Kirchner-Scioli, colapsa un padrinazgo unilateral

Por: Pablo Ibáñez

Con cuentagotas, sobre el fin de la semana la Nación giró a Buenos Aires $ 140 millones que, con extrema justeza, le permitirán a Daniel Scioli cubrir las liquidaciones de sueldos de los estatales bonaerenses. Debieron ser, por acuerdo, 244 millones.

El gobernador superó esa tormenta pero, en 20 días, volverá a contar las horas como un condenado. En adelante, el flanco fiscal -un temor recurrente que encaneció a Felipe Solá- funcionará como el tester visible de la relación entre Scioli y los Kirchner.

El padrinazgo del patagónico sobre su ex vice, relación en la que Scioli padece el síndrome del hijo obediente -del que alguna vez se benefició-, corre riesgo de colapsar. Kirchner pide todo; más que lo que el gobernador puede o quiere dar o, cree que tiene que dar.

La demora con los fondos, fue un ultimátum de Olivos con un mensaje sin eufemismos: Scioli debe encolumnarse detrás del patagónico y acoplarse a la aventura Néstor 2011. Recién entonces, Kirchner quizá contemple la opción de respaldar una reelección del bonaerense.

En suspenso

La semana pasada, el ex presidente puso en suspenso los dos pilares de reposo de Scioli: la asistencia, a tiempo y necesaria, de recursos; y el supuesto de que apañaría la postulación del gobernador a presidente o, como mínimo, para reelegir.

El primer sablazo hizo temblar el día a día. El segundo diseñó un horizonte de incertidumbre. Lo sacudió con delegar en una figura ambos roles: convertir a Alberto Balestrini en el «gerenciador» de la provincia y, en simultáneo, en su candidato para el 2011.

El vice, por ahora, orejea la crisis. Un visitante a Olivos escuchó, incluso, quejas de Kirchner contra el matancero por una contundencia que en apariencia no tuvo. Igual, a Balestrini lo puede dominar la tentación de convertirse en el Felipe Solá de Scioli.

Felipe pudo, luego de suceder de urgencia a Carlos Ruckauf, construir su candidatura a gobernador. Pero Balestrini ve un tablero diferente: asume, por mensajes directos, que Scioli no considera siquiera la chance de dejar anticipadamente el Gobierno.

La hipótesis de que en diciembre podría asumir como diputado fue ayer rechazada desde el entorno íntimo del gobernador. Se usó una frase que hace tiempo acuñó Alberto Pérez: «Nosotros trabajamos para un proyecto de ocho años en la provincia de Buenos Aires».

La teoría del «garante», que este diario relató el lunes pasado, requiere de una figura como Balestrini. Así ocurrió en los últimos meses del mandato de Solá. Kirchner punteaba al gobernador y mandaba a hablar con Florencio Randazzo, por entonces ministro de Gobierno.

Subordinación

El vice, por ahora, no quiere oficiar de maldito. Scioli, en tanto, empezó a decodificar que -una vez más- aceptará los mandatos y condiciones impuestos por Olivos. Espera verse en estos días con el ex presidente para, soldado leal, ponerse a su servicio.

¿Alcanzará para preservar el padrinazgo unilateral de Kirchner hacia Scioli? El patagónico tomó como libreto que la gestión del gobernador fue el factor determinante en la derrota y detectó, además, algunos flancos en la administración sciolista.

Se topó, sin embargo, con una extraña solidaridad de los caciques del PJ hacia el gobernador. No porque despierte pasiones sino porque los intendentes -salvo excepciones como Pereyra, Gutiérrez e Ishii- se sienten más cerca de Scioli que de Kirchner.

El miércoles, luego de la cena en Tres de Febrero, brotó una humorada. «Ahora, en las elecciones de octubre, los vamos a matar a votos», bromeaban, con un dejo de angustia, alcaldes y diputados. Una ironía sobre la cerrazón de Kirchner al ver que se votó, y se perdió, el 28 de junio.

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