Kirchner quiere cerrar hasta el 2011 el debate de candidaturas en el PJ

Por: Eduardo van der Kooy

Néstor y Cristina Kirchner siguen sembrando malos vientos en la política argentina. ¿Recogerán el año que viene tempestades?. El interrogante podría plantearse por las declaraciones que hizo el fin de semana el jefe del bloque de diputados del PJ. Agustín Rossi anticipó que la Presidenta vetará en el futuro cualquier ley que la oposición pretenda aprobar en el Congreso con "ánimo revanchista".

Nadie sabe si Rossi tradujo el pensamiento íntimo de los Kirchner o si aquel anticipo sólo le produjo reproches y dolores de cabeza del matrimonio presidencial. Lo que sí pareció traslucir el jefe de los diputados oficiales, con conciencia o sin ella, es un ánimo de desquite que se va incubando en la oposición en medio de un clima político general desagradable que atraviesa a la nación.

¿Está la oposición, de verdad, exacerbada?. ¿Responde esa exacerbación a un capricho?. ¿O ha sido atizada por los Kirchner desde el 28 de junio, cuando conocieron el sinsabor de la derrota?.

Vale una mirada general. El matrimonio reconoció a duras penas aquella derrota pero nunca la aceptó. Sometió a la oposición a un sinfín de manipulemos, como la simulada convocatoria al diálogo. Y la terminó arrinconando en el Congreso. Sancionó una cantidad de leyes importantes en su enunciado, aunque muchas de ellas pobres en su confección, preocupándose sólo por el número de votos para aprobarla y no por el consenso para nutrirlas de indiscutida legitimidad. Así podría haber empezado a fomentar, como afirmó Rossi, un espíritu de revancha opositor.

La última muestra de la implacabilidad kirchnerista es la reforma política, la reforma electoral. La sancionó la semana pasada en Diputados a los empellones. Ha tomado incluso un rumbo de mayor prepotencia en el Senado. Ayer mismo el kirchnerismo aprobó el dictamen de mayoría en comisión y se propone sancionar la norma la próxima semana. Para que sea posible, la Presidenta decidió prorrogar apenas diez días el periodo de sesiones ordinarias. Después los Kirchner desean mantener bajo el telón del parlamento hasta marzo para que la composición de las nuevas mayorías deba cruzar el desierto de una prolongada inactividad.

A los propios kirchneristas les cuesta comprender la premura y el vértigo por una reforma que, a priori, no soluciona ninguno de los innumerables problemas políticos que enfrentan los Kirchner. El problema principal, que cada unos de sus actos acentuó desde la noche de la derrota, es la enorme brecha que se abrió entre ellos y la sociedad. Una brecha que indicaría el final de un ciclo y que no encerraría mayores intranquilidades si no fuera por dos situaciones que padece la Argentina: el Gobierno de Cristina tiene aún por delante dos años, la mitad del mandato; el sistema político, con el oficialismo y la oposición, posee una severa debilidad.

Quizás Kirchner suponga que con la reforma electoral aprobada las discusiones acerca de su liderazgo y su posible candidatura quedarán esterilizadas hasta el amanecer del 2011. Dispondrá de todo el año próximo para maquinar maniobras alrededor de su destino y otorgar aire a un Gobierno, el de su esposa, que se sofoca con recurrente facilidad.

Nada de todo aquello quedará esterilizado en el país si los Kirchner, antes de que cambie el paisaje parlamentario, se dedican a engrosar la tropa de los enemigos. Sucede con la reforma electoral: quienes fueron aliados clave del oficialismo en el Congreso luego de la derrota de junio ¿la centro izquierda¿ se han vistos defraudados. Ninguna de sus propuestas fueron atendidas, entre varias razones, porque el proyecto está orientado a consolidar a los grandes partidos preexistentes.

El derrotero de los Kirchner hacia el nuevo tiempo que se avecina está plagado de contradicciones y rarezas. Vilma Ripoll, la dirigente de izquierda, ya no es legisladora pero se acercó ayer discretamente al Senado antes de la reunión de comisiones que aprobó el dictamen de la reforma. La dirigente pertenece al MST (Movimiento Socialista de los Trabajadores) condenado a desaparecer con la nueva ley. Pero esa agrupación tiene ahora una creciente influencia en sectores sindicales que detonaron algunos de los peores conflictos que sufre el Gobierno: el de la empresa Kraft, que derivó ayer en otro corte parcial de la Panamericana, y el de los subtes.

Ripoll se encargó de recordar ese detalle a varios senadores kirchneristas, en un diálogo que, por momentos, subió de tono. "Ahora podrá haber protestas por razones laborales, como las que vemos, y políticas, si esta ley se aprueba", dejó como mensaje.

¿Dónde radicaría el zigzag oficial?. En varios puntos. El Gobierno, por acción u omisión, convalidó el desarrollo del pleito en Kraft. También analiza la posibilidad de conceder el reconocimiento jurídico a los delegados del subte enfrentados con la conducción de la UTA. En medio de ese proceso, mechó la reforma electoral que condenaría a la izquierda. Y levanta, a la vez, las defensas del sindicalismo peronista con el cual tramó una de sus principales alianzas después de ser derrotado en las urnas.

La otra oposición (la UCR, la Coalición, el PJ disidente) no esperaba ninguna gentileza oficial. Pero tampoco imaginó que el Senado impusiera la teoría del "voto a libro cerrado" que los diputados kirchneristas hicieron célebre. Todas las propuestas presentadas por el radicalismo para ampliar el debate sobre la reforma fueron desechadas. Desde la consulta a conocidos cientistas políticos hasta la idea de escuchar a los jueces de la Cámara Nacional Electoral. El kirchnerismo carece de ganas y tiempo porque aspira a cerrar muy pronto las puertas del Congreso.

No podría correr el riesgo de dejar sin sanción aquella reforma. Porque luego del 10 de diciembre iría al muere. Una mínima modificación en el Senado obligaría a su devolución a Diputados. Por entonces el kirchnerismo carecerá de número suficiente para ratificarla.

Tanta intransigencia despabila en la oposición aquel estado de ánimo que describió Rossi. Por esa razón también Ernesto Sanz, el senador radical y futuro titular del Comité Nacional, amagó con plantear pelea por la vicepresidencia del Senado. La polvareda en el oficialismo duró poco, por dos motivos: la oposición no tiene en esa Cámara fuerza para esa pelea; era factible, tal vez, esa misma pelea por la titularidad en Diputados. Pero la ofensiva que habían imaginado, sobre todo, Mauricio Macri y Felipe Solá se desvaneció entre las inconsistencias opositoras.

La obstinación sobre la reforma es una de las tantas obstinaciones de los Kirchner en este tiempo. Continúan con su embestida contra el periodismo a través de las presiones a la empresa Papel Prensa. Aumentan la intervención estatal en la actividad privada. Actúan con el apresuramiento de aquellos que, tal vez, palpitan un final.

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