Kirchner y su máquina de armar mayorías

Aquella tarde de noviembre, en el lejano 2002, Néstor Kirchner se encontró de repente frente a tanta gente como toda la que vive en Río Gallegos. Era un hecho poco común en su carrera. La cancha de Deportivo Laferrère llena lo recibía como figura y orador central, pese a que las encuestas le auguraban un destino de indigencia electoral.
Entre banderas verdes (aporte de la hinchada de "Lafe"), las cámaras solitarias de Crónica TV y muchos abrazos sudorosos, un hombre sonreía feliz: Julio Rubén Ledesma, el artífice de aquel primer acto importante de Kirchner en el conurbano bonaerense. Había hecho una apuesta. Si le salía bien y el voluntarioso candidato patagónico terminaba por conseguir el apoyo de Eduardo Duhalde y ganaba las elecciones de 2003, recibiría su recompensa: torcerle el brazo de una vez a su histórico rival en el duhaldismo de La Matanza, Alberto Balestrini, y convertirse en intendente del distrito más habitado de la provincia.

Le salieron todas las carambolas, menos la última. Kirchner consiguió el apoyo de Duhalde y ganó la presidencia, pero le pagó barato: lo nombró asesor presidencial. Un sueldo y una tarjeta de presentación. Nada más. Y lo mandó a encolumnarse de nuevo detrás de Balestrini.

La paciencia de Ledesma, un sindicalista de peso en el gremio mercantil, se acabó en 2005. Consiguió un lugar en el Congreso, por la renuncia de dos kirchneristas que lo habían antecedido en la lista de 2003. Pero se ubicó con los peronistas disidentes. Un tal Francisco De Narváez lo llevó como candidato a intendente en 2007 y para las elecciones de junio pasado lo aceptó en su lista de diputados. Algunos en la Casa Rosada dicen que ya en la campaña había vuelto a hablar cada tanto con su amigo Néstor.

Volvió a hacerlo esta semana. Fuentes del oficialismo señalan que dialogaron en Olivos y que uno de los temas en la mesa fue la participación en el plan de cooperativas que lanzó el Gobierno. Y -¿cómo no?-, la posibilidad de cumplir algún día el sueño de gobernar La Matanza.

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El caso Ledesma -como el de su inseparable colega matancera Patricia Gardella, y también el de la diputada de Luis Patti, Adriana Tomaz- puede ser una muestra de lo que vendrá. La reconstrucción de la mayoría parlamentaria por la vía paraelectoral encuentra sustento en la proliferación de partidos y alianzas de origen difuso que ganaron bancas este año.

Las boletas de junio estaban llenas de kirchneristas potenciales, de ex kirchneristas nostálgicos, de antikirchneristas dialoguistas, de kirchneristas vergonzantes? De paso, hay cada vez más gobernadores con necesidades de caja. Hay un Kirchner fortalecido en la derrota (que ahora hace la vista gorda al pasado, ilusionado con su futuro) y hay también opositores con proyectos de poder vacilantes, que habían soñado con crecer de la mano de los mismos que acompañaban a Kirchner cuando soñaba con crecer.

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