Kirchner pone todo a matar o morir

El ex presidente buscará no aparecer como derrotado en las elecciones de octubre y se abra una disputa por el poder presidencial dentro del peronismo. Lo hará, aun si el oficialismo pierde la mayoría en Diputados. Su gran apuesta es el conurbano, y le preocupa el manejo de los medios
La repartija de decenas de millones de dólares sin control ni rendición a gobernadores e intendentes del conurbano; la interrupción del contrato del periodista Nelson Castro; el posible retorno al kirchnerismo de Alberto Fernández y Rafael Bielsa, los cambios en la Secretaría de Medios y las negociaciones abiertas con los medios de comunicación tienen un solo y un único objetivo: que Néstor Kirchner no aparezca como derrotado en las elecciones de octubre y se abra la sucesión para desplazarlo del poder.

El Partido Justicialista es una máquina electoral. Y el ex presidente es quien mejor la maneja. Incluso con menos pruritos de lo que lo hacían Carlos Menem o Eduardo Duhalde. Ellos jamás tuvieron una política de medios tan agresiva. Ni se atrevieron a enfrentar al grupo multimedia más importante. Ahora Kirchner va por todo. Sabe que si pierde se puede quedar sin nada. O con algo peor: la venganza de muchos a los que atacó, ninguneó o corrió para tomar todo el poder.

Ingenuos

¿Cómo terminará esta guerra tan brutal y compleja?

Una parte de los analistas suponen, con cierta ingenuidad, que el kirchnerismo terminó el día en que Julio Cleto Cobos decretó su derrota en la larga pelea contra el campo. Pero el dueño de varios medios que se precia de conocer ‘como opera Kirchner’ y también como funciona ‘el negocio’, me explicó:

–El Gobierno no necesita ganar. Solo necesita comunicar que no perdió, como muchos esperan que suceda. Apenas precisa que al día siguiente de la elección, la tapa de los diarios diga que el peronismo continúa siendo la primera minoría. El partido que obtuvo más votos en todo el país.

–¿Nada más?

–Nada más. Aunque sean menos votos que en 2007. Aunque pierda la mayoría en Diputados. La lectura que Néstor buscará imponer será: “todo el mundo me pronosticó la derrota, y acá estoy, vivito y coleando. Eso demuestra que el que sigue mandando soy yo”.

Plata por votos

La repartija de dinero a los intendentes a cambios de votos, en especial en el segundo cordón del conurbano de la provincia de Buenos Aires, donde sufragan cerca de 3 millones de personas -el 30 por ciento de todo el distrito- es clave para garantizar cerca del 50 por ciento de los votos. El marido de la presidenta calcula que si lo logra, podrá ganar toda la provincia con más del 35 por ciento de los votos, y que eso le asegurará una ‘no derrota’ en el resto del país.

Lo más sorprendente de esa movida no es que lo logre.

Lo más sorprendente de la jugada es que todavía no se haya presentado nadie ante la Justicia para denunciar cómo es que un ex presidente puede disponer de dinero de los impuestos que pagamos todos sin pasar por el Parlamento o por un organismo de control capaz de plantear un reparto equitativo.

Medida ejemplificadora

La no culminación del contrato de Castro está movida por la misma lógica.

En una guerra donde perder es fatal, Kirchner prefiere bancar el costo político de ser acusado por silenciar a periodistas críticos y prestigiosos que soportar su prédica en el medio de la campaña electoral. Y de paso le envía una fuerte señal a los dueños de los medios y a los periodistas: si se ponen en contra y juegan con fuego, se pueden quemar, y no tengo problemas en prender el fósforo.

Para los menos belicosos y los sumisos Néstor tiene otra receta: 300 millones de pesos en publicidad oficial, que pasarán a ser manejados por Alfredo ‘Corcho’ Scoccimarro, su vocero y hombre de confianza. Alguien capaz de hacer un corte muy tajante entre amigos y enemigos, tan preciso y brutal como los que suele practicar el propio Kirchner.

Desesperación

La invitación a volver para Fernández y Bielsa demuestra que el ex jefe de Estado los necesita con desesperación. Y que está dispuesto a críticas con tal de tener el mejor jefe de campaña y la mejor cabeza para pensar cómo volver a seducir a los intelectuales urbanos de clase media desencantados con las desviaciones ideológicas y de negocios que tuvo el hermoso sueño kirchnerista de un país en serio.

Lo que todavía falta arreglar es el acuerdo con los grandes medios de comunicación.

No es un secreto para nadie que los grandes grupos de comunicación tienen fuertes intereses económicos y Kirchner agita esa carta mientras Cristina hace anuncios microeconómicos casi todos los días.

¿Cuánto vale una tapa positiva de un gran diario al día siguiente de las elecciones?

Esa pregunta desvela al ex presidente. Y su respuesta todavía es incierta, pero sus hombres confían en que la conseguirán.

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