Kirchner: "Hay que restructurar al empresariado argentino"

Defendió el modelo de desarrollo de la industria. Y pidió lugar para las pymes.
En la recta final hacia el 28 de junio, Néstor Kirchner se desplega como un pulpo para abarcar el conurbano.

Ayer, después de premiar con cuatro TV de plasma al plantel de Racing, tuvo doble función de campaña. Por la mañana, aterrizó en el Parque Industrial que funciona en los viejos terrenos de la metalúrgica La Cantábrica, en Morón, donde volvió a plantear con fuerza su defensa del desarrollo industrial nacional, en especial, el de las PyMes.

"Hay que restructurar al empresariado argentino para que no sea manejado por tres o cuatro capangas sino por todos los empresarios, sobre todo los pequeños y medianos", arengó rodeado por una decena de éstos últimos, que tienen sus fábricas en ese complejo industrial. Y prometió que el demorado Consejo Económico y Social servirá para avanzar en esa dirección que "garantice el crecimiento de la Argentina".

No estuvo acompañado esta vez por el intendente local. Es que, a pesar de que fue tentado por el Gobierno, Martín Sabbatella prefirió mantenerse independiente del kirchnerismo y jugarse a la diputación junto a disidentes del oficialismo. Por eso, además de los infaltables Florencio Randazzo y Héctor Icazuriaga, se pasearon junto al ex presidente el gerente general del ANSeS y primer candidato a concejal, Juan Zabaleta (que llegó junto a su jefe, Amado Boudou), y la diputada Juliana Di Tullio, una K de pura cepa que va por su reelección.

La comitiva se movió entre las fuentes metálicas de Campagna, las bolsas de plástico de Romi Pack y los pistones de Fasten. Al salir de uno de los galpones, Kirchner volvió a prometer que no habrá sacudones en la cotización del peso después de las elecciones.

"Les garantizo que hay responsabilidad y que la Argentina nunca estuvo tan seria y solvente. No hay ninguna posibilidad de devaluación", subrayó el ex presidente, cerca del titular de la UOM, Antonio Caló, que a esa hora amenazaba con un paro para hoy si no se llegaba al acuerdo que se alcanzó por la tarde.

En un momento, Kirchner tomó distancia y se acercó a unos operarios. "Si Caló no les consigue el aumento, se los consigo yo", bromeó con los operarios, generando una inmediata algarabía.

Por la tarde, se atrasó su visita a Maquinista Savio, una de las localidades más postergadas del partido de Escobar, y debió suspender la caminata programada. Un rato después de las 19, cuando ya había visitado la Escuela de Educación Técnica 3 y subió a un escenario al fondo de la calle Ruiseñor, fue el gobernador Daniel Scioli quien proporcionó alguna pista sobre la demora, inusual aun en alguien como Kirchner. "A pesar de que está un poco resfriado, le agradecemos su presencia", dijo.

La calle Ruiseñor parecía un sambódromo de invierno. Allí, frente a 5.000 personas, Kirchner volvió a disparar contra su rival, Francisco De Narváez: "Estamos dando esta batalla contra el pasado, contra quienes fundieron el país, lo vendieron y ahora se disfrazan. Pero son lo mismo". Y agregó entre sus contrincantes a los "espacios mediáticos para proyectos que nada tienen que ver con el pueblo argentino".

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