Kirchner sólo piensa en el PJ para llegar a 2011

El ex presidente comenzó ayer a librar la batalla para intentar retener el sello y el poder peronistas. Además del frente duhaldista, ya teme por los adversarios que surgen entre su tropa.
La crónica fría de lo que pasó ayer en el polideportivo de Caseros dirá que los principales dirigentes del Partido Justicialista bonaerense eligieron a José María Díaz Bancalari como presidente del Congreso provincial, que se conformaron los órganos partidarios y que se facultó a la Mesa de Conducción para conformar alianzas y elegir al candidato que presentarán en Pinamar en las elecciones de marzo del año próximo. Que levantaron las manos al unísono y que el mitin se cerró con todos entonando la marcha peronista.

Pero el de ayer no fue un Congreso más. Ni fue tan frío. Fue la primera reunión partidaria donde asomó el germen de rebeldía a los designios de Néstor Kirchner.

GOLPE. Néstor, que evalúa como clave para su futuro, y, sobre todo, para el futuro de su espacio la estrategia electoral de 2011, apostó a la muñeca y experiencia de un viejo lobo de esta lid como Díaz Bancalari, ya que el Congreso partidario deberá conducir las elecciones internas abiertas y simultáneas que se acaban de aprobar en el Congreso de la Nación.

El ex presidente cree que allí, y no en las generales, sus enemigos intentarán propinarle el golpe de gracia. Por eso considera clave ese puesto en el máximo órgano partidario provincial. Y así se lo hizo saber a sus dirigentes de mayor confianza, como el vicegobernador Alberto Balestrini y el titular de la CGT Hugo Moyano, entre otros, quienes estuvieron rápidamente de acuerdo.

Apenas Balestrini empezó la ronda de consultas, como titular del PJ provincial, se encontró con un conato de rebelión.

DESOBEDIENTES. Un grupo de dirigentes, encabezados desde las sombras por el intendente de Tigre Sergio Massa, su par de La Plata, Pablo Bruera, el de Ituzaingó, Alberto Descalzo, y el de Bahía Blanca, Cristian Breitenstein, más algunos legisladores provinciales le hicieron saber a Balestrini que preferían, en lugar de Bancalari, al titular de la Cámara de Diputados bonaerense, Horacio González.

La excusa era una supuesta "renovación de caras", pero Balestrini y, sobre todo Néstor, advirtieron que se trataba de otra cosa: independizarse de los Kirchner. El resultado: febriles negociaciones de última hora, gritos destemplados, amenazas de carpetazos y notorias ausencias. Nada extraño en el tumultuoso Movimiento Nacional Justicialista.

CONGRESO. Como en otras oportunidades, a las 9, hora de la primera citación, la mayoría de los congresales de las ocho secciones electorales no se encontraba presente en el gimnasio del CEDEM 1 de la localidad de Caseros, partido de Tres de Febrero.

Recién pasadas las 11 comenzaron a llegar los intendentes, legisladores y dirigentes del Gran Buenos Aires, y cerca del mediodía comenzó el Congreso anual obligatorio de congresales, para tratar los diferentes puntos del orden del día.

En el escenario se ubicaron las máximas autoridades partidarias: Balestrini; el gobernador Daniel Scioli; Moyano; Kirchner; el intendente de Tres de Febrero, Hugo Curto; el de San Fernando, Osvaldo Amieiro; y el de Pilar, Humberto Zúccaro.

En el estadio se mezclaron entre los congresales el ministro de Economía Amado Boudou; el titular del ANSES, Diego Bossio; el jefe de Gabinete de la provincia, Alberto Pérez; su par de Acción Social, Cacho Álvarez; de Educación, Mario Oporto; los intendentes de La Matanza, Fernando Espinoza; de Ezeiza, Alejandro Granados; de Florencio Varela, Julio Pereyra; y de Esteban Echeverría, Fernando Gray, entre otros.

YONOFUI. Pero más que enumerar los presentes, para entender lo que pasó ayer, conviene repasar a los ausentes: Massa, Bruera, Cristian Breitenstein, Descalzo, el intendente de Hurlingham, Luis Acuña, el de Merlo, Raúl Othacehé, el de Malvinas, Jesús Cariglino, y el de Berazategui, Juan José Mussi, entre otros jefes partidarios.

Para dar cierre al encuentro, tras la aprobación del balance y el informe de bloques legislativos, se escucharon los discursos de Scioli y del ex presidente, que esta vez volvió a ganar la batalla. Pero la guerra, la guerra que más le interesa y preocupa a Kirchner, recién empieza.

OPINIÓN

Leyes de la naturaleza

Damián Nabot

La ley que rige el liderazgo en el peronismo indica que el triunfo electoral y la garantía de poder definen la jefatura. Se trata de una fuerza tan poderosa como la gravedad. Pero Néstor Kirchner busca revertirla con mandobles, alianzas, discursos y favores.

Carlos Menem dominó el PJ mientras tuvo el gobierno. Cuando su ocaso asomó en el horizonte, el partido se disgregó en una federación de gobernadores con dominios geográficamente acotados. La debacle de la Alianza permitió a Eduardo Duhalde llegar a un lugar que las urnas le habían negado. Su liderazgo se enmendó desde arriba hacia abajo, en un giro inédito para la construcción democrática tradicional. Una lógica similar practicó Kirchner, que con actos de gobierno amplió el flaco 22% de los votos que lo habían llevado a la presidencia. Así elevó su aceptación hasta niveles inéditos. Pero su permanencia en el poder, el ciego enfrentamiento con el sector rural, la multiplicación de denuncias y el desgaste apresurado que caracteriza el vínculo entre los argentinos y sus gobernantes diluyeron su popularidad. La derrota de junio fue la expresión indiscutible de la caída.

El control del gobierno permite a Kirchner mantener en pie uno de los dos pilares de la ley del liderazgo del peronismo. La otra columna, la promesa de triunfo electoral, se desplomó.

Siempre cuenta, sin embargo, con la ventaja de adversarios diseminados en difusos archipiélagos.

Pero en las últimas semanas se sumaron pronósticos de tormenta en los tribunales.

Por todo ello, Kirchner no podía permitirse ayer perder el partido de la principal provincia argentina. Aunque ir contra la ley de gravedad sea cada vez más costoso.

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