Los Kirchner rehacen un polo de poder para la transición y después

Por: Eduardo van der Kooy

Néstor y Cristina Kirchner están empeñados en armar un rompecabezas político nuevo. Un sistema que le permita, de modo simultáneo, dos cosas: sostener un Gobierno que sufre de anemia severa en su relación con la sociedad; sacarle máximo provecho parlamenrtario a la transición que concluirá en diciembre y acotar a futuro el valor que podrían tener en el Congreso las mayorías opositoras en Diputados y el Senado.

Aquella intención del matrimonio presidencial afloró, definitivamente, en las últimas semanas. Kirchner venía insinuando que su refugio político sería el PJ bonaerense, al cual había tildado de traidor con los primeros calores de la derrota. Ya no se trataría sólo de un refugio: el ex presidente echa con frecuencia mano a la cantera de dirigentes de Buenos Aires para adosarle a las gestiones de Daniel Scioli y de Cristina. La cantera de Santa Cruz, que alimentó seis años de su tiempo, parece haber entrado en extinción.

Veamos dos casos. El ex presidente forzó la renuncia del ministro de Asuntos Agrarios de Buenos Aires, Emilio Monzó, e hizo designar en su lugar a Ariel Franetovich, intendente de Chivilcoy. Luego de muchos cabildeos despidió también al secretario de Agricultura de la Nación, Carlos Cheppi. Lo reemplazará Julián Domínguez, ex intendente de Chacabuco y actual vicepresidente de la Cámara de Diputados bonaerense.

Dominguez es un hombre ligado al universo del agro. Pero para este momento de los Kirchner no sería esa, tal vez, su virtud principal. Se trata de un dirigente arraigado en el viejo sistema del PJ bonaerense que responde, además, a un hombre que después de mucho bregar se ganó un lugar en el corazón kirchnerista: Aníbal Fernández, el nuevo jefe de Gabinete.

La otra pata del nuevo esquema esbozado por Kirchner habría comenzado también a posarse en el Congreso. Hubo una demostración el miércoles a la noche durante el debate y la aprobación de las Ley oficial de Medios. El ex presidente ha dejado de extrañar al PJ disidente que partió al ritmo del conflicto con el campo. Ese vacío comenzaron a ocuparlo en los hechos sus aliados, en especial la centro izquierda.

La Ley oficial de Medios pareciera sólo la frutilla de un postre que se vino cocinando desde hace rato. Desde la primera colisión grave que sufrió el Gobierno de Cristina con la resolución 125. Desde entonces pasaron con la anuencia de la centroizquierda la estatización de Aerolíneas Argentinas y de los fondos del ANSES, el adelantamiento electoral y también las facultades delegadas, mas allá de algunas condiciones que logró imponer.

Habrá que adjudicarle alguna astucia a Kirchner al haber descargado una bateria de temas que suenan como siempre una melodía cautivante para la centro izquierda. La melodía no les permitiría, al parecer, escuchar con atención cada recitado. Claudio Lozano, el diputado de Proyecto Sur, aliado del oficialismo, fue en ese aspecto transparente: "Acá sólo se está votando una ley. No puede haber ningún juicio sobre el Gobierno de los Kirchner", opinó acerca de la Ley oficial de Medios. Justificó así el apoyo al proyecto y la desaprobación a la decisión opositora de no votar y abandonar el recinto.

Volvemos con la melodía. ¿Puede una ley, como la que se aprobó en Diputados, interpretarse encapsulada del contexto político general?. ¿Podría fiarse en la buena intención de un Gobierno que, desde que asumió Cristina, produjo una serie de defraudaciones políticas?. ¿Podría mantenerse indemne la confianza luego del trámite repleto de sospechas que siguió aquella ley?. ¿Podría desprenderse de la realidad general una ley que versa sobre la libertad de expresión, el derecho a la propiedad y los derechos adquiridos?. O es, en efecto, aquella melodía kirchnerista la que termina provocando sordera o la centro izquierda ha perdido en esta época la capacidad de análisis global que supo caracterizarla aquí y en cualquien rincón del mundo.

En esa geografía no habitaba, hasta ahora, el socialismo. Pero su acrobacia de las últimas horas sobre la Ley oficial de Medios lo acaba de dejar en el mismo sitio. Nueve de los diez diputados que rechazaban hasta el lunes el proyecto terminaron depositando su voto favorable. Los socialistas forman parte del Acuerdo Cívico y Social, junto a Elisa Carrió y el radicalismo. Con esa misma entente enfrentarán las elecciones de autoridades provinciales en Santa Fé el próximo domingo 27. Para alegría de los Kirchner ese agrupamiento parece cada vez mas lejos de su subsistencia.

El socialismo empieza a sufrir la sensación de vértigo que producen los grandes escenarios. Santa Fe tiene serios problemas financieros que podrían condicionar las conductas políticas en el orden nacional. Y esos condicionamientos, o su suposición, traerían consecuencias.

El socialismo creció en Santa Fé combatiendo a Carlos Reutemann y al PJ por su hipotética connivencia con los Kirchner. Ahora parecen encerrados en la misma trampa. No sólo deberán explicar la voltereta en la votación sobre la Ley de Medios. También, el manso tránsito que María del Carmen Alarcón hizo desde la administración de Binner a un sillón contiguo al de Aníbal Fernández.

Los votos socialistas le imprimieron a la aprobación de la Ley oficial sobre Medios una contundencia que, tal vez, se hará sentir en el Senado. De hecho, el voto habitualmente opositor de Rubén Giustiniani dejará de serlo. Aunque ese cambio no constituye ningún epílogo para el desarrollo que la ley tendrá en esa Cámara.

En el Senado impera un clima de resistencia política mayor a los Kirchner que en Diputados. No ocurre sólo por la presencia de Julio Cobos. El vicepresidente quiere una discusión amplia de la ley pero no desea convertirse en razón de ninguna provocación. Rechazó una idea --por imposible-- que le arrimó un empinado dirigente peronista: que no reemplace a la Presidenta cuando viaje a Estados Unidos y Venezuela y timonee el andar del proyecto.

Cobos pretendería enviarlo a no menos de cinco comisiones. Podrá hacerlo si Diputados lo remite antes del martes. Después quedará a cargo del Poder Ejecutivo. El Presidente de esa Cámara, Ricardo Fellner, advirtió que habría que evitar cualquier suspicacia. Imposible a esta altura y con los episodios que sucedieron a la vista.

Comentá la nota