Kirchner redobla su presión sobre Scioli

El gobernador sufre demoras en los fondos; reproches cruzados
Daniel Scioli se encerró el fin de semana a hacer cuentas para intentar salvarse del derrumbe. Apuró el estudio de impuestos nuevos, pidió recortar gastos, garabateó recetas caseras para llegar a fin de año. Los números no cierran.

"Necesitamos más apoyo", se aflige entre sus íntimos. Esta semana estuvo a horas de desdoblar el pago de sueldos. El Gobierno mantenía trabada una asistencia de 244 millones de pesos y él se hundía en lamentos. El depósito apareció a un paso del precipicio.

En despachos bonaerenses suspiraron con una queja común: "No era una suma extraordinaria. El Gobierno puso 400 millones sólo para el fútbol. ¿Por qué nosotros tenemos que sufrir tanto?".

La respuesta a tanto "sufrimiento" ya circula con nombre y apellido. Peronistas bonaerenses, legisladores e intendentes del conurbano ofrecen la misma explicación: Néstor Kirchner y su renovado interés por "controlar" la provincia. Una obsesión que agiganta el drama económico provincial. Y que complica el futuro político del gobernador.

Lo saben los que frecuentan al ex presidente en Olivos, donde desgrana teorías sobre las razones de la derrota electoral del 28 de junio. Analítico, se detiene en "las secuelas de la economía internacional", el "avance de la inseguridad" y "la gestión de Daniel, que es mala". La noticia llegó a oídos del gobernador hace una semana, justo cuando empezó a reclamar asistencia financiera.

Los que mejor conocen la lógica kirchnerista interpretaron el mensaje: "A Néstor lo obsesiona tener el dominio". Una máxima que incluye a Scioli.

En Olivos no comulgan con sus reuniones con Eduardo Duhalde y Roberto Lavagna. Tampoco con sus intentos de "abroquelarse" con los intendentes en la provincia. Desconfían de su acercamiento con la Iglesia. Y mucho menos aceptan sus coqueteos con los enemigos dilectos del matrimonio presidencial: el campo y los medios.

El patagónico hizo muecas de desprecio cuando el gobernador insinuó que iba a respaldar reclamos del sector agropecuario. La Presidenta ninguneó sus pedidos cuando lo recibió en la Casa Rosada. El ex presidente después se infló de ira cuando se enteró de que el gobernador y sus allegados mantenían reuniones reservadas con empresarios periodísticos, incluidos los del grupo Clarín.

En la gobernación ahora les restan trascendencia, en medio de los gritos de auxilio financiero. "Scioli escucha a todos. Se reúne con todos. Siempre lo hizo. No significa nada", justificó un hombre de su círculo íntimo.

El propio gobernador sumó otros gestos políticos más directos, por las dudas. La semana pasada respaldó en público el veto presidencial a la ley de emergencia bonaerense, que suspendía las retenciones a la mayoría de los distritos de la provincia. Y el jueves pasado fue uno de los tres gobernadores que aplaudió la presentación del proyecto para la nueva ley de radiodifusión. Al día siguiente apareció el depósito con los 244 millones del Programa de Asistencia Financiera. El Gobierno justificó la demora en "problemas administrativos".

En la gobernación temen caer en la misma zozobra cada fin de mes. Sólo para estar al día con los salarios, la provincia necesitará antes de diciembre 2250 millones de pesos.

En el momento más tenso de los últimos días hasta llegó a propagarse la hipótesis de que el ex presidente había elegido al vicegobernador Alberto Balestrini como nuevo interlocutor político y financiero. Y que así apostaba a recuperar "el control" bonaerense, camino a las próximas elecciones presidenciales, con el sueño de ver a Scioli en diciembre ocupando su banca de diputado nacional.

En La Plata se deshicieron en desmentidas, pero la sola versión todavía se desparrama en la provincia, sobre todo entre los intendentes del conurbano, que sienten acrecentar su capacidad de influencia cada vez que pueden mostrar que al gobernador lo acecha algún peligro político.

Cuentas en crisis

El mandatario provincial, mientras tanto, sigue haciendo cuentas, entre presiones, recelos y sospechas.

A los problemas salariales se les suman un déficit asfixiante (5500 millones de pesos) y las deudas crecientes con los proveedores. Un ejemplo reciente: parte de los empresarios que abastecen a los comedores escolares provinciales anunciaron que harán un paro en los próximos días si no cobran los cuatro meses que les deben. Quejas similares se acumulan en casi todas las áreas.

También resuenan en los ministerios los reclamos de ayuda de los municipios en rojo, que otra vez se preparan para protestar: ahora dicen que "está bajando la coparticipación".

El gobernador se cansa de pedir que, por favor, lo dejen emitir un bono en el mercado local para obtener recursos. Ruega que el Gobierno suspenda la ley de responsabilidad fiscal, que prohíbe el financiamiento a las provincias para gastos de funcionamiento.

Y, en la soledad de su descanso de fin de semana, estudia el lanzamiento de su último paquete fiscal, que incluirá aumentos en el impuesto inmobiliario para 150.000 contribuyentes y nuevos gravámenes a la herencia, a la carga y descarga en los puertos, y a los sellos de compraventa de autos usados.

Así y todo, a fin de mes, tendrá que volver a hacer cola para suplicar asistencia, una vez más, en las problemáticas ventanillas de la quinta presidencial.

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