Los Kirchner preparan la ofensiva final

Por: Eduardo van der Kooy.

El matrimonio presidencial desató todas las presiones en el Senado para que no se tocara el texto de la ley de medios. Ahora va por la votación final. Quieren aprovechar las mayorías en el Congreso. Pero arman planes para cuando no las tengan. La amenaza del conflicto social.

Guillermo Jenefes, el señador jujeño, tembló como una hoja en Olivos cercado por Cristina Fernández, por el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, y por Miguel Pichetto, el jefe del bloque oficialista del Senado. El legislador colocó su firma decisiva para aprobar el dictamen sobre la ley de medios en el plenario de comisiones del Senado. Pese a todo, sigue pensando que es necesario hacer algunas modificaciones a esa ley que el Gobierno pretende votar, sí o sí, antes del próximo fin de semana.

Pichetto tampoco logró eludir el vendaval de presiones y advertencias desatado por la Presidenta y su marido, Néstor Kirchner. Varios de los senadores oficialistas consentían la petición opositora acerca de que la ley de medios fuera tratada en el recinto el martes 13. Podían, de ese modo, cumplir todas las audiencias y los plazos que Diputados, en su torbellino, nunca tuvo en cuenta. El matrimonio presidencial se empacó con que el Senado haga una sesión especial el viernes para sancionar aquella ley.

¿Qué cuestión fundamental podría variar en apenas cinco días? ¿O acaso aquel rechazo de los Kirchner sólo obedeció a las cábalas y hechizos? Seguramente poco o nada de eso: el matrimonio conoce bien la volatilidad de la política aún dentro de un peronismo que persiste adormecido. Cualquier feroz presión, en ese contexto, correría riesgo de aflojarse después de haber alcanzado su pico.

El temor indujo al ex presidente a pretender una cumbre con los gobernadores peronistas. Pero alguien muy cercano a él lo disuadió. De la misma manera se alarmó cuando supo del escándalo político en Chaco entre el gobernador, Jorge Capitanich, y su esposa, Sandra Mendoza, cesanteada como funcionaria provincial. ¿Qué vinculo podría existir entre ese episodio y la ley de medios que transita el Senado? Tal vez ninguno, pero la senadora chaqueña Elena Corregido, que apoya el proyecto oficial, reportaría políticamente a Mendoza. Muchas veces las fronteras entre la vida pública y privada resultan indelebles.

Los Kirchner no quieren ningún cambio al texto que aprobó Diputados. Un solo cambio sería para ellos otra derrota. Esos cambios son reclamados por la oposición, incluso por algunos aliados y oficialistas, y quedaron expuestos en muchas de las exposiciones realizadas en el Senado. Pero una mínima variación forzaría a que el proyecto retorne a Diputados. Para confirmar su propio proyecto esa Cámara requeriría los dos tercios, un guarismo inalcanzable.

El significado político de cualquier hipotética demora sería todavía más amplio. El Senado volvería a convertirse en un escollo para los Kirchner, como sucedió con la resolución 125 por las retenciones al campo. Se resquebrajaría, quizá definitivamente, esa aparente solvencia política que el matrimonio rehizo luego de la derrota electoral de junio. Una señal inconveniente para un Gobierno dispuesto a hacer todo lo que pueda hasta diciembre. Que está, además, en vísperas de comenzar a discutir el Presupuesto, la ley del impuesto al cheque y el IVA, que está dividiendo aguas en el propio oficialismo.

Valdría recordar, a propósito, que nunca aquello que reluce es oro. En Diputados está atascado el proyecto de los superpoderes que otorga al jefe de Gabinete facultades especiales para reasignar partidas presupuestarias con un tope del 5%. Los aliados kirchneristas de la centroizquierda propondrían la renovación de aquellos poderes especiales sólo para el 2010.

Los Kirchner parecen ir pergeñando también algún esquema para cuando el Congreso deje de ser para ellos el paseo que es ahora. La ley de medios no quedaría boyando como una isla en aguas mansas. El titular del Comfer, Gabriel Mariotto, hizo llamativas alusiones a Papel Prensa en su última presentación en el Senado. Guillermo Moreno ha estado también hurgando en esa empresa, donde el Estado posee una parte accionaria. "Todo esto será nuestro", vociferó mientras dos representantes estatales en la empresa renunciaron. El secretario de Comercio no suele dar puntadas en el aire: la intranquilidad se empieza a derramar, progresivamente, en sectores de la industria pesada y de la energía.

La falta de mayorías parlamentarias intentaría ser compensada por los Kirchner con el fortalecimiento de su maquinaria política. Esa maquinaria quedó dañada luego de la derrota electoral, pero el matrimonio iría por la resurrección. El pilar será el peronismo del conurbano en una compleja entretela con organizaciones sociales. Algo pasó inadvertido en el revoltijo político que caracteriza a la Argentina: la Presidenta inició la semana pasada la entrega de planes de empleo a cooperativas que funcionarán en la órbita de los intendentes. Son 100 mil empleos y una inversión de $ 1.500 millones. Aparte de los intendentes, esos fondos serán manejados por aliados al kirchnerismo.

