"Kirchner quería ser amigo de Clarín y por eso le entregó Cablevisión"

El hombre que fue echado del Gobierno por querer ponerle freno al Grupo Clarín, como presidente de la Comisión de Defensa de la Competencia, ahora respalda la decisión de quitarle el monopolio del fútbol al holding mediático. Sigue siendo crítico de la Casa Rosada.
José Sbatella dejó hace justo un año el timón de la oficina antimonopolios que comandó durante dos años y medio, con Néstor y luego con Cristina Kirchner. Lo hizo enemistado a muerte con Guillermo Moreno, a quien acusa de haber favorecido la concentración de la economía y de haberle concedido la venia al grupo Clarín para la fusión entre Cablevisión y Multicanal. "El Loco" –como llaman al economista platense sus compañeros de militancia en el peronismo revolucionario de los 70– recomendó no entregarle al holding el mercado del cable, pero no fue escuchado en la Casa Rosada. Poco después fue despedido. Cree que es porque Kirchner "quería un trato amigable con el Grupo", pero que el conglomerado después "detectó su debilidad política" y lo abandonó, porque ya le había sacado todo lo que podía dar.

Pese a las críticas, el ex funcionario apoya la vuelta del fútbol a la TV abierta. Opina que abre "una oportunidad para democratizar los medios" y que los $ 600 millones que pondrá el Estado "se pueden recuperar con creces". Igual recomienda reforzar la regulación estatal del negocio. Y advierte a los opositores que "si pactan con el Grupo, van a terminar condicionados como terminó Kirchner".

–¿Cómo ve la decisión de sacarle a Clarín el negocio del fútbol por el acuerdo con la AFA?

–Pienso que más vale tarde que nunca. Porque si siguen creciendo va a ser peor. Creo que el Grupo detectó la debilidad política del Gobierno tras las elecciones y empezó a definir con quiénes se aliará de sus potenciales reemplazantes. Ahí estalló la guerra. Por eso me sorprende que los opositores le hagan el juego, porque les va a terminar pasando lo mismo: van a ser jaqueados y condicionados por un grupo que prácticamente dirige lo que piensan 18 millones de argentinos.

–¿Pero esto solo va a acabar con la concentración del mercado?

–No. Hace falta una regulación más fuerte. Si se desarticula a Clarín en el cable pero dejando entrar a Telefónica y Telecom con el triple play (la TV por celular), se estaría cambiando de manos un mismo monopolio. Y encima uniéndolo al oligopolio de la telefonía fija. En la regulación tienen que prohibirse los contratos a tan largo plazo. Tienen que ser a un año o dos como máximo. Lo ideal sería por temporada.

–¿Pueden recuperarse los $ 600 millones que cobrará la AFA del Estado por los derechos?

–Si se hace como en Europa, donde se comercializan los partidos por temporada y por equipo, se puede hacer un negocio muy rentable sin necesidad de comprar tecnología propia. En España, por ejemplo, un gran negocio es la compra de goles por celular. Y el gobierno obliga a que sean otras empresas las que los vendan. Si se prohíbe que el transmisor de la imagen sea a su vez el dueño exclusivo de todos los derechos, esa plata se puede recuperar con creces. Hay millones de chinos que ven a River y a Boca pagando a sus proveedores de cable. Y los partidos también se venden en Europa.

–¿No puede terminar el Estado contratando a TyC como proveedor por incapacidad de cubrir todo desde Canal 7? ¿O reprivatizando?

–Creo que en este caso va a ser muy difícil dar marcha atrás. Se hizo todo muy público, como con la Ley de Radiodifusión. Hubo tanta difusión que las decisiones ya se van a tomar con menos miedo de salir en los diarios. Hay foros en todas las ciudades y se les dio esperanzas a las universidades de que tengan canales propios y radios.

–¿Tan importante fue el fútbol para la expansión de Clarín?

–Para darle una idea, de los $ 5.700 millones que facturó el Grupo el año pasado, más de 3.400 millones salieron de la TV por cable. Entre las dos empresas tienen 3 millones de abonados y 800 mil de ellos pagan por ver el fútbol. Sólo por ese servicio (sin contar la publicidad, la provisión de imágenes y otros negocios vinculados) embolsan $ 240 millones anuales. Es claramente el principal instrumento de acumulación del Grupo.

