Kirchner tienta al radicalismo con un Pacto de Olivos II

Por: Carlos Pagni.

Hace 16 años, Carlos Menem le ofreció al radicalismo de Raúl Alfonsín un conjunto de prerrogativas (tercer senador, elección directa del intendente porteño, ballottage, renuncias en la Corte, Consejo de la Magistratura) a cambio de la reelección presidencial.

Esta semana, otro peronista, Néstor Kirchner, tentará a los radicales con una transacción similar. Hace cinco días, el Gobierno le ofreció a la UCR un segundo Pacto de Olivos.

El miércoles, Kirchner envió al senador santacruceño Nicolás Fernández a proponer a Ernesto Sanz un acuerdo con el radicalismo. Sanz es el jefe del bloque de ese partido en el Senado y presidirá, a partir de diciembre, su Comité Nacional. Sanz no tomó compromiso alguno, pero prometió estudiar la propuesta con sus correligionarios.

Kirchner apuesta a una recuperación económica que le permita mantener subyugada a la estructura del PJ. Por eso pretende que peronistas disidentes como Felipe Solá, Carlos Reutemann o Eduardo Duhalde se sometan a ella. Sueña que, si triunfara en una interna contra esos descarriados, revertiría su declinación y ganaría las presidenciales de 2011. Por eso, se propuso convertir las internas en obligatorias y complicar al extremo las posibilidades de los partidos pequeños. No quiere que le hagan lo que él le hizo a Menem en 2003. El radicalismo empieza a observar la idea con interés. El nuevo esquema terminaría por someter a Julio Cobos a la estructura partidaria. Y plagaría de obstáculos la carrera de Elisa Carrió hacia la presidencia. La oferta de Kirchner consiste en restaurar, por la vía normativa, un orden bipartidista que potencie a quienes controlan los grandes aparatos territoriales en detrimento de quienes, en el PJ o la UCR, rompieron con ellos. Puede ser una propuesta irresistible.

En la ingeniería con que fantasea el oficialismo hay algunas vigas maestras:

* El proyecto de ley que llegará a Diputados esta semana establece que las candidaturas nacionales surgirán de internas abiertas y simultáneas, obligatorias para los partidos y para los ciudadanos. Es decir: cada fuerza política debería realizar un gran esfuerzo de movilización para elegir sus candidatos, y otro, más tarde, para competir en los comicios generales. Por su parte, todos los ciudadanos del padrón tendrían que votar en la interna (aunque se estudia una excepción para quienes adelanten que no irán a votar ese día).

* No será posible colgar de una fórmula varias listas de diputados (colectoras). O que la misma lista postule varias fórmulas (lista espejo). Los gobernadores deberán atarse a la candidatura presidencial de su partido. Para Kirchner, la de él. Prohibido traicionar, entonces.

* Todavía se discute si, como sucedió en el Frente Amplio del Uruguay, quien pierde la interna puede convertirse en candidato a vice del que la ganó.

* Otra clave del proyecto es que dispone la caducidad de los partidos que no posean un número de afiliados equivalente al 4? (cuatro por mil) del padrón nacional (hoy serían 111.157 afiliados). Pro -que acaso no supere los 5000- o la Coalición Cívica no podrían presentar candidaturas presidenciales. Tampoco varias fuerzas de izquierda. Hasta el viernes pasado no se había definido si ese volumen de socios debía estar extendido a todo el país o podría concentrarse en algunos distritos. Como esta cláusula irritará a los diputados de centroizquierda que acompañan al Gobierno, quizá se la haga progresiva hasta, por ejemplo, 2013.

Estas disposiciones pretenden construir un desfiladero para Solá, Reutemann, Duhalde, Rodríguez Saá o cualquier otro peronista que quiera enfrentar a Kirchner sin participar de la interna partidaria. Para hacerlo deberían renunciar al PJ, lo que supone un castigo simbólico. O práctico: Reutemann, por ejemplo, conduce esa fuerza en Santa Fe. Si esos dirigentes quisieran postularse en 2011 por una agrupación propia, deberían conseguir un número muy exigente de afiliados. O sumarse a Pro, donde Mauricio Macri necesitará una estructura de alcance nacional.

