Kirchner quiso sumarse al acto, pero le pidieron que no fuera

Kirchner quiso sumarse al acto, pero le pidieron que no fuera
Lo intentó a último momento; los líderes gremiales prefirieron no "mezclar los tantos"
A las 10 del jueves, cuando las columnas sindicales empezaban a avanzar hacia la avenida 9 de Julio, se hicieron presentes, en el palco montado por la CGT, representantes de la Secretaría de Inteligencia. ¿La intención? Según confiaron a LA NACION altas fuentes de la cúpula gremial, querían consultar a los organizadores qué arteria sería posible abrir para que pudiera acceder el vehículo que trasladaría al lugar a Néstor Kirchner.

Fue el encargado de la seguridad del acto y mano derecha de Moyano, Jorge Omar Viviani (peones de taxis), quien desalentó esa posibilidad ante los emisarios. Una versión indicó que Moyano había llamado a Kirchner para expresarle su desacuerdo.

Otro dirigente de estrecha confianza de Moyano fue terminante con LA NACION: "Una cosa es que organicemos un acto donde se mencionen las conquistas obtenidas por los gobiernos de Néstor y de Cristina Kirchner, y otra es que Néstor se quiera apoderar del acto. No hay que mezclar los tantos. Esta era una movilización sindical por el Día del Trabajo", dijo el dirigente.

La vinculación de Moyano con Kirchner estaba dada de antemano, por las concesiones que aquel recibió como jefe del gremio de los camioneros y por su puesto de relevancia en el PJ, en el que ejerce como vicepresidente segundo en el orden nacional.

Aunque se dijo que no se quiso vincular al acto con el Gobierno (lo que fue imposible por el público y por el explicito respaldo de Moyano), en realidad, los organizadores pretendían cuidar las formas y que ningún dirigente del oficialismo subiera al palco, a excepción del consejo directivo de la CGT. Por eso, al diputado ultrakirchnerista Carlos Kunkel se le dijo sutilmente que mirara el acto desde abajo. Eso no mortificó al legislador, que dijo a LA NACION: "Vengo aquí para expresar mi solidaridad y reconocimiento con la CGT debido a su coherencia, firmeza, pero también prudencia frente a los reclamos de la sociedad argentina".

Más allá de eso, a los sindicalistas les interesó destacar su poder de movilización. Al recorrer las calles, quedó claro quiénes se comprometieron más con la marcha.

Una gran lengua verde se extendía a lo largo de la avenida, desde Belgrano hasta Independencia: era el verde de los camioneros, con el rostro de Hugo Moyano estampado en las remeras; el verde de los ferroviarios, uniformados con pecheras y gorritas; el verde de los mecánicos de Smata. Se juntaba con el celeste de los uniformes de los obreros de Toyota, y el amarillo y negro de las banderas de los taxistas de Viviani, que peleaban por un lugar frente al palco.

La bocacalle de Belgrano era territorio del verde y blanco de los trabajadores del peaje (de Facundo Moyano). En el bulevar de la avenida, se abría el lila de las remeras de los empleados de OCA, junto al blanco de las pecheras de los sombrereros, tintoreros y lavaderos, y al final de toda la gente, dominaba el amarillo de las remeras estampadas de los lecheros de La Serenísima.

La magnitud de la movilización se podía medir por las calles ocupadas por los ómnibus que trajeron a la gente. Por Independencia y Belgrano, desde 9 de Julio hasta Paseo Colon parecía una terminal de ómnibus escolares. Sólo desde Entre Ríos vinieron 15 micros; desde San Juan llegaron 4, y desde la Pampa, media docena.

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