Kirchner tiene al peronismo bajo llave

Por: Eduardo van der Kooy.

La ley de Presupuesto pasó Diputados sin sobresaltos. Las amenazas de los gobernadores del PJ se diluyeron. La oposición volvió a sufrir desgajamientos. Piensa en algún gesto de autoridad cuando en diciembre cambien las mayorías en el Congreso. Un clima enrarecido.

Ni uno de los 14 gobernadores peronistas se animó a alzar la voz. Sólo un puñado de diputados (13) de esas provincias votó en contra o faltó a la cita. Néstor y Cristina Kirchner se empezaron a garantizar con la aprobación del Presupuesto en Diputados un manejo discrecional de más de 88 mil millones de pesos para el año que viene. Aquella ley debe pasar todavía el tamiz del Senado. Pero los senadores se han acostumbrado durante esta transición a hacer mucho ruido y casi no romper nueces.

No se trata sólo de plata. Aquel episodio mostraría, de nuevo, cómo los Kirchner se ocupan de almacenar ahora todo el poder posible para cuando lleguen los tiempos de carencias. Esos tiempos deberían amanecer en diciembre, con el cambio de las mayorías parlamentarias.

El matrimonio presidencial se dio otro gusto. La ley de Presupuesto que recibió media sanción en Diputados no sufrió la modificación de una sola coma respecto de su texto original. Ningún proyecto, ni el de medios, había sorteado invicto esa instancia desde la derrota electoral del 28 de junio. El tránsito por las comisiones fue, otra vez, un trámite. Tampoco el kirchnerismo cumplió con lo que el jefe del bloque, Agustín Rossi, había prometido a la oposición en los días distendidos que sucedieron a la caída: el Presupuesto no contempla ninguna remesa para alguna política social que se aparte del clientelismo.

Tantas facilidades de los Kirchner podrían explicarse en la flojera opositora y el desacople político que produjo el adelantamiento electoral. Pero se explicaría, sobre todo, en la domesticación del peronismo. De los peronistas que gobiernan y viven sometidos a la dura combinación de la crisis económica y social con la dependencia de las arcas del Estado nacional.

"No habrá una moneda más para las provincias. Y la que quiera endeudarse deberá recurrir a los Kirchner", resumió el diputado Claudio Lozano, de Proyecto Sur, que esta vez no acompañó las pretensiones kirchneristas. Los gobernadores continuarán atados a la arbitrariedad de los subsidios o a las partidas del Tesoro que dispongan los Kirchner para enfrentar las emergencias. Una trampa verdadera.

Salvo Daniel Scioli, de Buenos Aires, ningún gobernador aceptó en junio la idea de Kirchner de las candidaturas testimoniales. Los mandatarios, además, evitaron sumarse a la campaña del ex presidente y retacearon los actos populares con Cristina. Varios de ellos ensayaron críticas después de la derrota, pero ese fuego pareció languidecer como la cabeza de un fósforo.

Juan Schiaretti, de Córdoba, y Juan Manuel Urtubey, de Salta, fueron quienes exhibieron mayor capacidad de resistencia. Pero ninguno está en condiciones de aguantar la travesía de la última frontera. Los Kirchner volvieron a reunir una considerable mayoría en Diputados con una medida que pareció golpear en varias bandas.

El aumento del precio del gas en boca de pozo alcanzó para disciplinar a cuatro provincias. Santa Cruz, Neuquén, Chubut y Salta. Esas geografías le arrimaron en Diputados al Gobierno alrededor de 20 votos. El santacruceño Daniel Peralta, pese a las fricciones, nunca tuvo autonomía con los Kirchner. Jorge Sapag sigue siendo desde Neuquén un aliado casi incondicional. Mario Das Neves se proclama antikirchnerista pero los legisladores de Chubut, en forma mayoritaria, votan con el Gobierno. Urtubey es el más severo con el matrimonio. Aunque las necesidades económicas sumergen a veces a sus convicciones políticas. Apenas una legisladora salteña reprobó la ley de Presupuesto.

Hubo otros votos que tuvieron baja incidencia en el cómputo final pero elevada significación política. Fueron los de los legisladores de Unión-PRO, ya expulsados de esas filas, y de otra radical correntina ligada al gobernador Arturo Colombi. Kirchner le quita de esa forma las ropas al raquitismo opositor.

Los gobernadores, peronistas y opositores, habían advertido que el Presupuesto no progresaría en Diputados si el Gobierno no admitía una mayor coparticipación del impuesto al cheque. En la actualidad ronda el 15%. No hubo tal incremento y la prórroga de ese impuesto no se hizo por un año: se extendió hasta la finalización del mandato de Cristina. La única queja que pudo escucharse fue la del gobernador socialista de Sante Fe, Hermes Binner. Detrás de aquel silencio no habría indiferencia: sólo impotencia y bastante indignación.

