Kirchner, a lo Obama, por internas sin voto directo

• Evalúan sistema similar al Colegio Electoral, con delegados divididos por regiones y provincias
El archivado Colegio Electoral, vigente hasta 1994, podría regresar aggionardo de la mano de la reforma electoral K para elegir candidato de cada partido. La Casa Rosada explora un plan para fijar un sistema de internas abiertas pero con una mecánica indirecta, con participación de delegados.

El espejo es el modelo de EE.UU., donde los votantes eligen delegados, llamados compromisarios, que derivan en un colegio electoral. El candidato que suma mayor cantidad de electores se queda con la nominación.

La versión criolla, todavía embrionaria, se aplicaría para elegir al candidato a presidente de cada partido mediante un régimen de internas abiertas -donde pueden votar los no afiliados-, obligatorias -todos los partidos deben hacerla- y simultáneas -el mismo día-.

El esquema, que figura en los borradores K, prevé la división del mapa electoral en cuatro regiones -noroeste, noreste, centro y sur-, que sufragarán en fechas diferentes, y contempla, por ahora, tanto la vía del voto directo como la de la elección indirecta.

Para este último caso, la mecánica es lineal: al votar por el candidato X, los afiliados y no afiliados eligen delegados de una lista interna que luego se reúnen, completada la elección en las cuatro regiones, en una convención del partido para proclamar el candidato.

Trabas

Esa última alternativa choca con algunas trabas. La principal es que habría que adaptar las cartas orgánicas partidarias para fijar una mecánica universal cuando, en la actualidad, cada agrupación tiene su método; «por caso, la UCR tiene convención mientras el PJ, voto directo».

Tiene, según el argumento oficial, una virtud: reposiciona a los partidos como escenario de definición porque mientras la interna abierta permite -hasta incentiva- la participación de no afiliados, la Convención devuelve protagonismo a la burocracia partidaria.

En los sondeos en la ronda de consultas que encaró el ministro de Interior, Florencio Randazzo, hubo guiños favorables y algunas prevenciones. Es más: Adolfo Rodríguez Saá fue, en su visita a la Casa Rosada, quien expresó la idea de segmentar la interna.

Pero la música, detrás, no es del todo templada. El cambio de voto directo a voto indirecto implicaría que las provincias con más población, sobre todo Buenos Aires, resignen incidencia porque su participación en cantidad de votantes sería menor que el porcentaje de delegados.

Como ocurría con el Colegio Electoral, la «federalización» perjudica a las provincias más grandes. Se corrigió con la reforma del 94, que fijó el voto directo, y «conurbanizó» el juego electoral porque con el 40 por ciento del padrón, Buenos Aires vuelca cualquier elección.

Kirchner, en 2003, entró ajustado en el ballottage -superó por 3 puntos a Ricardo López Murphy- por los votos que le aportó el PJ del conurbano de la mano de Eduardo Duhalde. El régimen de delegados y convención partidaria reduciría la influencia bonaerense.

¿Impulsa el proyecto luego de la derrota bonaerense porque entrevé que en 2011 necesitará del interior lejano, NEA, NOA y sur más proclives al PJ que las provincias del centro, Capital, Buenos Aires, Córdoba y, entre otras, Santa Fe donde fue castigado el 28-J?

No hay una pizca de ingenuidad en los movimientos de Kirchner. En elecciones pasadas, forzó «retoques» del sistema electoral -como las colectoras o las listas espejo- para potenciar su chance en las urnas. Para el turno que viene, orejea el régimen indirecto. Todo sea por sobrevivir.

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