Kirchner, Scioli e intendentes, en las listas del PJ bonaerense

El ex presidente ordenó alinear a todo el peronismo de la Provincia detrás de su candidatura y la del gobernador. Busca así detener la fuga de votos hacia el peronismo disidente. Y compensar posibles derrotas en Capital, Santa Fe y Córdoba.
Todo a la parrilla". La definición más bien carnal de un operador del oficialismo revela el alcance de la última fórmula surgida del laboratorio de Olivos para las elecciones de junio. Desde la quinta presidencial, Néstor Kirchner mandó difundir que no se ha bajado de ningún sitio, ordenó que se instale la idea de una lista Kirchner-Scioli como primer y segundo candidato de la lista de diputados del peronismo bonaerense y dispuso que los intendentes del Conurbano se pongan al frente de todas las listas distritales.

Los teléfonos ardieron ayer desde temprano en la Provincia. Los diarios nacionales tenían en las portadas nada menos que al gobernador Scioli reconociendo la posibilidad de bajar a la pelea electoral, una respuesta simple al acertijo que había propuesto Kirchner horas antes en Hurlingham, cuando lo consagró entre risas como "mejor candidato". Los intendentes del conurbano supieron esa misma noche que no había sido una broma: deberían sumarse a la jugada como "candidatos testimoniales" del kirchnerismo. De ganar, asumiría en cada caso el siguiente en la lista de candidatos.

El gobernador se rodeó de los 19 jefes comunales de la poderosa tercera sección electoral, en Lanús. Con instrucciones llegadas desde Olivos, los intendentes renovaron su apoyo a la conducción de Kirchner y Scioli y pusieron por escrito su compromiso de encabezar las listas a concejales.

Los operadores recordaron que hacía tiempo no se reunía en una misma foto a toda esta gente. Vale la pena mencionar a algunos de ellos: el gobernador Scioli; el vicegobernador Alberto Balestrini; el senador José Pampuro; los intendentes de Florencio Varela, Julio Pereyra; de Avellaneda, Baldomero Alvarez de Oliveira, de Lanús, Darío Díaz Pérez; de Almirante Brown, Daniel Giustozzi; de Berazategui, Juan José Mussi; Ezeiza, Osvaldo Granados. Scioli estuvo luego en Villa Gesell, de donde se llevó igual compromiso de los intendentes de la quinta sección, de la Costa Atlántica.

La intención de Kirchner es potenciar la oferta oficialista en la provincia haciendo jugar a sus principales dirigentes. Hasta el jefe de Gabinete Sergio Massa aceptó ayer que podría encabezar él mismo la lista de candidatos a concejales en Tigre.

¿Pero cómo presentar esta maniobra de modo que no revele un síntoma de debilidad?

El kirchnerismo necesita perforar un techo en la Provincia que se ha mostrado impenetrable incluso para la candidatura de Kirchner.

Fuentes del oficialismo admitieron que el ex presidente recoge una intención de voto de 31 puntos porcentuales, con lo que aventaja por entre 4 y 5 puntos al tándem De Narváez-Solá.

La proyección de indecisos -alrededor de 15 puntos- no estaría aportando al kirchnerismo la ventaja que necesita para compensar lo que parecen seguras derrotas en el eje Córdoba -Santa Fe -Capital Federal, que hegemonizan expresiones del peronismo disidente y de la oposición.

Un trabajo de la consultora Equis, de Artemio López, sostiene que ese eje y el conurbano bonaerense aportan, por partes iguales, 50 de cada 100 votos en una elección nacional. Dice Equis: "La ventaja oficialista en el Conurbano, disminuida por su performance en el primer cordón, no alcanza a licuar su baja performance de Santa Fe, Córdoba y Capital y se constituye en esta diferencia el núcleo central de una supremacía opositora nacional". Kirchner parece haber leído este trabajo.

La jugada de Kirchner se conoce cuando parecen agotadas las posibilidades de un acuerdo con Reutemann en Santa Fe y después de que Schiaretti le cerrara las puertas a una lista única en Córdoba.

Algunos operadores de peso abrían dudas ayer sobre si la inclusión de Scioli y los intendentes en las listas oficialistas contribuirá a mejorar la intención de voto en la Provincia. O si apenas servirá para contener la línea de fuga. Los atormentaba más que nunca la posibilidad de una derrota: "Ahora sí, si perdemos, nos quedamos sin reservas", admitían.

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