Rossi denunció la semana pasada la supuesta existencia de un clima de revanchismo opositor para después de diciembre. No hay indicios fehacientes de la existencia de ningún revanchismo: existen las pruebas, en cambio, de que el kirchnerismo ignoró a la oposición luego que simuló comprender el mensaje de las elecciones de junio. El mismo jefe del bloque oficialista, en la primera reunión de labor parlamentaria, se había comprometido a discutir las políticas sociales, la inflación, las estadísticas del INDEC y hasta el Consejo de la Magistratura. Esas intenciones se incineraron al calor de la intransigencia de los Kirchner.

La oposición pareciera estar viviendo esta transición como un calvario. Falló en el intento de modificación de las retenciones al agro. Tuvo inarmonía en Diputados y en el Senado en las discusiones por la ley de medios. Tampoco acertó cuando pretendió tumbar el tarifazo del Gobierno para disminuir subsidios y atenuar su déficit.

No le será sencillo, aun con supuestas mayorías, definir una estrategia homogénea en el momento que disponga de superioridad frente al kirchnerismo. Hay demasiados proyectos enfilados hacia el 2011 (Julio Cobos, Mauricio Macri, Elisa Carrió, Felipe Solá, Eduardo Duhalde, Francisco De Narváez) porque presume -tal vez erróneamente- que el kirchnerismo se terminará cocinando solo en el caldo de la impopularidad.

A la oposición se le presenta además, otra vez, un problema de calendario. Casi no dispondrá de tiempo entre la asunción de diciembre en el Congreso y el receso veraniego. Los Kirchner, con certeza, eludirán la convocatoria a extraordinarias. Las sesiones podrían reanudarse recién en marzo.

Los radicales están escarbando, a propósito, en la historia legislativa de Cristina. La Presidenta, en sus épocas de senadora, habría sostenido la tesis de la autoridad del Congreso para autoconvocarse en caso de reticencia del Poder Ejecutivo. Gobernaba entonces Carlos Menem.

"Hará falta muy rápido un golpe de autoridad", se le escucha razonar a Solá. ¿Cuál podría ser? Que las nuevas mayorías se impongan en la elección de autoridades de Diputados. Elisa Carrió no estaría todavía convencida de dar esa primera pelea. Faltaría ella para amalgamar la postura común que, en ese aspecto, reinaría entre el peronismo disidente, los radicales y el PRO. Una cuestión a resolver sería el candidato para el cargo: difícilmente un opositor lograría el consenso de todo ese abanico.

Por esa razón se hicieron sondeos discretos con oficialistas fatigados, que lo siguen siendo por ausencia de otra opción, e incluso con algún aliado kirchnerista de buena talla. "No haremos nada hasta el 9 de diciembre. El 10 podemos volver a conversar", dijeron, palabras más, palabras menos, esos legisladores.

Otra lucha que se anticipa será por la conformación de las comisiones parlamentarias. Rossi advirtió que el kirchnerismo no resignará la mayoría. Pero la oposición advierte que no hay legislación que avale el deseo del jefe de los diputados oficialistas. "Hay una tradición. Pero ellos no respetaron ninguna tradición en todo este tiempo", apunta Solá.

Los opositores se ilusionan con otras cosas. ¿Cambiar un artículo del Consejo de la Magistratura que altere la actual composición? ¿Reglamentar los Decretos de Necesidad y Urgencia? ¿Remover uno o dos artículos de las facultades delegadas que sancionó el kirchnerismo después de la derrota? Habrá siempre una colisión entre los propósitos y las acciones si la oposición no descubre el auténtico sentido del tiempo político que parece avecinarse.

Carrió le echó un poco de luz al diagnóstico: "Kirchner va por todo", denunció. ¿Va por todo? Quizás la amenaza suene exagerada: pero afloran señales inquietantes. Rossi en Diputados y Miguel Angel Pichetto en el Senado han dinamitado casi todos los puentes con la oposición. Aníbal Fernández es un jefe de Gabinete transformado en simple repetidor de las palabras y los hechos de los Kirchner. Cualquier ministro que intenta levantar vuelo es volteado de un hondazo: le ocurre al ministro de Agricultura, Julián Domínguez, con el campo; a Amado Boudou, el ministro de Economía, en su negociación con el FMI.

Kirchner controla todo desde Olivos. Desde allí promovió la defensa y luego la caída del juez Federico Faggionato Márquez. Hurga en la vida y milagro de políticos, empresarios y periodistas. Muchos legisladores, incluso oficialistas, no utilizan sus celulares porque creen que están intervenidos. Agentes de inteligencia hacen tareas de seguimiento. La televisión estatal difunde esos seguimientos convirtiéndolos en sucesos periodísticos. Hay hostilidad y su escalada resulta imprevisible.

Hasta en el fútbol la intolerancia parece conspirar contra la convivencia en la Argentina.

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