Kirchner recurre en la campaña a los viejos tics de Menem y Cavallo

Por: Eduardo van der Kooy

No hay originalidad todavía en el amanecer de la campaña electoral. La oposición, absorbida en estos días por la compleja tarea de la confección de listas de candidatos, sólo mantiene como reflejo político la crítica contra todo lo que provenga del poder. El poder, ensimismado por la votación de junio, casi no hace cosas que no merezcan ser criticadas.

La única gestión cotidiana que se nota en el Gobierno tiene que ver con imponderables desgraciados y con políticas defensivas. Tal vez haya pasado lo peor de la epidemia del dengue, pero está al acecho ahora la gripe porcina importada de México. La ministra de Salud, Graciela Ocaña, va y viene y ayer, por primera vez en todo este tiempo, consiguió un contacto personal con Cristina Fernández. En la ocasión anterior había hablado con ella por teléfono para informarle sobre su concurrencia al Senado.

Cristina debutó con un gesto de campaña. Recibió en la Casa Rosada a la actriz Nacha Guevara en compañía de Daniel Scioli. Nacha integrará la lista de diputados en Buenos Aires en el tercer lugar, después del ex presidente y del gobernador.

Todo lo que la Presidenta no hace lo hace Kirchner. El ex presidente va pisoteando con una perfección envidiable cualquier estrategia de campaña y, además, muchas de las cosas públicas y privadas que dijo mientras ejerció como primer mandatario. ¿Cuáles? Que soñaba con convertir a la Argentina en un país normal. El único período electoral comparable por su anormalidad con el actual fue el del 2003, justamente cuando se coronó presidente. Casi se trató de una interna peronista, el ganador en la primera vuelta -Carlos Menem- no se presentó al ballottage y Kirchner, con el 22% de los votos, se coronó Presidente.

La anormalidad presenta ahora un menú generoso. Un imprevisto anticipo electoral para junio de elecciones programadas para octubre. Las candidaturas de cientos de intendentes y funcionarios y hasta de un gobernador que jamás asumirán. La batuta de Kirchner que dos veces, en dos días, (anoche en San Nicolás) auguró el caos para la nación si los resultados de junio llegaran a ser adversos. ¿Sólo un augurio o también una amenaza artera y velada?

Kirchner había declarado varias veces como Presidente que la Argentina no podía estar sujeta de nuevo a flagelos de ese tipo. Un argumento que, en especial, blandió durante las legislativas del 2005 que ganó con comodidad. Algo cambió en su manera de pensar o, quizás, sus planes políticos no han tenido el éxito que imaginó. De hecho no lo tuvieron: es difícil explicar que un Presidente que disfrutó de seis años de crecimiento económico deba recurrir a esas invocaciones extremas para ganar con miedo el voto de la sociedad y para disciplinar a un peronismo que desde hace más de un año se le viene desgranando.

Aquellas invocaciones suelen constituir un mal presagio aunque, a veces, rindan fruto en corto tiempo. Con la apelación al miedo y al caos -y una oposición frágil- Menem obtuvo la reelección del 95 y su ministro principal, Domingo Cavallo, arrancó infinidad de leyes en el Congreso hasta que fue despedido en 1996. El ex presidente repitió la fórmula en el 97, pero ya no le sirvió. La victoria de la Alianza marcó el inicio de su agonía. Cavallo hizo alarde de una omnipotencia similar cuando volvió al poder con Fernando de la Rúa, pero se terminó hundiendo con esa administración.

Kirchner tiene, como tuvo alguna vez Menem, el hándicap de que a la oposición todavía le falta madurar. Pero puede estar adelantando el porvenir, uno parecido al que terminó sellando la historia menemista.

Los arrebatos del ex presidente difícilmente le hayan caído bien a Scioli. El gobernador aspira a una campaña diferente y a un mensaje conciliador. No piensa que si los Kirchner no salen bien parados en junio sobrevendrá el diluvio. Quizá, sí, se pueda complicar su proyecto presidencial.

Kirchner repitió la teoría del supuesto caos, con seguridad, porque desde sus entrañas le arrojaron una daga. Alberto Fernández dijo que si el vaticinio del ex presidente fuera cierto, su gestión y la de su esposa habrían fracasado. Kirchner atizó fuego todo el día en Olivos -mandó a Carlos Kunkel a replicar al ex funcionario- y lo liberó en San Nicolás.

Pudo existir en esa reacción una dosis de enojo, pero también la aceptación no consciente de una incapacidad: los Kirchner conocen poco de gobernar la adversidad, cuando se requiere más templanza, más ductilidad, más ingenio y, sobre todo, sentido común.

Comentá la nota