Kirchner le marcó la cancha a su operador judicial porque se le fue de las manos

Es auditor de la Nación, pero su cargo no alcanza para explicar su poder. Es el más influyente representante kirchnerista en la Justicia, y responde a la línea del ministro De Vido.
Al juez Faggionato Márquez lo dejaron solo. El mismo bloque K que una semana antes lo había salvado de la guillotina resolvió suspenderlo y someterlo a juicio político. ¿Qué justificó el cambio de actitud? La decisión de Néstor Kirchner fue un gesto implacable no sólo contra Faggionato, sino contra uno de sus principales defensores: Francisco Javier Fernández, según los principales actores que recorren los tribunales, el más poderoso representante del kirchnerismo en la Justicia.

Es más temido que respetado. Su nombre siempre es pronunciado en voz baja por el temor a las filtraciones. Es auditor general de la Nación y tiene aceitados contactos con seis de doce juzgados del Fuero Federal Criminal y Correccional, donde se tramitan graves causas de corrupción contra funcionarios K, como la de enriquecimiento ilícito de De Vido y Moreno; la de aportes ilegales a la campaña K y las que acumula Ricardo Jaime. Pero su influencia es todavía más ostensible en el Fuero Contencioso Administrativo, donde aterrizarán en breve las demandas contra la polémica Ley de Medios. Por eso hay oficialistas preocupados por saber cómo se posicionará Fernández en este tema. De ello depende el futuro de las causas que preparan las empresas afectadas.

Tanto poder acumuló Fernández en los últimos años, que hasta el propio Kirchner consideró necesario marcarle el territorio, ya que algunos escuderos del ex presidente en el Consejo de la Magistratura, como Carlos Kunkel y Diana Conti, se empezaron a quejar por la excesiva autonomía con que se movía en la Justicia. Y amenazaron con renunciar.

El periodista Horacio Verbitsky denunció en el diario Página/12 que Fernández y sus hermanos son los "principales operadores de la SIDE en el Poder Judicial". El auditor tiene una estrecha relación con el ex número dos de la Secretaría de Inteligencia, Darío Richarte, cuyo estudio jurídico defiende a funcionarios K caídos en desgracia, como Claudio Uberti. Dentro del Gobierno justamente es el ala devidista la que banca a Fernández.

Relaciones públicas. El poder de Fernández reside en sus extensos y fluidos contactos en la Justicia. Le dio trabajo en su despacho de la Auditoría a Josefina Ballestero, hija de Jorge, el camarista del fuero. También a Malena Canicoba Corral, hija de Rodolfo, otro juez del fuero. Siguiendo esa línea, cobijó en su planta de empleados al hermano del juez federal Ariel Lijo, Alfredo. Más íntima es su relación con el camarista Eduardo Farah, compadre suyo. "Nos conocemos desde tercer grado. Ibamos a campamentos. Pero no es delito ser compañero de alguien, ¿no?", dijo hace poco en un reportaje a La Nación. PERFIL no tuvo la misma suerte de poder hablar con él. Si bien originalmente Fernández había aceptado una entrevista, después dijo que contestaría un cuestionario. Cuando se le enviaron las preguntas, mandó a decir que no respondería porque le parecían "una falta de respeto".

Fernández exhibe su mayor poder en el Fuero Contencioso Administrativo. Su hermano Sergio es camarista de la Sala III. Su otro hermano, Claudio, fue secretario de la Sala V, pero tuvo que renunciar envuelto en un escándalo por un supuesto pedido de coimas, caso por el cual fue procesado bajo la figura de "cohecho". Para tener dimensión del alcance del poder de Fernández, dos de los cinco preseleccionados para cubrir las vacantes del fuero federal en el polémico concurso 140 tienen vinculación con él. Uno es Luis Osvaldo Rodríguez, ex compañero de Fernández en el colegio. Otro es Carlos Oscar Ferrari, que trabaja en la AGN como contratado y que, llamativamente, en su examen citó párrafos enteros de jurisprudencia estadounidense. En abril de 2006, el ex secretario del ministro de Justicia Raúl Granillo Ocampo, Wilfen Martínez Medina, declaró que Fernández era el "valijero" que llevaba el dinero a jueces de la Corte. La causa terminó con Medina condenado por calumnias.

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