Kirchner quiere que empresarios amigos compren otra parte de la petrolera YPF.

La historia tiene todos los ingredientes del kirchnerismo explícito. Desde mediados del año pasado, con el aval y la bendición estratégica de Néstor Kirchner, se está llevando adelante una operación económica y política para que empresarios allegados al ex presidente exploren la alternativa de adquirir otra porción de YPF.
La idea es avanzar más allá del 14,9% del paquete accionario que hoy posee Enrique Eskenazy (quien tiene la opción de adquirir otro 10% en el año 2010) para quedarse, de ser posible, con la mitad de la petrolera de bandera argentina que desde 1999 está en manos de la española Repsol.

Las declaraciones que ayer hizo en Madrid el actual presidente de Repsol-YPF, el catalán Antonio Brufau, pusieron un alerta en los círculos bien informados. “Vamos a ver como interactuamos con gente que está interesada en participar con nosotros”, dijo el ejecutivo, quien admitió que la voluntad de Repsol es “colocar en el mercado de una forma u otra el 25%” (ver página 17).

Evidentemente, la crisis financiera internacional y la caída del precio del petróleo han llevado a los españoles a evaluar con mayor interés la posibilidad de vender una parte de la compañía.

El Cronista reconstruyó la versión de este intento, al que Kirchner y los suyos denominan pomposamente “Recuperación de YPF para el patrimonio nacional”, de fuentes políticas, económicas y empresarias.

En agosto de 2008, el secretario Legal y Técnico, Carlos Zannini (abogado y hombre de extrema confianza del matrimonio Kirchner), comenzó una rueda de consultas con especialistas en temas petroleros y legales. A cada uno de ellos les pidió un paper en el que le señalaran las fortalezas y debilidades del proyecto. Antes de un mes, tenía todas esas respuestas consigo, información que obviamente le llegó a Kirchner.

Los datos que obtuvo Zannini llevaron a Kirchner y a sus hombres de confianza a plantear tres alternativas posibles para avanzar en la eventual adquisición de parte del paquete accionario de YPF.

Opción A

Adquisición lisa y llana del 25% de las acciones de Repsol-—YPF, para sumárselo al 24,9% que los Eskenazy podrían tener en 2010. En ese momento (octubre de 2008), con el barril de petróleo cerca de los 90 dólares, se estimaba que el valor de la compañía rondaba los 12 mil millones de dólares. Por eso, el kirchnerismo evaluaba gastar unos 3000 millones de dólares para adquirir ese 25%. Está claro que en la actualidad, con el barril por debajo de los 40 dólares, el precio de una operación semejante sería más bajo.

Opción B

Apoderarse del porcentaje que se acordó cederles a los trabajadores durante el proceso de privatización. Es conocido como el Programa de Propiedad Participada (PPP), que incluía un 10% de la empresa en acciones de clase C para los trabajadores y la posibilidad de designar un director en la compañía. A fines de la década del ‘90, cuando Repsol completó la adquisición de YPF, arregló con el sindicato de petroleros la indemnización de los cerca de 30 mil trabajadores que dejaron la compañía. Pero unos 2000 de ellos no aceptaron el trato y le hicieron juicio a la empresa.

La causa, una denuncia penal por defraudación cayó en el juzgado federal de Claudio Bonadío, quien terminó dictándole la falta de mérito a un grupo de directivos de Repsol-—YPF y a funcionarios que participaron de las negociaciones. Kirchner evaluó la posibilidad de revertir la venta de ese 10% de acciones participadas alegando un “vicio de nulidad administrativa” para quedarse con esa porción de la empresa. A los kirchneristas les brillaron los ojos. Un 10% más el 25% de los Eskenazy y, tal vez, hasta el 25% de la compra restante para completar casi un 60% de la compañía.

