Kirchner teme golpe contra Moyano

Por: Pablo Ibáñez

«El Negro se va con Kirchner. Y Kirchner se va pronto». Luis Barrionuevo largó la frase tras escuchar el lamento telefónico de Andrés Rodríguez. El jefe de UPCN, como otros jerarcas de la CGT socios a la fuerza de Hugo Moyano, tocaba el pico crítico en su vínculo con el camionero.

«Es insostenible: no se puede hablar, no acepta nada», se descargó, la semana pasada, Rodríguez al oído del gastronómico. En línea, Gerardo Martínez, de UOCRA, le transmitió un mensaje similar a Julio De Vido. «Nosotros no vamos más: lo frenan ustedes o lo frenamos nosotros».

Unas horas después, los «gordos» y los «independientes» pegaban un portazo en el consejo directivo de la CGT en el que Moyano quedó reducido a su núcleo duro, la histórica MTA, más dos aliados a desgano y ajenos: la UOM de Antonio Caló y Juan Belén, y la UTA de Roberto Fernández.

El paso siguiente lo dio Oscar Lescano, de Luz y Fuerza, al plantear el escenario de restablecer un triunvirato en la cima de la CGT, alternativa que Moyano se niega siquiera a discutir. Lescano dijo en público lo que no se animó a pronunciar en un mano a mano con el camionero 10 días atrás en Obras Sanitarias.

Aquella tarde, en una cita armada por José Luis Lingieri, una especie de moyanista portador sano, el camionero ofreció su renuncia. «Si tengo que dar un paso al costado, lo doy», dijo, conocedor de antemano de la respuesta de sus antagonistas. Ninguno lo consideró oportuno ni necesario. La secuencia, con sus vaivenes, tendrá hoy otro mojón: en la UOCRA, al mediodía, se citarán «gordos» e «independientes» para resolver una táctica común respecto de la cúpula de la CGT, el Consejo del Salario y la participación en la mesa de diálogo que funcionará en el Consejo Económico y Social (CES).

Anoche se especulaba con que, además de Martínez, Rodríguez, Lescano, Armando Cavalieri (Comercio), José Pedraza (Unión Ferroviaria) y Carlos West Ocampo (Sanidad), en la oficina de Belgrano aparecerá Fernández, heredero indeseado de Juan Manuel «Bocha» Palacios en UTA.

Si lo hace, el «Narigón» Fernández estará desafiando un mando supremo de De Vido que le avisó, con un lenguaje más críptico, que «Néstor» apuesta a la continuidad de Moyano en la jefatura de la CGT y que vería con malos ojos que otros gremios «amigos» atenten, en un «momento difícil», contra ese proceso.

El jerarca de la UTA escuchó algo similar de boca de Juan Pablo Schiavi. El secretario de Transporte había soportado una charla de dos horas con los «subse» gremiales, encabezados por el moyanista Jorge González, con un monotema: la continuidad de los subsidios al transporte que Schiavi planteó analizar.

Difícil

La UTA negoció una suma fija, pero no cerró con la paritaria. Como Camioneros, un acuerdo del sector depende de una mediación del Estado: no institucional, sino financiera. Por eso fue a Azopardo, estuvo 10 minutos, no abrió la boca y se fue con una excusa pueril: «Tengo gente en casa».

No irá, a pesar de una invitación, Barrionuevo. El gastronómico está en difícil y expone su menú de condiciones antes de cualquier ronda. La más importante: «Yo juego si ustedes juegan de verdad contra el Negro», los provoca Barrionuevo que se refiere a Moyano con ese amigable apodo.

Si este mediodía, en UOCRA se acuerda una táctica común contra Moyano, el titular de la CGT Azul y Blanca estará dispuesto a unificar tropa y criterio. La forma, al final, es lo de menos: vía triunvirato como sugirió Lescano o, como prefiere Barrionuevo, por un congreso normalizador.

Es en ese vértice, donde confluye la reincorporación del gastronómico con el «vaciamiento» del poder de Moyano, que aparecen los demás factores críticos y se dibuja un escenario de confrontación y negociación entre los anti- Moyano y el Gobierno.

# La Casa Rosada tiene, para «presionar», la negociación salarial con UPCN y la dependencia de la obra pública para el sector de UOCRA, mientras puede jugar alguna carta de cercanía con West Ocampo a través del ministro de Salud, Juan Luis Manzur. En Gobierno, tras gestiones que hicieron el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, y el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, afirman que se trata de una «movida» temporal y que, en el tramo final, se ordenará. No fue lo que le dijo Martínez a De Vido: «Nosotros no vamos más a CGT». El operativo vaciamiento está en marcha y, aun con matices, tanto los «gordos» como los «independientes» están dispuestos a sostenerlo. Salvo que, por alguna vía, haya una intervención de Néstor Kirchner que centralizó su relación con Moyano y clausuró prácticamente su vínculo con otros caciques, a excepción de Antonio Caló, sobre quien masticó un comentario. «El Tano no quiso ser diputado por la provincia porque su mujer le dijo que estaba mal porque era porteño». Un fenómeno curioso: arrimado al fuego K a través de Carlos Kunkel y Francisco «Barba» Gutiérrez, Caló pasó de potencial sucesor a principal contendedor de Moyano. A Moyano y a Kirchner le guardan otra factura: un sindicalista se tomó el trabajo de hacer un informe histórico y detectó que desde 1945 en el Congreso nacional no se da lo que ocurrirá desde el 10 de diciembre: habrá más diputados que representan al campo que los que representan a los gremios. «¿Para qué nos sirvió que Moyano sea vicepresidente del PJ?», decía anoche.

# Los gremios antimoyanistas, que esperan que Olivos deje reaccionar con criterio propio a los sectores gremiales -no lo hizo con la reelección de Moyano en CGT-, manejan su propio arsenal: sostienen que el Gobierno no puede ir a la mesa de diálogo, constituida en torno al Consejo Económico y Social (CES), sin una representación amplia de los gremios, porque, además de diezmar la CGT, los propios sectores empresarios van a querer tener sentada en esos ámbitos a la contraparte sindical de su rubro. «De la Vega quiere hablar con Armando, no con Moyano; Wagner quiere que enfrente esté Gerardo, no Viviani. Brito tiene y quiere discutir con Zanola» es el argumento, atendible, de los amotinados contra el camionero. Tienen, a priori, una coincidencia con Aníbal Fernández: como éstos no se lleva bien con Moyano y, además, apuesta su destino político a que avance el CES. Por eso, el jefe de Gabinete charló con varios de los críticos y les dio garantías de que a pesar de la situación interna en la CGT, ellos tendrán sus butacas reservadas en la mesa de diálogo. Fernández quizá no entendió bien: a los jerarcas les importa estar en la cúpula de la CGT, quizá en el Consejo del Salario, pero la presencia en el CES, con un Gobierno que se mueve entre convulsiones, es más una necesidad de los Kirchner que de los sindicalistas.

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