Los Kirchner sólo ganan más enemigos

Por: Eduardovan der Kooy.

Un contacto de nivel con un enviado de Barack Obama derivó en un incidente político. El tema de la inseguridad jurídica desquició al ex presidente. Las expectativas de enderezar la relación bilateral se diluyen. El Gobierno resiste fallos judiciales y se enfrenta con la Corte.

Arturo Valenzuela, el enviado de Barack Obama al Cono Sur, se fue de la Argentina cargado de confusión y perplejidad. La confusión habría sido el resultado de su entrevista con Aníbal Fernández, el único contacto que mantuvo dentro del planeta kirchnerista. El jefe de Gabinete fue, en esa ocasión, un hombre amable, zalamero con Washington, distinto al que le replicó públicamente sobre la seguridad jurídica y le hizo admoniciones acerca de su trayectoria. Los acampes callejeros y el infierno ciudadano lo pasmaron a Valenzuela tanto, tal vez, como la unanimidad de críticas a Cristina y Néstor Kirchner que recogió en sus contactos políticos, empresarios y sociales.

El delegado de Obama estuvo también en Brasil y se reunió con Marco Aurelio Garcia, el asesor principal de Lula. Ese veterano es casi un calco del mandatario brasileño -que estaba en Copenhague- pero con pensamiento de vuelo propio. No sucede lo mismo con Aníbal Fernández. Valenzuela pasó por Uruguay donde vio al presidente electo, José Mujica, y a su vice, Danilo Astori. Estuvo en Paraguay con el atribulado Fernando Lugo. En esos países escuchó las palabras más autorizadas y maduró alguna idea de cada conflicto y cada posibilidad de coincidencia. Aquí no fue recibido ni por la Presidenta ni por el canciller. Los Kirchner nunca le tuvieron simpatía a Valenzuela, entre varias razones, por su procedencia chilena. Cristina sigue resentida porque todavía no obtuvo una cita a solas con Obama. Jorge Taiana anduvo la semana pasada en Dinamarca, participando en la cumbre sobre el calentamiento global .

Valenzuela se habría llevado de la Argentina la impresión de un galimatías político homérico. Deberá informarle a Obama, por ejemplo, que logró acceder al vicepresidente. Pero que Julio Cobos no pertenece al oficialismo sino a la oposición. Deberá hacerle comprender, además, los motivos por los cuales fue esquivado por el matrimonio presidencial. Los Kirchner tuvieron desde la Cumbre Iberocamericana en Mar del Plata, en el 2005, una relación entre fría y mala con la administración republicana de George Bush. Pero siempre le abrieron las puertas al secretario adjunto para Asuntos de América latina, Tom Shannon. El ex presidente hasta se animó a dialogar con Roger Noriega, un conocido anticastrista republicano y halcón de Bush.

Cristina y Kirchner no ocultaron nunca su favoritismo por los demócratas y por Obama. Celebraron su arribo hace un año a la Casa Blanca. Pero consideraron un destrato que el presidente negro diera prioridad en su agenda a Lula, Bachelet, Alvaro Uribe, de Colombia y Felipe Calderón, de México. El matrimonio jamás terminó de entender una cosa: aquel incidente con Bush no fue una cuestión circunstancial. Menos, cuando en medio del episodio se filtró el activismo desembozado y el dinero de Hugo Chávez. La afectación política golpeó a los republicanos, pero no resultó indiferente a los demócratas. Los partidos forman en Estados Unidos un sistema. Ese sistema representa, a grandes trazos, los intereses vitales de la Nación.

Tampoco el matrimonio se preocupó demasiado durante este año para que los senderos de la relación bilateral no se siguieran bifurcando. Lo que fue en su momento apenas un rumor parece ahora noticia confirmada: la primera charla telefónica que en marzo Cristina mantuvo con Obama, le sentó mal al presidente estadounidense. Dan Restrepo, el director del Consejo Nacional de Seguridad y hombre influyente sobre temas de América latina, habría pagado algún costo interno por aquella incomodidad.

El malestar se mantuvo, incluso, luego de los primeros encuentros multilaterales en los cuales Cristina pudo intercambiar gestos y fotos con Obama: el Gobierno no acompañó ninguna de las posturas de Washington -como se había conversado- ni en la Cumbre de las Américas de Trinidad y Tobago ni en la reunión del G-20 en Londres, en pleno desarrollo de la crisis económica internacional.

A ese panorama de discordias se añadió el golpe en Honduras y la crisis institucional. Valenzuela explicó en su paso por Buenos Aires que la precaria salida electoral del país centroamericano que avaló Obama y condenaron los Kirchner -Lula y el Mercosur también- no fue lo ideal pero fue por ahora lo posible. Aquel golpe contra el ex presidente Manuel Zelaya no sólo tuvo la complacencia de una parte significativa de los propios hondureños. También, de los republicanos en EE.UU., del Partido Popular en España y cierta anuencia de la Unión Europea, como la del gobierno alemán.