–¿Cuándo empezó a investigar a Clarín?

–Cuando asumí en marzo de 2006, el expediente de la fusión ya estaba abierto. Había una presentación donde Multicanal avisaba que compraba el 20% de Cablevisión. Y como no llegaba al 50% del paquete accionario, consideraba que no tenía que notificar la operación y que la ley antimonopolios no se podía aplicar. Había sospechas de que el resto del paquete estaba en posesión de otras empresas del grupo, por lo que había control indirecto. Pero no se podía demostrar porque eran firmas offshore. Así que se acepta la operación, pero se les aclara que si en algún momento blanqueaban ese control indirecto (ante un banco para pedir financiamiento, por ejemplo), se les iba a exigir que notifiquen la operación a la Comisión.

–¿Y eso terminó pasando?

–Pasó algo peor. Ellos aseguraron que no iba a haber colusión, que no iban a aprovechar la posición dominante para subir los precios. Pero a la semana que se autoriza la fusión, Cablevisión y Multicanal envían un aviso de aumento a sus abonados en conjunto, en simultáneo y por el mismo monto. Una verdadera tomada de pelo.

–Ahí abren la investigación por conducta monopólica.

–Yo ahí dicto una cautelar para que retrocedan con el aumento, devuelvan el dinero y den sus explicaciones por el aumento. Ellos no dan marcha atrás y justifican la suba en que los costos habían aumentado para todos los cableoperadores del país.

–¿Y no se los sancionó?

–No. Ésa fue la primera vez que tuvieron que dar explicaciones. Multas nunca pagaron porque en la Comisión todo se cajoneó siempre. Incluso yo empecé a pedir informes internos sobre por qué sus expedientes nunca avanzaban. Cuando yo llegué ya había una multa extendida a Cablevisión, Multicanal y Torneos y Competencias por 900 mil pesos. Era a raíz de las primeras denuncias de los cableoperadores independientes que denunciaban que ellos ofrecían el servicio a pérdida para sacarlos del negocio y quedarse con todo.

–¿Eso tampoco lo pagaron?

–No. El Grupo apeló ante la Cámara en lo Civil y Comercial, que le condonó la multa, y después el Ministerio de Economía volvió a apelar ante la Corte Suprema. El caso todavía está ahí.

–O sea que la Comisión no tiene poder propio para frenar la monopolización de mercados.

–Claro, porque nunca se constituyó como tribunal, como exigía la ley que la creó. Yo creo que esa medida cautelar le hizo ver por primera vez al Gobierno el papel que podía tener la Comisión.

–¿Después informaron la fusión definitiva?

–En esa situación aparece la fusión, hacia fines de 2006, con la compra de lo que faltaba de Cablevisión. Nosotros preveíamos el conflicto y por eso yo aproveché un subsidio de Canadá para hacer un estudio junto con la Universidad de La Plata sobre el mercado de cable en todo el mundo.

–¿Y qué encontraron?

–Que la situación era la misma en todo el mundo. Que el fútbol fue el arma principal de la concentración de los medios en España y en Francia y que en Estados Unidos pasó lo mismo con el fútbol americano y el béisbol. En todos los casos hubo que intervenir regulando desde el Estado, para que ninguna señal tuviera contratos de exclusividad de las transmisiones. Porque donde eso se permitía se cerraba el mercado para el resto y se generaba debilidad aguas abajo, entre los productores de imágenes, que quedaban presos de venderle solamente a esa señal.

–¿Acá tuvo ese mismo efecto?

–Sí. Clarín fundó Multicanal y empezó a comprar los cables del interior uno por uno. Tenían que maximizar los ingresos por la transmisión del fútbol y lo hicieron, gracias al contrato de exclusividad de 1991 y la seguridad de tenerlo hasta 2014.

–¿Cuántos cables compraron?

