Kirchner, Scioli, Cobos y los supra-partidos gravedad cero

El paso de las alianzas y coaliciones por la vida política argentina reciente ha tenido, en la mayoría de los casos, un desarrollo efímero que no trasciende mucho más allá de los compromisos electorales.
Evidentemente, el caso más palpable por estos días es el de la Concertación Plural que inició su proceso de desintegración ocho meses después de haber arribado al poder, apenas Julio Cobos tuvo en el Congreso la obligación de definir la suerte de un polémico proyecto del Ejecutivo. Claro que no es el único.

Desde la Alianza UCR-FrePaSo, pasando por las diferentes versiones de coaliciones de izquierda, centro y derecha, nacionales y distritales que vio nacer la última década, sus caminos terminaron, mayormente, en la disolución. En ocasiones llevándose consigo a las propias fuerzas que las integraban o dejando apenas residuos testimoniales (Nueva Dirigencia y Acción por la República, son muestra de ello). Algunas, luego de experimentar los problemas de convivencia que representan gobernar o legislar en conjunto. Otras, directamente, tras el paso por las urnas.

Estas formaciones políticas han llevado, incluso, a peleas y escisiones en el propio núcleo de las fuerzas integrantes, como puede apreciarse en el peronismo, el radicalismo, el socialismo, el ARI y Recrear. Sin embargo, la misma dinámica del sistema las regenera. Se originaron ante la necesidad de agrupar fuerzas en pos de un objetivo. Y tras la debacle de 2001 y la crisis de los partidos, se convirtieron en un método de subsistencia. Claro, ahora no con un partido como faro, sino con una figura política en el centro del sistema.

Así, a la implosión de una fuerza le sigue, casi automáticamente, un reagrupamiento en torno a una nueva estrella. Es la que atrae a los planetas y los cuerpos que se desprendieron de otras formaciones. Como lo hizo Néstor Kirchner con éxito hasta no hace mucho. Como lo hizo Elisa Carrió bajo la bandera de la Coalición Cívica. Como lo hizo Roberto Lavagna sin suerte con los radicales. Como lo hizo Mauricio Macri a nivel distrital en las últimas elecciones. Y como lo intenta hacer ahora Cobos con su “Consenso Federal”, una especie de supra-partido que, paradójicamente, no tiene partidos aún. En definitiva, una unión de fuerzas en torno a la protoestrella que se atisba en el firmamento político. Habrá que ver cuál de todas tiene mayor poder gravitacional para atraer a los planetas que buscan calor en ese espacio. Y cuál de esos planetas, a su vez, es el más apto para contribuir a la necesidad de subsistencia.

Tal vez sea por esa razón que orbita en alguna mente K la idea de forzar una reforma constitucional bonaerense y con ello una candidatura de Daniel Scioli a convencional, que acompañe el año próximo la boleta de postulantes oficialistas a Diputados en el principal distrito electoral del país.

Al fin de cuentas, se trata de ver quien pesa más a la hora de sumar voluntades políticas a su sistema y lanzarse así hacia el objetivo buscado: la adhesión popular en las urnas.

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