Los Kirchner y la teoría sexual infantil.

Por Fernando Laborda.

Más concentración del poder, más personalismo, más monólogos. Menos pluralismo y menos diálogo. En una palabra, más kirchnerismo. Parece ser ésa la receta para enfrentar los difíciles desafíos con que arranca 2009.

La ultrakirchnerización del Gobierno, puesta de manifiesto en estos días con el reemplazo de Claudio Moroni por Ricardo Echegaray al frente de la AFIP, apunta en una única dirección: garantizar una administración centralizada y discrecional de la masa de recursos derivada de la reforma jubilatoria y, eventualmente, del blanqueo de capitales.

Pero, al mismo tiempo, da cuenta de una delicada situación, caracterizada por una presidenta que parece cada vez más dependiente de las directivas de su esposo, quien a su vez confía cada vez en menos colaboradores. Moroni había llegado al Gobierno de la mano del ex jefe de Gabinete Alberto Fernández; Echegaray, más allá de sus títulos, es conocido de Néstor Kirchner desde que dirigía la Aduana en Río Gallegos.

El peligro de esta kirchneridad al palo, estilo detrás del cual no hay un proyecto de país, sino tan sólo un proyecto para no perder un centímetro de poder, es su autofagocitación. Cuando una estructura de poder se plantea devorar todo lo que está a su alrededor para sostener el protagonismo de una figura política, tarde o temprano, la prosecución de ese proceso conduce al aislamiento, a la nada.

En diciembre de 2007, al asumir la presidencia Cristina Fernández de Kirchner, había dos soles en la constelación de poder K. No estaba definido, por entonces, alrededor de cuál de ellos se moverían los planetas y satélites. En los últimos tiempos, ese dilema astronómico quedó develado: en octubre de 2007, no hubo una elección, sino una reelección encubierta. El único rey sol sigue siendo Néstor Kirchner.

No faltarán quienes, como el jefe de Gabinete, Sergio Massa, intentarán explicar que quien gobierna es la jefa del Estado y que su marido es sólo el presidente del partido gobernante. O que existe una división de tareas propia de una sociedad política, en la que uno se ocupa de los mensajes de barricada y la otra se reserva los grandes anuncios, como los planes para comprar heladeras. Lo cierto es que, a los ojos de la opinión pública, aquellos discursos de choque son más impactantes que cualquier decisión que anuncie la primera mandataria. Y casi no hay analista que no considere que Cristina Kirchner se ha ido convirtiendo en una figura subsidiaria respecto de su esposo.

Tanta exposición pública, combinada con un carácter irascible, le produjo a Néstor Kirchner un lógico desgaste que, en forma simultánea, terminó debilitando a la Presidenta.

Matrimonio y patrimonio

Ese proceso alcanzó su clímax durante el conflicto con el campo. El ex presidente fue el artífice de la estrategia de confrontación y, por ende, el responsable de la fuerte caída de la imagen positiva del Gobierno. Fue el mariscal de la derrota, pero no sólo no recibió castigo alguno, sino que, a partir de entonces, ejerció cada vez mayor influencia en las decisiones gubernamentales. Pone y saca funcionarios, llama por teléfono a algunos integrantes del gabinete tanto o más que la propia Presidenta y digita los tiempos de cualquier anuncio relevante que hará su esposa.

No hay en la historia política reciente ejemplos como para comparar la relación de poder entre Néstor y Cristina Kirchner, en función de su curioso parentesco. Hasta podría ser más útil recurrir al psicoanálisis que al análisis político.

De acuerdo con la teoría sexual infantil, los niños creen que ambos sexos tienen órgano sexual masculino por igual. Llega un momento en que la niña advierte que no lo tiene y su principal deseo es tenerlo. Al mismo tiempo, el varoncito concluye que la niña lo ha perdido y comienza a temer que a él le ocurra lo mismo.