El peronismo bonaerense avanzará en una reforma similar para acorralar a Francisco de Narváez.

Fragmentación patológica

El Gobierno descubrió que el sistema de partidos está viciado por una fragmentación patológica que él mismo alimentó. Con la excusa de corregirla, Kirchner apunta a protagonizar un gran duelo dentro del PJ. Su hipótesis salta a la vista: nadie podría enfrentar en una interna a quien se sirve de los recursos estatales como si fueran propios. Kirchner no se formula otra pregunta: ¿y si su pésima imagen fuera más fuerte que el aparato del Estado y Solá, Reutemann o cualquier otro le ganaran igual esa elección, que será abierta? Lo consiguió De Narváez el 28 de junio pasado a pesar del cambio de fecha y de las candidaturas testimoniales. Las armas, a veces, las carga el diablo.

El plan del Gobierno encorsetaría a Julio Cobos en la UCR y complicaría a Carrió. De no enfrentar a Cobos en el seno del Acuerdo Cívico y Social, ella debería postularse con su Coalición Cívica, que no tiene demasiados afiliados y carece de alcance territorial. Los socialistas, en cambio, ya adelantaron su simpatía por esta reforma, inspirada en el régimen que rige en Santa Fe.

La UCR se sueña a sí misma como una de las dos estructuras que se propone reconstruir el Gobierno con esta reglamentación. En el oficialismo, sin embargo, no todos están seguros de esta estrategia: "¿Quién dijo que el bipartidismo nos beneficia? Los que se queden sin partido, ¿vendrán a votar al PJ?", cavila un encumbrado diputado del kirchnerismo.

El nuevo sistema perjudicaría a líderes con gran popularidad pero escasa estructura (Macri, Carrió, De Narváez): si mostraran poco arrastre en la interna obligatoria, se les volvería más difícil hacer un gran papel después, en los comicios generales.

El proyecto que repasan Carlos Zannini, Florencio Randazzo y Juan Manuel Abal Medina contiene otras disposiciones relevantes:

* Permite votar en las elecciones nacionales a los extranjeros con dos años de residencia en el país. Es decir, seduce a muy extensas comunidades de inmigrantes necesitados de asistencia social.

* Una atracción principal de la propuesta es que liberaría a los partidos de los gastos de las campañas televisivas y radiales. El Estado se haría cargo de ellos y repartiría el 50% de la publicidad en cuotas iguales para todos los partidos, y el otro 50% según los votos obtenidos en las últimas elecciones de diputados. ¿Cómo se resolvería este aspecto durante las internas obligatorias? Nadie lo explica todavía. El proyecto, sin embargo, no aumenta demasiado la veda a la propaganda oficial durante el proselitismo. Randazzo dejó trascender que pasaría de 7 a 15 días previos a las elecciones.

* Otra trampa de la iniciativa es que prevé digitalizar los padrones y dejarlos bajo la administración del Ministerio del Interior. La injerencia del Poder Ejecutivo, en detrimento de la Cámara Nacional Electoral, es uno de los grandes arcaísmos del sistema argentino. Lo sugirió el mexicano Luis Carlos Ugalde, ex presidente del Instituto Federal Electoral de su país, a quien el Gobierno invitó para analizar la reforma.

* El escrutinio de la elección bonaerense del 28 de junio todavía no terminó. Pero Kirchner sigue vetando el voto electrónico y rechaza la boleta única, donde figuraría la oferta completa de cada partido en un distrito. En cambio los documentos preliminares de la reforma insinúan que el Ministerio del Interior podría modificar el diseño de las circunscripciones.

La memoria vuela, inevitable, a 1952, cuando Juan Perón hizo un mapa a medida, para ganar donde antes perdía.

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