Por qué Kirchner no puede dividir para reinar

Por Fernando Laborda

Grandes conquistadores vieron sucumbir sus imperios por no haber aplicado una vieja máxima cuyos orígenes se remontan a la antigüedad precristiana: dividir para reinar.

Los Kirchner lo saben muy bien y se habrán regocijado con el entredicho que protagonizaron los dos dirigentes más notorios de la Federación Agraria Argentina, Eduardo Buzzi y Alfredo De Angeli, luego del acta acuerdo firmada entre el Gobierno y la Comisión de Enlace.

Sin embargo, el matrimonio presidencial está lejos de alcanzar su propósito de desactivar el conflicto seduciendo con subsidios a los pequeños productores. Basta con advertir el malestar en las bases del sector rural, que derivó en las últimas horas en esporádicos cortes de rutas.

Las propuestas del Poder Ejecutivo giran siempre alrededor de lo mismo: más o menos generosas ayudas directas del Estado, tales como los 200 pesos por ternero o los diez centavos por litro de leche, que se adjudicarán a los chacareros dispuestos a cumplir farragosos trámites. ¿Se les pedirá que, a cambio, hagan número en los actos públicos del oficialismo, como ocurre en el conurbano bonaerense con tantos beneficiarios de planes sociales?

La razón de la resistencia por parte de los pequeños productores no es difícil de comprender. El hombre de campo rechaza la concepción intervencionista, dirigista y paternalista que pretende imponer el kirchnerismo. Después de haber sido denigrado, tildado de oligarca o golpista, acusado de provocar inflación con sus reclamos o de quemar pastizales para llenar de humo las ciudades, el productor no desea dádivas; no quiere depender de subsidios, sino de su propio esfuerzo.

Uno de los deportes preferidos del kirchnerismo ha sido exprimir al máximo a un sector para después obligarlo a depender de subsidios estatales, con frecuencia manejados discrecionalmente desde la jefatura política del oficialismo. Lo ha hecho con empresas de servicios públicos y hasta pretendió hacerlo con medios de comunicación.

Pero las dificultades para lograr la rendición del sector rural son obvias. Tanto como una brillante definición de Octavio Paz en El ogro filantrópico : "Hay libertad cada vez que un hombre se atreve a decir no al poder".

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