Según reconocidos médicos psicoanalistas, esa situación explica muchos caracteres masculinos y femeninos corrientes. Así, el hombre se pasa la vida luchando por el patrimonio y la mujer, defendiendo el matrimonio , con lo cual generalmente logra el control del dinero del marido. En otros términos, el hombre se pasa la vida tratando de conservar -y temiendo perder- lo que tiene, mientras que la mujer tratará de apropiarse de aquello que no tiene y pretende tener. Esa entelequia, representada por el órgano sexual masculino o falo, puede estar dada por dinero, joyas o, también, por el poder.

Este análisis puede ayudar a entender la conducta de Néstor Kirchner, de aferrarse al poder que tuvo y tiene, pero teme perder. No alcanza, en cambio, para comprender la actitud de su esposa, la Presidenta, que hasta ahora no ha seguido el ejemplo de su marido, quien al llegar a la Casa Rosada, en 2003, lo primero que hizo fue deshacerse de su mentor, Eduardo Duhalde.

La largada de Reutemann

Un síntoma de la debilidad del kirchnerismo apareció en los últimos días, con el virtual lanzamiento de Carlos Alberto Reutemann como postulante presidencial. Es la primera vez, desde la reapertura democrática de 1983, que un candidato con chances serias en el partido oficialista no es anunciado desde el poder gobernante.

Reutemann sintetiza, por sus dotes personales, casi todo lo contrario de lo que expresa Néstor Kirchner. Es moderado, tolerante, paciente y, al margen de cierto espíritu ermitaño, afín al diálogo y a la búsqueda de consensos.

Productor agropecuario con sólidos contactos con las entidades rurales, Reutemann aparece, al igual que Julio Cobos, como una de las figuras que podrían representar al sector que más dolores de cabeza les dio a los Kirchner. Y su candidatura surge justo en momentos en que crecen las versiones de que, desde la AFIP, se perseguirá al campo.

Allegados a Echegaray desmienten esas conjeturas. Pero no dejan de lanzar severas advertencias: Si el 70 por ciento del campo está en situación irregular, no es el Gobierno el que va contra el campo, sino esos productores agropecuarios los que van contra la sociedad . Y agregan: Mientras ellos cumplan con las responsabilidades que tiene cualquier ciudadano, nadie irá por ellos.

Claro que la mayor responsabilidad inmediata del nuevo titular del organismo recaudador pasará por la reglamentación de la ley de blanqueo de capitales, que deberá terminar en menos de veinte días. Sus voceros aseguran que blanquear capitales de origen espurio no va a ser gratuito y que la ley no terminará siendo un viva la Pepa. Sin embargo, existe la sospecha de que el deseo del Poder Ejecutivo es que la reglamentación no entorpezca la llegada de capitales al país, sin importar su origen.

Lo cierto es que, con la designación de Echegaray en la AFIP, queda demostrado que los Kirchner quieren más halcones al estilo de Guillermo Moreno y menos palomas , como se consideraba a Alberto Fernández o, mucho antes, a Roberto Lavagna, a quien Kirchner le cuestionaba que no fuera lo suficientemente duro con los formadores de precios.

La pole position de Reutemann frente a 2011 no es la mejor noticia para Kirchner. Ya no sólo están Carlos Menem o Adolfo Rodríguez Saá como potenciales recolectores de resentidos del peronismo con la fracción gobernante.

El afán de protagonismo llevará a Kirchner a meditar sobre la posibilidad de ser candidato a un cargo electivo por la provincia de Buenos Aires, algo que podría ubicarlo incluso como la segunda figura sucesoria, detrás de Cobos.

Sin embargo, los riesgos de esa maniobra no son menores. Si hoy el kirchnerismo, con una oposición dividida, tiene muchas probabilidades de ganar en el distrito bonaerense con poco más del 30 por ciento de los votos, una candidatura de Kirchner podría unificar a buena parte de los partidos opositores y complicar la victoria oficialista.

Por otro lado, un modelo que debe plebiscitarse cada dos años es un modelo que no se ha consolidado y, por ende, exhibe su debilidad.

Pero si la candidatura de Reutemann puede inquietar al kirchnerismo, también debería preocupar a los dirigentes de la oposición, obligados desde ahora a empezar a quererse un poco más .

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