Kirchner se reunió en secreto con la "zurda loca" del subte para negociar

Kirchner se reunió en secreto con la "zurda loca" del subte para negociar
"Pueden parar dos meses seguidos que yo no los voy a reprimir", prometió para solucionar el conflicto que puede bloquear la Ciudad. Pero les advirtió que, para no romper con Hugo Moyano, no les otorgará la personería gremial.
La reunión fue el miércoles último en la residencia de Olivos. Sólo veinticuatro horas después del paro total del cuerpo de delegados de Metrovías que reclama fundar un sindicato autónomo de la UTA. Ese día, Néstor Kirchner se cansó de ver por televisión los reclamos de un sector que no sólo no le responde ni le debe nada, sino que además tiene la capacidad de paralizar la ciudad de Buenos Aires. Con la mayor discreción posible, el ex presidente convocó a tres representantes de los trabajadores de subterráneos para plantearles una negociación y, sin proponérselo, confesarles también su debilidad.

Llegaron en un auto con vidrios polarizados acompañados por un dirigente social que reporta al matrimonio presidencial. El encuentro se prolongó durante una hora. Pero de los tres delegados, dos ingresaron a la Quinta Presidencial y sólo uno se reunió en privado con el santacruceño. La selección no fue antojadiza: el ex presidente evita siempre que haya más de un testigo en las citas que concreta. Por eso, Kirchner estaba acompañado por un funcionario de su indudable confianza. La información fue confirmada por fuentes del oficialismo y del cuerpo de delegados.

El diputado electo inició el diálogo con una promesa que buscó establecer un marco de confianza. "Pueden parar dos meses seguidos que yo no los voy a reprimir", aseguró. La decisión que, apenas dos días antes, había tomado el gobierno que encabeza su esposa lo desmentía. El lunes pasado, el Poder Ejecutivo acordó una estrategia con Metrovías para declarar al subte como servicio básico esencial, equiparando a ese medio de transporte con el servicio que prestan los trabajadores de los hospitales. Con esa decisión, la Justicia podría hallar elementos para declarar ilegal el paro y forzar su prestación.

Pero la medida de fuerza se llevó a cabo, una vez más, sin fisuras y Kirchner terminó de asimilar que, para resolver ese conflicto, debía intervenir él. Pese a que enfrentan a la concesionaria, a la UTA, a la administración Macri y al gobierno nacional, el cuerpo de delegados que tiene casi 10 años de antigüedad puede dejar varados nada menos que a un millón y medio de personas. Kirchner buscó mostrar que la intransigencia estaba del lado de los empleados que buscan el reconocimiento gremial de la nueva Asociación Gremial de Trabajadores del Subterráneo y el Premetro. "Ustedes quieren 10 de 10 y yo no puedo darles eso". El oficialismo promete que obligará a la UTA a que dé marcha atrás con el descuento compulsivo del uno por ciento que el sindicato cegetista les cobra a los trabajadores del Subte desde el mes pasado. Pero eso es apenas un primer paso y está muy lejos del reclamo principal. "No puedo pelearme con la UTA en este momento, es un gremio que tiene 90 años de historia", reconoció Kirchner. Pese a las diferencias que mantiene su titular, Roberto Fernández, con el jefe de la CGT, Hugo Moyano, el gremio de colectiveros forma parte del andamiaje sindical que respalda al camionero.

El santacruceño sostuvo que un acuerdo antes de fin de año les conviene a todos. "Durante los meses de enero y febrero, un paro tendría la mitad de la incidencia que tiene hoy", argumentó. Un día después de la reunión en Olivos, llegó el llamado del Ministerio de Trabajo para que los representantes se presenten mañana a las 18 en la sede de su cartera.

En un nuevo encuentro en busca de acercar posiciones, el ministro de Planificación, Julio De Vido, les dijo algo similar ayer a dos de los delegados más representativos del Subte: "Les doy todo lo que quieren menos la inscripción ahora".

El ex presidente pareció asimilar una frase que uno de los delegados pronunció en conferencia de prensa esta semana. "Metrovías puede estar hoy, pero mañana no. En cambio, nosotros siempre vamos a estar".

Pese a que no cuenta con el reconocimiento legal del Ministerio de Trabajo, el sindicato funciona formalmente desde hace tiempo. Los afiliados al gremio tienen 81 delegados electos, hacen un aporte voluntario a modo de cuota sindical y se reparten en comisiones de trabajo, como las de Higiene y Seguridad, Salud y Seguridad Laboral y Formación y Cultura.

La cita con los metrodelegados fue parte de un intento de los Kirchner por diferenciarse de la ortodoxia cegetista que define como "zurda loca" cualquier intento de organización que prescinda del sindicalismo empresario. También lo fue el freno de Cristina a la marcha que había convocado la CGT para el viernes próximo.

El paro del subte es apenas la expresión más visible de una conflictividad que, imprevistamente, desborda al kirchnerismo por izquierda. Como confesó el jueves el ex presidente en un encuentro en Olivos con Hugo Moyano, Julio Piumato y Omar Viviani. "Estábamos preparados para pelearnos con la derecha y ganarle, pero no estamos preparados para pelear con los grupos de izquierda". No se trata de una cuestión ideológica o de principios sino de un análisis cantado del escenario actual. Kirchner tiene claro que el barco de los candidatos neoconservadores hacia 2011 ya zarpó y está lleno. En los últimos siete días, la encrucijada del kirchnerismo se tornó más clara que nunca. La pareja presidencial pretende construir una alianza con sectores de centroizquierda de cara a 2011. De hecho, esta semana el ex secretario de Cultura de Kirchner, José Nun, consideró que no es descabellado pensar en una fórmula que reúna al santacruceño con el socialista Hermes Binner. La paradoja es que los pilares de la gobernabilidad kirchnerista son los intendentes del conurbano y la dirigencia de la CGT, sectores que en su mayoría sufren urticaria cuando ven avanzar a "la zurda" y que, en muchos casos, ven que su ciclo político y biológico se va acabando.

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