–Cuando se anuncia la fusión, entre las dos empresas tenían provisión exclusiva (monopólica) en 121 ciudades y competían entre sí (sin terceros) en otras 22 ciudades de más de 200 mil habitantes. Había denuncias muy fuertes de presiones por parte de los cables más chicos, que al final se terminaban vendiendo porque no les podían dar fútbol a sus abonados.

–¿Ese proceso se dio durante el gobierno de Kirchner?

–No, con Menem. Cuando asume Kirchner esa concentración ya se había hecho y los únicos que quedaban eran los cableros más resistentes, que siguen hasta ahora en lugares como Rosario, Salta o la costa atlántica. Lo que esperaba Clarín de Kirchner era el aval a la fusión. Y lo consiguió.

–Usted dictaminó en minoría que había que imponerle condiciones a la fusión. ¿Cuáles eran?

–En los lugares donde cada una de las empresas operaba sola, dije que se les podía dar licencias a otros operadores. Donde estaban solapados, que tendrían que vender una de las dos empresas. Y con el fútbol, la experiencia indica que había que obligarlos a desprenderse del negocio.

–¿En la Comisión quiénes impulsaron la aprobación?

–El dictamen que salió en mayoría tiene las firmas de dos vocales, Diego Póvolo y Humberto Guardia Mendonça, que responden al secretario de Comercio (Guillermo Moreno). Dice que la fusión es casi un beneficio para la sociedad y que el Grupo se compromete a darles cable gratis a los hospitales y a no abusar de su posición dominante. Lo cual obviamente no ocurrió. Hay al menos dos casos donde se probó que incurrieron en conductas monopólicas: en Punta Alta imponían precios predatorios (más bajos que los de mercado para borrar del mapa a la competencia) y en Merlo le sacaron el fútbol a una cablera chica.

–¿Por qué cree que lo aprobaron justo en el cambio de mando? ¿Por orden de Kirchner?

–Los dos vocales representaban una visión donde teóricamente Clarín era aliado del Gobierno. Hubo una fantasía –a mi entender– sobre que eso iba a generar una forma amigable de tratar con el Grupo. Pero lo que hace el Grupo es aprovechar cada período de gobierno para sacar un rédito propio y cuando se desgasta el poder político eligen a otros representantes a futuro. Están acostumbrados a ver pasar gobiernos. Kirchner quería ser amigo de Clarín y por eso le entregó Cablevisión.

–¿No sufrió presiones externas para aprobar la fusión?

–No físicas, pero sí aparecieron un par de notitas perdidas en el diario que yo tomé como advertencias, con títulos como "investigan a Sbatella" sobre situaciones totalmente fantasiosas. Lo que yo hice para protegerme fue pedir asistencia a la Oficina Anticorrupción y denunciar los manejos internos que podían salpicarme.

–¿Cree que Kirchner pecó de ingenuo o que se arriesgó a hacerles un favor para contenerlos?

–Está en su lógica de negociación. Hay áreas del Gobierno, como Comercio Interior o Planificación, donde creo que están convencidos de que se puede manejar mejor una economía concentrada como la Argentina negociando con los actores dominantes en cada cadena que discutiendo con miles de pequeños actores. Y en eso entra Clarín. Pero una vez aprobada la fusión, la empresa quiso dar por cerrada la etapa. Por eso es probable que hayan pensado en generar varios liderazgos débiles en vez de uno fuerte. Obtenido el objetivo, empezaron a buscar reemplazante para esta etapa.

–¿Lo del fútbol es una venganza, entonces?

–Y... reacciona tardíamente. Casi por una cuestión de inocencia en la negociación con los poderosos. Y porque descuidó el estado del Estado. El poder de control, que se desguazó en los 90, no se reconstruyó para nada con Kirchner. El Gobierno todavía tiene la fantasía de la alianza con una burguesía nacional, con diez grupos grandes que lideren el crecimiento del país.

–¿Qué va a pasar? ¿Se viene una guerra abierta?

–No creo que sea una confrontación brutal. El que pierde la paciencia en estos casos pierde la guerra. Clarín puede perder el ritmo de acumulación económica acelerado que venía sosteniendo, pero tiene que seguir trabajando y va a participar en las licitaciones por la televisación que haya. Lo cual no quita que la venganza vaya a ser terrible.

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