Kirchner no quiere a Blejer en el Central

Néstor Kirchner no quiere a Mario Blejer en la presidencia del Banco Central. El ex presidente teme volver a vivir con el ex funcionario del FMI lo mismo que está experimentando por estos días con Martín Redrado.
Por eso, fuentes de acceso permanente a la intimidad de la residencia de Olivos sostienen que las chances de que el economista desembarque en la entidad de la calle Reconquista son cada vez menores. La principal promotora de Blejer es nada menos que Cristina Fernández de Kirchner. La Presidenta lo consulta en forma periódica, escucha su opinión con atención y valora muchísimo su llegada a los centros del poder financiero internacional. Sin embargo, el diputado electo considera que la crisis del Central ofrece la oportunidad de designar en lugar del Golden Boy a un funcionario afín al pensamiento económico nacional. El veto a Blejer marcaría un quiebre importante porque la piel del kirchnerismo supura economistas de cuño ultraliberal que hicieron sus primeros palotes en la década del noventa y hoy conducen la política económica. "Tenemos que poner a uno de los nuestros", acicatean al lado del santacruceño. Pero en éste, como en otros casos, el mayor problema para el oficialismo reside en su dificultad para contar con funcionarios de trayectoria y solidez que asuman los axiomas kirchneristas. Lo más difícil no sería bajarle el pulgar a Blejer, sino encontrar un reemplazante de jerarquía. Los postulantes son tan pocos que en el Poder Ejecutivo evalúan la permanencia de Miguel Pesce o la convocatoria a un político de confianza que reporte directamente a la residencia presidencial.

Los portavoces de Olivos aseguran que Kirchner terminó de definirse cuando observó la reacción del director del Banco Hipotecario después de que el Gobierno lo puso en la pole position para suceder a Redrado. El hombre que ocupó la presidencia del Central durante el interregno de Eduardo Duhalde dijo, públicamente, que no estaba dispuesto a pensar en un relevo mientras existiera un presidente en funciones, es decir, mientras Redrado resistiera. Después y pese al anuncio oficial, el encuentro con Cristina fue devaluado a un desayuno con el ministro de Economía, Amado Boudou. Blejer además hizo llegar sus condiciones al matrimonio presidencial y fue terminante. No aceptará modificaciones en la Carta Orgánica del Banco Central y no relegará el trofeo de la autonomía, que la entidad obtuvo durante el gobierno de Carlos Menem. En otras palabras, Blejer irá al Central con un pliego de condiciones que no difiere mucho del que redactarían Redrado y los principales líderes de la oposición.

Entre los antecedentes que avalan a Blejer está la excelente relación que cultivó con algunos de los empresarios más cercanos al gobierno nacional. No sólo su amigo Eduardo Elsztain, que lo incluye en todos sus proyectos, entre ellos el del Banco Hipotecario. También Enrique Eskenazi, que lo sentó desde el comienzo en el sillón del directorio de YPF. El otro dato que pesa en su currículum es el de su actuación al frente de la entidad en tiempos de Duhalde. Pero no está claro que eso cotice en alza todavía en Olivos.

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