Mar del Plata, a Rosario y, en cuatro oportunidades, a Sunchales, provincia de Santa Fe, el mismo aeropuerto que había visitado una vez el jet de Jaime.

Ejecutivos de Sancor Seguros dijeron a LA NACION que esos traslados habían correspondido a un alquiler propio. "Vamos a comprarnos un avión y, mientras tanto, lo alquilamos", explicaron. El problema es que, según contó el propio Carmona a este diario, la aeronave tiene una habilitación provisional y no está autorizada a hacer vuelos rentados. Otro destino coincidente con los de Jaime es Florianópolis, donde la familia del ex secretario de Transporte tiene una posada. El 20 de junio, el Challenger estuvo tres horas en esa ciudad: salió de aquí vacío y al llegar buscó a un pasajero.

"Viajé a Sunchales porque el avión está asegurado en Sancor Seguros -dijo Carmona-. Es verdad que fui también a Río Gallegos, porque se trata de una distancia ideal para probar el avión. Una vez, por ejemplo, fui a comer con mi mujer a Mar del Plata. En otra oportunidad, tenía que viajar a Estados Unidos y me trasladé desde San Fernando hasta Ezeiza en avión. Y a Bariloche fui a esquiar."

El Challenger es, claramente, el más caro, el menos conocido y el que menos ha volado de los tres. Es idéntico a un Challenger de The Exxel Group (matrícula LV-BPV) que también fue alquilado por la Presidenta, una coincidencia que confunde a varios en el sector. Carmona fue piloto de The Exxel Group por menos de un año hasta hace cuatro meses, cuando se desvinculó por desencuentros con Juan Navarro, presidente del grupo.

Consultado, Navarro negó a LA NACION enérgicamente cualquier vínculo con el otro Challenger (el LV-BYG). "El único que es nuestro es el LV-BPV -dijo-, que tiene todos los certificados en regla, incluido el CESA [certificado de explotador de servicios aéreos]. En los tiempos muertos, cuando no lo usamos, se deja en alquiler. Todos nuestros vuelos están facturados a gente que lo alquila, sin ningún misterio, con todas las facturas y cumpliendo todas las normativas vigentes."

Carmona admite ser el dueño del Challenger LV-BYG. Es presidente de Servicios y Emprendimientos Aeronáuticos, la empresa inscripta como propietaria en la Inspección General de Justicia y constituida con un capital inicial de 12.000 pesos, ampliado luego a 112.000. El 15 de abril, diez días después de haber creado la firma, inició el registro del avión, que tiene un extraño contrato de leasing simulado: el lessor que lo provee, Sirjet LLC, de Delaware, Estados Unidos, tiene por presidente al propio Carmona. Es decir, el piloto firmó un contrato consigo mismo.

Extrovertido y entrador, Carmona se jactaba hace un mes, entre pares, de la benevolencia con que lo había tratado la fortuna. Pero lo que ha contado entre íntimos no tiene nada que ver con las explicaciones que dio después a LA NACION. "El Challenger es mío, no busquen fantasmas. Tengo el capital necesario", dijo a este diario. Ante ejecutivos de su confianza había relatado otra historia: trajo el avión para un empresario rosarino al que no identificó.

Otra incongruencia: Carmona también había afirmado a gente afín que acababa de vender Air Jet, otra de sus empresas, en US$ 10 millones a un grupo mexicano que le había pagado en efectivo, en una valija. Pero dijo algo distinto ante LA NACION: "No es así. Le hice un moñito y liquidé Air Jet".

Potro en el aire

La historia de la otra aeronave, el Lear Jet 35, también es reciente. En Aires Argentinos, la firma dueña, fueron terminantes: "El avión es nuestro, nunca hicimos ningún viaje para la Presidencia". Agregaron, no obstante, que Carmona les había prestado asesoramiento, "como a muchas otras compañías", y que "El Potro Velázquez no tiene nada que ver" con la empresa.

De todos modos, testigos aeroportuarios privilegiados dicen haber visto viajar a parientes, amigos y kirchneristas en el Lear. Por ejemplo, a Insfrán. La aeronave hizo, en efecto, desde mayo, según los registros, ocho vuelos a Formosa y otros cinco a Mendoza. También a Montevideo (2), a Santiago del Estero (dos), a Río Grande, a Jujuy, a Punta del Este (tres), a La Plata y a Rosario, entre muchos otros destinos.

Según la Inspección General de Justicia, Aires Argentinos pertenece a Cabiline SA, sociedad de la abogada María Inés Cuesta. Pero según la investigación que lleva la justicia federal en el caso Jaime, tiene un vínculo, aún no precisado, con el Potro Velázquez, el eje de toda esta historia.

Comentá la nota