Las diferencias sobre Honduras quedaron reducidas a una anécdota cuando el enviado de Obama mencionó la ausencia de garantías jurídicas en la Argentina. No pareció tratarse de ningún preconcepto como opinó Aníbal Fernández: Valenzuela escuchó la misma queja de las empresas estadounidenses radicadas aquí y de la dirigencia política y económica que frecuentó en su visita.

Tal vez, el enviado haya incurrido en una comparación desafortunada e impropia. Dijo que veía ahora aquí desconfianza para los negocios a diferencia de lo que había observado en 1996, cuando visitó la Argentina como funcionario de Bill Clinton. La década de los 90, más allá de los humores, también sirvió para incubar el desastre argentino que terminó estallando en el 2001 con la caída del gobierno de Fernando de la Rúa.

Valenzuela oyó, entre muchas cosas, el relato del desgastante conflicto laboral en la empresa Kraft. Y pidió prudencia a gerentes de una transnacional que talla en el mercado informático y que estaría evaluando levantar su base en nuestro país. Otras anomalías no necesitó escucharlas. Simplemente las leyó: Guillermo Moreno, el secretario de Comercio, pretende anular la fusión de Multicanal y Cablevisión. Esa fusión fue aprobada por los Kirchner en el 2007. El 40% de Cablevisión pertenece a Fintech Advisory, un fondo de inversión estadounidense.

"Echenlo", se oyó bramar a Kirchner en su refugio de Olivos cuando se enteró de los reclamos del enviado de Obama. Nadie lo echó pero todos salieron disparados a calmar la ira del ex presidente. Así, la visita de Valenzuela concluyó transformada en un serio incidente político. Que Aníbal Fernández y Florencio Randazzo, el ministro del Interior, lo hayan atravesado con duros cuestionamientos marcaría aquella seriedad. Que Taiana haya pedido ver en Copenhague a Hillary Clinton para quejarse de Valenzuela, también. Que Héctor Timerman lo haya vinculado con los propósitos de la oposición y la derecha reflejaría la desmesura del Gobierno. El embajador en Washigton tiene como diplomático el tacto de un elefante.

Los Kirchner pueden estar desperdiciando, quizá, la última oportunidad de su tiempo para enderezar las relaciones con Washington. ¿Si no es ahora, con Obama en la Casa Blanca, con quién podría ser? Siempre existirán dificultades e intereses divergentes entre nuestro país y la primera potencia del mundo. Pero pocas veces como ahora muchas de aquellas dificultades están escondidas en el Gobierno argentino.

Mientras Valenzuela meneaba la inseguridad jurídica Aníbal Fernández desconocía un fallo judicial ligado a un viejo pleito en el gremio de aeronavegantes. No sólo lo desconoció: desde su poltrona política, arrogándose la potestad de juez, lo tildó de inconstitucional. El jefe de Gabinete impidió además la acción de la Policía en aquel gremio, ordenada por una jueza. El ministro de Justicia y Seguridad es Julio Alak. Pero se trata sólo de una formalidad. Así transcurre la vida en el planeta kirchnerista.

Ese planeta, en opinión de la jueza de la Corte, Carmen Argibay, podría terminar mutando a la Argentina en una selva. La opinión de la mujer parecería también la opinión de todo el Tribunal. Las arbitrariedades de los Kirchner vienen escalando tanto que estarían insinuando otro conflicto peligroso: el de la colisión entre el Poder Ejecutivo y el Judicial.

Tres jueces de la Corte han denunciado difamaciones en medios periodísticos afines al kirchnerismo. La provincia de Santa Cruz sigue sin acatar una sentencia del máximo Tribunal que ordenó reponer a un ex procurador. Los fallos sobre libertad de afiliación sindical parecieron refutados por los Kirchner con la participación en el acto masivo que Hugo Moyano, el líder de la CGT, realizó en Vélez. Julio Piumato, conductor del gremio de los judiciales e incondicional del camionero, también agita las aguas en torno a la Corte.

Cristina reclamó independencia a la Justicia luego de que un juez declarara inconstitucional dos artículos de la ley de medios. Los diputados kirchneristas Diana Conti y Carlos Kunkel intentan hace rato que el Consejo de la Magistratura designe juez federal a un magistrado que mal manejó la causa de los barrabrava de River y entró quinto en el concurso. Sobre él pesan denuncias de fraude en ese mismo concurso.

Valenzuela dialogó también con Alberto Fernández, el ex jefe de Gabinete de los Kirchner. ¿Quién influye sobre la Presidenta?, preguntó. "Su marido", contestó el ex funcionario. ¿Quién influye sobre el ex presidente?, varió. "La Presidenta", recibió como respuesta. ¿Quién influye sobre ambos?, insistió. "Nadie", dijo Alberto Fernández.

Los Kirchner parecerían alejarse de todo y de todos, como alejan también a la Argentina.

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