Kirchner se recuesta en brazos del aparato en el GBA y De Narváez espera una ola opositora

Kirchner se recuesta en brazos del aparato en el GBA y De Narváez espera una ola opositora
Por Fernando Gonzalez

Ya está. Es difícil que Néstor Kirchner o Francisco de Narváez, los dos candidatos a los que la mayoría de las encuestas les asignan chances de ganar la definitoria elección de la provincia de Buenos Aires, puedan aportarle sorpresa a sus campañas.

El ex presidente se va a dedicar a reforzar sus posibilidades marcando de cerca a los sinuosos intendentes del conurbano bonaerense que controlan el aparato justicialista provincial y el diputado de Unión-PRO buscará que la ola de voluntades que viene recogiendo en los segmentos de clase media y media-alta pueda extenderse a las capas más sufridas del GBA, donde se siente más fuerte el kirchnerismo.

Es una batalla de suma cero. Donde uno de ellos recoge lo pierde el otro. Kirchner deposita buena parte de su capital político en el aparato bonaerense pero -hombre desconfiado al fin- busca también que sus votos no queden atrapados sólo en el segundo cordón del Gran Buenos Aires. Créditos hipotecarios, facilidades para el campo y hasta el anuncio de algunos beneficios para los militares van en esa dirección. "Eso es gastar pólvora en chimangos", dice uno de los estrategas K que se muestra crítico de esa estrategia. Son varios los kirchneristas que prefieren concentrar todo el esfuerzo en los sectores de clase media baja, adónde creen que no llega el mensaje de fuerte contenido marketinero que despliega De Narváez.

Disfrutando de una posibilidad que muchos de ellos no imaginaban hasta hace poco tiempo, la amalgama de macrismo y peronismo antikirchnerista que sostiene a De Narváez confía en que los aires de cambio que sus encuestadores creen advertir en los diferentes pliegues de la sociedad bonaerense alcancen para ganarle a Kirchner. A ese efecto, al que llaman "la ola", es más fuerte en el interior de la provincia y en los bolsones más acomodados del primer cordón del GBA, pero intentan que se contagie hacia el conurbano más profundo.

Los ímpetus del oficialismo nucleado en torno al ex presidente y la persistencia de la alianza opositora que rodea a De Narváez han ido minando las posibilidades de la coalición que encabeza Margarita Stolbizer. Los recelos y las recriminaciones entre sus integrantes (sobre todo las de Margarita y algunos radicales con Julio Cobos) opacaron por caso el enojo de Kirchner con José "Pepe" Scioli (quien había criticado el cerco judicial sobre De Narváez) y también la guerra de celos que hasta hace semanas desangraba a los candidatos de Unión-PRO.

Desde la Quinta de Olivos, Kirchner comanda como si fuera un general en operaciones un cuidadoso esquema de responsabilidades que hace recaer la ingeniería de la elección bonaerense en una treintena de intendentes que gobiernan municipios populosos. "Si ellos cumplen el plan, ganamos por no menos de seis puntos", les insiste Kirchner a sus colaboradores. Daniel Scioli, obligado por su candidatura testimonial a matar o a morir junto al ex presidente, repite la misma frase y el mismo porcentaje.

Ironías del destino, Kirchner también apuesta todo su capital político a que la elección del 28 de junio imite las mejores perfomances electorales de Carlos Menem. En Olivos, a pesar de que todos hacen gárgaras diarias de antimenemismo, se comparan estos comicios con los de 1995 en los que Menem le sacó casi 20 puntos de diferencia al tándem José Bordón-Chacho Alvarez. "Hubo mucho voto vergonzante para Menem que no aparecía en las encuestas y esta vez también lo va a haber para nosotros", confían.

El analisis es diferente entre los colaboradores de De Narváez. Allí se compara esta elección con la de 1997, en la que los encuestadores recién advirtieron pocas horas antes del comicio que la ola opositora al menemismo que encarnó Graciela Fernández Meijide superaba el muy buen control del aparato bonaerense que tenían Eduardo Duhalde y su esposa, la entonces candidata Hilda "Chiche" Duhalde.

Como en un efecto espejo, Kirchner y De Narváez se han copiado algunas de las técnicas de campaña. Mientras critica la fuerte estrategia publicitaria de Unión-PRO, el oficialismo ha desplegado ahora una campaña impresionante de avisos en TV que complementa con publicidad de la AFIP y de varios ministerios que multiplica el mensaje electoral del kirchnerismo.

Y si Kirchner pone a prueba la eficacia del aparato político en el conurbano, Unión-PRO también cuenta con algunos dirigentes del peronismo alejado de Kirchner que también buscan compensar ese voto cautivo con sus propios manejos personales en algunos distritos del GBA. Sobre todo allí donde la vigilancia electoral K no es tan estrecha o donde los intendentes juegan directamente a dos puntas.

En esta semana, Kirchner y De Narváez cuentan con diferentes encuestas que avalan tanto la estrategia del aparato K como de la ola subterránea opositora. Pero la encuesta que nunca falla se conocerá recién el domingo a la noche cuando la mitad de todos estos argumentos vayan a la basura.

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