Los Kirchner, prisioneros de la caja.

Los Kirchner, prisioneros de la caja.
Por: Carlos Pagni.

El Gobierno fijó ayer su posición frente a la controversia más importante que ha protagonizado desde su llegada al poder, en 2003: el conflicto con el sector rural seguirá siendo una bandera, acaso la principal, del oficialismo. Es la señal más importante que emitieron los Kirchner, hacia la economía y la política, desde la derrota del 28 de junio.

Los ministros defendieron la gestión agropecuaria y, si anunciaron algún cambio, fue para corregir abusos, no para modificar los usos. Aníbal Fernández, Débora Giorgi y Amado Boudou ratificaron las retenciones con las alícuotas vigentes, justificaron las intervenciones en todos los mercados y se vanagloriaron del sistema de subsidios. Esa retórica, que hasta ahora se venía basando en razones conceptuales, sumó ayer otro motivo: el contexto histórico. Según el oficialismo, el campo es el único sector que está a salvo de la crisis internacional, en buena medida gracias al saludable tratamiento que recibe del Gobierno.

Quien formuló este alegato con más audacia, dentro y fuera de la reunión, fue la ministra Giorgi: el campo no debería quejarse por lo que el fisco le saca con las retenciones, sino agradecer lo que le da con los subsidios. El tratamiento al sector agropecuario habría sido tan exitoso que todos los negocios mejoraron en el último año. A excepción de aquellos afectados por el derrumbe de los mercados externos o por la sequía, que fue una desgracia regional. No hacía falta que Guillermo Moreno estuviera en la reunión: alguien de mayor jerarquía que él se envolvió en su bandera. Giorgi vino a confirmar lo que se dice de ella: que, junto con el secretario de Comercio, aconseja ?contra Julio De Vido, Aníbal Fernández y el secretario de Agricultura, Carlos Cheppi, ayer ausente? que no se toque una coma de la política agropecuaria.

En este mundo feliz no hay, sin embargo, respuesta para algunos acertijos. Por ejemplo: ¿por qué los tamberos o ganaderos reciben un precio menor por sus productos, si los consumidores pagan uno más caro? ¿Quién se queda con la diferencia? ¿Alguien se hace cargo del castigo que eso supone para las exportaciones? Otro: ¿cómo se corregirá la distorsión de los precios relativos que provocan las manipulaciones oficiales? Cada vez hacen falta más toneladas de trigo, carne o leche para pagar los insumos que se necesitan para producirlos.

Paliativos

Los funcionarios se limitaron ayer a conceder algunos paliativos para las deformaciones más inquietantes. Los expertos auguran que hacia noviembre de 2010 habrá una crisis de abastecimiento de carne y una explosión en los precios. Por eso Fernández ?que recuperó algunos asesores de cuando era ministro de la Producción de Eduardo Duhalde? anunció anoche una corrección de los encajes de cortes de exportación y una compensación a quienes engorden a sus novillos.

No debería sorprender que el resultado de la reunión haya sido "malo, malo", como lo definió Hugo Luis Biolcati ante sus colaboradores, al salir de la Casa Rosada. Cristina Kirchner ya había modulado, el miércoles pasado, la música a la que sus subordinados le pusieron letra ayer. El razonamiento con que la Presidenta espera aliviar, en adelante, el déficit electoral y fiscal que enfrenta su gestión se construye de la siguiente manera: el Gobierno, que "quiere una Argentina para todos", se dedicará a garantizar con subsidios el bienestar de los que no tienen poder de lobbying; los que quieran cambiar la asignación de esos recursos, es decir, "los que quieren una Argentina para pocos", que vayan al Congreso (donde ganó "la derecha") a satisfacer sus mezquindades. La propuesta no puede ser más clara: los Kirchner se reservan para sí la distribución, y le ceden el ajuste a la oposición.

Este blindaje verbal es muy delgado para los desafíos que le esperan. El primero es de concepto. Es inocultable que el Gobierno no puede corregir la política de retenciones por sus dificultades de caja. La crisis fiscal, que obliga al Banco Central a aumentar sus emisiones a favor de Hacienda, es anterior a la tormenta del mundo y se debe, sobre todo, a que la inflación hizo cada vez más insostenibles los subsidios oficiales.

La otra fisura en el caparazón oficial también es económica. La ratificación de la política agropecuaria desmiente a los que fantasean con un cambio de orientación del Gobierno. Es una noticia desfortunada para un país que, en vez de atraer, exporta US$ 2000 millones por mes. Ese drenaje comenzó con el shock de desconfianza que produjo la guerra con el campo, el año pasado.

El principal problema de los integrantes de la Comisión de Enlace anoche era encontrar una oratoria que les permita, por lo menos, demorar un nuevo choque con un oficialismo propenso a victimizarse en la derrota. En consecuencia, quienes esperan de Biolcati, hoy, en la Rural, un discurso petardista, tal vez sean defraudados.

El tercer problema de la ratificación de ayer es parlamentario. Según los números que se podían computar ayer, el 24 de agosto el Congreso podría reasumir la facultad de modificar las alícuotas de las retenciones, que el Código Aduanero delegó en el Ejecutivo. Los legisladores del oficialismo esperaban de la reunión de ayer alguna prenda de negociación para no convertirse, de nuevo, en los verdugos del electorado rural. Pero los Kirchner, otra vez, se la negaron. Nadie sabe si están al tanto del efecto de sus actos: si las cámaras no le renuevan aquella autorización, el Gobierno quedará ausente de la discusión agropecuaria que, ahora por obligación, tendrá como sede al Poder Legislativo.

Esta tensión entre la Casa Rosada y sus diputados y senadores es una reducción a escala del drama interno del PJ. Las últimas elecciones demostraron cuán estratégico es para ese partido contar con el voto del campo. En otras palabras: para aspirar al poder en 2011 el peronismo deberá reconciliarse con ese sector. Ayer los Krichner volvieron a indicarle que no están dispuestos a colaborar en la tarea.

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