Por ese motivo Kirchner hubiera preferido quizás a Alberto Balestrini, caudillo de La Matanza y actual vicegobernador, en lugar de Daniel Scioli en la poltrona de Buenos Aires. Pero el gobernador fue, por una vez, impermeable a las presiones del matrimonio. Decidió desoír sugerencias para cambiar a partir de diciembre la gobernación por la Cámara de Diputados para la cual fue electo con su candidatura testimonial. En verdad, nunca había conversado de ese tema con el ex presidente. Sólo recibió mensajes de emisarios.

El más frontal fue Aníbal Fernández. En medio de los diálogos forzados por la revulsión social que ha causado el largo conflicto en la fábrica Kraft, el jefe de Gabinete deslizó aquella insinuación. Scioli replicó con un viaje fugaz a Miami y con el anuncio, a su regreso, de que renunciará a la diputación. Otro desencuentro de dos hombres habituados al divorcio.

Al gobernador le irritaron las referencias de Aníbal Fernández a su supuesta inacción por el pleito en Kraft. Le irritaron también aquellas misivas de los Kirchner que le susurró el jefe de Gabinete. "Aníbal es como Pinti (Enrique). Habla y opina sobre todo y sobre todos", se le escuchó rezongar a Scioli.

Aquel pleito alcanzó, en gran medida, la proporción que tiene hoy por el compartamiento de un Gobierno que acumula errores, intrigas y contradicciones. Los Kirchner se desentendieron del conflicto al comienzo sólo porque sucedía en Buenos Aires. Un reflejo similar al que suele envolverlos frente a algún azote de la inseguridad. Más de 20 días tardó el Ministerio de Trabajo en tomar intervención.

Los Kirchner viven aferrados a su núcleo de aliados que le quedó luego de la derrota sin reparar en algunos cambios de la realidad política y social. ¿Cuáles? El pacto con Hugo Moyano y la dirigencia tradicional peronista tiene valor pero, a esta altura, empezaría a resultar insuficiente. La situación económica y social empeoró más de lo que el matrimonio está dispuesto a admitir. Los sindicatos tradicionales no han logrado prever ni esterilizar la cadena de protestas que se vienen sucediendo. En varios sectores fabriles, como ocurre en Kraft, las comisiones obreras internas responden a la izquierda dura y no a los gremios peronistas.

Los viejos caciques conocen esa pérdida pero, ante lo inevitable, aspiran a extraerle algún jugo. ¿Podrá conceder el Gobierno en este marco la personería jurídica que reclama el gremialismo de la CTA? Los Kirchner viven tentados de congraciarse con la centroizquierda que acostumbra a tenderle una mano política solidaria. Pero Moyano se ocupa de advertirles: "Así les van a pagar".

Moyano tiene en esa cruzada contra los sindicatos de izquierda socios de influencia en el poder. La prescindencia del Ministerio de Trabajo en el conflicto de Kraft fue sustituida -como no podía ser de otro modo- por la intervención sigilosa de Moreno. El secretario de Comercio fogoneó la firmeza inicial de la empresa para abordar el caso: "Andan bien. Agudicen las contradicciones de los "zurdos" y la pelea se terminará", arengó.

La pelea no terminó y se ha propagado. La Capital y el conurbano vivieron otra semana de martirio y desorden con piquetes y bloqueos. Cristina hizo por primera vez una invocación para el cese de ese método de protesta y el respeto al derecho de los demás ciudadanos. Pero aquella invocación pasó con indiferencia: la palabra de la Presidenta tendría, al menos en ese campo, falta de autoridad y convicción.

El problema social no se circunscribe en este tiempo al padecimiento porteño o a las imágenes que divulga la TV. Hay estadísticas más gráficas que cualquier imagen. Según el Centro de Estudios Nueva Mayoría el mes de septiembre último fue el que registró mayores niveles de protesta (145) desde 1997. Más, incluso, que durante los años de la gran crisis. En un 47% esas protestas fueron realizadas por piqueteros.

Del total de cortes y bloqueos el 32% sucedió en Capital y el 29% en Buenos Aires. Hubo un 39% en el interior: 20 de las 24 provincias registraron problemas de ese tipo.

Algunos gobernadores alertaron a los Kirchner sobre esa realidad. El matrimonio tiene abiertos varios frentes simultáneos de batalla y cuenta para afrontarlos con un Gobierno pobre y un sistema político en el cual deben empalmar al viejo PJ con organizaciones de filo progresista. El apremio indujo a la Presidenta y al ex presidente a abrir una hendija de diálogo con el campo.

La única concesión, tal vez, antes de embarcarse en la ofensiva final.

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