Pero entre las personas involucradas en la denuncia penal del programa PPP se hallaba Alessandra Minnicelli, por entonces síndico por la provincia de Santa Cruz y esposa de quien luego sería ministro de Planificación, Julio De Vido. La opción B, a partir de ese momento, quedó descartada.

Opción C

Declarar nula toda la privatización de YPF. Esta idea de perfil legal está basada en reclamar -—a traves del Procurador del Tesoro, en la actualidad Osvaldo Guglielmino-— la nulidad de todo el proceso privatizador de YPF alegando que no hubo ni licitación ni subasta pública, dos de los sistemas utilizados habitualmente para el traspaso de una compañía de la dimensión de la petrolera argentina.

La idea que evaluó el kirchnerismo en este caso era objetar la venta directa de la compañía, para plantear un escenario de negociación en el que Kirchner pudiera luego pactar con los españoles la cesión de una parte importante de la empresa. Claro que semejante operación hubiera supuesta dejar al borde de la ruptura las relaciones diplomáticas con España. Así se lo hicieron saber al ex presidente su esposa, Cristina; el actual embajador en Madrid, Carlos Bettini, y otros funcionarios del gabinete que vieron con espanto esta posibilidad.

La opción C quedó descartada y la Presidenta pudo viajar a Madrid en enero pasado sin pasar sofocones en sus visitas al jefe de gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, y al rey Juan Carlos.

No es casual la mención al rey de España, un hombre que mantiene los mejores contactos en la Argentina y que estuvo a fines del año pasado haciendo averiguaciones entre algunos dirigentes políticos del peronismo que no tienen buena sintonía con los Kirchner para saber qué había de cierto en esas versiones que hablaban de la posibilidad de una compra no precisamente amigable por parte de empresarios cercanos al matrimonio K.

Es que el terreno fangoso de la crisis financiera internacional ha vuelto verosímil cualquier versión sobre compra o ventas inesperadas de empresas en cualquier lugar del planeta. Los rusos de la petrolera Lukoil exploraron durante los últimos meses del año pasado la posibilidad de comprar el 20% del paquete accionario de Repsol que tienen los españoles de Sacyr Vallermoso, en dificultades desde que estalló la burbuja hipotecaria en Europa. Y también creció el rumor del eventual ingreso de capitales chinos a la petrolera que fue del estado argentino.

La idea está. Kirchner tiene todos los datos que pidió en su momento y sigue evaluando la alternativa de contar con una porción mayor del paquete accionario de YPF en manos de empresarios argentinos de su confianza. Las fuentes consultadas aseguran que ha sondeado al empresario del juego, Cristobal López, y a otros hombres de negocios con los que viene estrechando lazos para sumarlos al proyecto de “argentinizar” (así le gusta definir el intento al ex presidente) la mayor empresa privada de la Argentina.

Claro que esta jugada depende también del poder político que Kirchner conserve en los próximos meses. No es lo mismo para los empresarios que tienen que poner el dinero necesario para semejante operación un Kirchner al que le sonrían las encuestas y pronostiquen una ratificación del Gobierno de su esposa en las urnas a un Kirchner al que los sondeos electorales le indiquen la posibilidad de una derrota en los comicios de octubre.

Son cada vez más los funcionarios y dirigentes peronistas que creen que Kirchner jugará todo su capital en estas elecciones a conservar el poder político pero que si las instancias electorales le son adversas buscará mantener al menos una parte de ese poder a través de la influencia que consiga en algunos sectores empresarios. Y en esa lógica ubican los movimientos del ex presidente para que hombres de negocios de su confianza adquieran o se asocien a empresas importantes.

El problema reside en que no es fácil conservar el poder en la Argentina. Y ni siquiera la amistad o las deudas que algunos empresarios puedan tener con el ex presidente alcanzarán para que alguno de ellos se arriesgue a tomar parte en la costosa adquisición de un pedazo de YPF si las señales indican un futuro alejado del centro de las decisiones para los Kirchner.

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