Kirchner también apuesta al repechaje

Por Martín Rodriguez Yebra

Néstor Kirchner maquina cómo ganar las elecciones por otros medios.

Tres meses después de la paliza de junio cree que está a un paso de recuperar con su política dura lo que perdió en las urnas, según cuentan visitantes habituales a la residencia de los presidentes. Nadie lo arrastró al desierto, como muchos imaginaban después de aquella caída. Más bien todo lo contrario: los gobernadores peronistas no formaron una liga para imponer condiciones al Gobierno; ahogados por el rojo fiscal, siguen atados a la ayuda que se decide en Olivos. Daniel Scioli enterró sus insinuadas rebeldías y le dio el gusto a Kirchner de anunciar que en 2011 buscará la reelección en Buenos Aires (y no la presidencia). Juan Schiaretti es el espejo en el que no quiere mirarse el bonaerense: enfrenta en Córdoba una presión sindical de tinte kirchnerista que paraliza su gestión.

Kirchner empezó a perderle el miedo a una oposición fortalecida cuando sus vencedores de junio se enredaron en peleas internas. Apenas se sintió fuerte, avanzó contra el periodismo, al que culpa por describir un país que no lo gusta. El impulso de la ley de medios fue la jugada para coronar la estrategia de dar vuelta el resultado de junio; una suerte de repechaje político. En la votación de Diputados el oficialismo reveló que podría crear otra red de aliados para mantener el control parlamentario incluso después del recambio de diciembre.

Kirchner sintió el partido ganado; el próximo objetivo sería sacar adelante las negociaciones para recuperar el crédito internacional y construir el plan de subsistencia al período presidencial de Cristina Kirchner. Ya estaba entusiasmado con una gira por el conurbano que los intendentes del PJ le organizaron a partir del martes que viene. Pero la sorpresiva resistencia de un sector oficialista a la ley de medios en el Senado encendió las alarmas. Por eso, Kirchner se bajó del avión que lo llevaría con la comitiva oficial a su querida Nueva York. También por eso, la orden destemplada a los senadores que conducen su bloque. Hay que sacar la ley sí o sí. "Si sale, les gana a todos los enemigos juntos. No puede aflojar", resumió un interlocutor de Kirchner.

La oposición que vació la sesión de Diputados entendió cuál es la apuesta: incluso cambiar un artículo (la venta compulsiva de medios en un año) podría aguar el festejo del hombre fuerte del Gobierno. Y ponerles un límite efectivo a su voluntad de poder y a su sueño recuperado de volver a la Casa Rosada o al menos de ser el gran elector en el peronismo. Es ése el otro partido que se juega detrás de la ley que podría cambiar la forma en que los argentinos se enteran de la realidad.

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