Kirchner manda a competir, ahora, contra la lista anti-K

Por: Pablo Ibáñez

Néstor Kirchner, Daniel Scioli y el intendente Julio Pereyra ayer en Florencio Varela, donde el ex presidente lanzó la campaña interna para asegurar el control partidario del territorio de Buenos Aires.

Sobre la hora, la estrategia de Néstor Kirchner para el PJ bonaerense incorporó una opción incendiaria: no impugnar la boleta del peronismo anti-K que postula a Daniel «Chicho» Basile como jefe partidario contra Alberto Balestrini y prepararse para, el 30 de noviembre, ir a «medir fuerzas» en las urnas.

La alternativa, en etapa de evaluación en Olivos -en Matheu esperan indicaciones- opera sobre la hipótesis de que en la votación el oficialismo aplastaría a los disidentes. A simple vista, se parece mucho -demasiadoa una emboscada perfecta: dejar subir al ring a un sparring para que el campeón se luzca.

De rebote, aunque Eduardo Duhalde se despegó del dirigente de Las Flores, el patagónico simulará que vía Basile enfrenta al lomense. En rigor, el duhaldismo interviene en la interna, pero no detrás del ex diputado sino a través de Luis Barrionuevo o, en más de un caso, camuflado en las listas oficiales.

Esta tarde, la Junta Electoral del PJ que preside Hugo Curto comenzará el proceso de análisis: revisará avales y certificación de firmas de los candidatos, entre otros requisitos. Ese es el primer filtro que deberá sortear la boleta disidente: luego, las 48 horas de la etapa de «tachas e impugnaciones».

¿Sobrevivirá la lista de Chicho? Es probable. Si ocurre quizá sea una sorpresa hasta para el propio Basile, que anteayer ya preparaba una conferencia de prensa para el lunes donde denunciaría las, a su criterio, «irregularidades» registradas durante la interna y las «anomalías» para no dejarlo competir.

Desafío

Ayer, sospechosos, lo medían. «¿Chicho dice que no lo vamos a dejar jugar? Si hizo todo bien, si tiene los papeles en orden, el 30 de noviembre va a tener la oportunidad de mostrar cuánto vale», lo desafiaban desde la sede del PJ nacional de la calle Matheu, que ofició en estos días de búnker del peronismo de Buenos Aires.

La tarea será, parece, compleja: el candidato a presidente del PJ de un distrito de la Quinta Sección, por la cofradía de Basile, no podría firmar su participación porque está fallecido. En el apuro de los cierres de lista, siempre suele haber errores de tipeo.

Y, para justificar ese posible revoleo, Olivos no movería un solo dedo para que se calmen las disputas que, contra reloj, estallaron en la Sexta Sección y en La Plata, territorios por dentro del oficialismo; habrá dos boletas que obligarán a realizar internas para consejeros.

El caso sureño merece citarse: se avanzó, hasta la medianoche, en negociaciones, pero no hubo acuerdo y se anotaron dos boletas. Ayer, sin intervenciones del comisariato, todo indicaba que no habrá esfuerzos para que haya fusiones.

De un lado quedó el club capitaneado por Dámaso Larraburu y Carlos Mosse, de la antigua «cooperativa», que agregó como candidatos a Hugo Corvatta y Elsa Strizzi. Del otro, los randazzistas Alejandro Dichiara, Alfredo « Pichi» Fischer y Marcelo Feliú, con el «cupo» para Patricia Caparelli.

En La Plata es menos cruento: el grueso del FPV y el PJ, desde el alakismo residual hasta el « castagnettismo», además del grupo Bruera-Pérez-Amondarain se amontonó en una nómina única. Enfrente, se paró Oscar Vaudagna más el colectivero Angel Pedroza, ligado a Hugo Moyano. La diferencia de arsenales es ostensible.

El permiso para disputar llegará, también, a los municipios: no son muchos en el conurbano, pero abundan las dos, tres o hasta cuatro papeletas en distritos del interior.

En el conurbano hay que seguir, particularmente, un caso: San Miguel, donde se entreveran el intendente Joaquín De la Torre, el diputado Franco La Porta -éstos eran, hasta junio, socios, lo que le permitió destronar al ex carapintada- y Aldo Rico, que vuelve por la gloria de ser jefe del PJ municipal.

Otro dominio del FpV que tendrá dos boletas es Quilmes. Al final, Aníbal Fernández no presentó lista local aunque integra la nómina de consejeros de declara versión no oficial del anibalismo. Del otro lado, Gutiérrez reunió a Eduardo Camaño y el ex anibalista Daniel Gürzi. Portador del sello MPA en Quilmes Sergio «Chino» Villordo no se anotó en la primaria.

Lejos de Basile, que se cortó solo como contrincante de Balestrini, el que decidió jugar fuerte en los territorios fue Luis Barrionuevo: su esposa, Graciela Camaño buscará la jefatura del PJ de San Martín, mientras que Domingo Bruno hará lo mismo en Morón y Carlos Acuña disputará en Presidente Perón.

El barrionuevismo deberá esperar si en la Junta le permiten colgarse de la boleta oficial de las secciones y de la papeleta provincial. Si eso ocurre, los laderos del gastronómico compartirán lista con Hugo Moyano -segundo en la rama sindical detrás de Curto- con quien están enfrentados en la CGT.

Otros distritos con primarias son San Isidro y Vicente López que, gobernadores por intendentes no PJ, suelen descargar sus tensiones en el pulseo interperonista. En San Isidro se enfrentan dos familias: los Cafiero y los Galmarini. De un lado, Sebastián; del otro, Santiago, ambos por la jefatura partidaria.

Más abajo aparecen otros nombres: Marcela Durrié, Hugo Franco y Fernando «Pato» Galmarini figuran en la lista de congresales.

En Vicente López, se armó un frente amplio del que sólo quedó afuera Ezequiel « Negro» Oliva que, diezmado, enfrentará una boleta ordenada por Guido Lorenzino, con el sciolista Martín Cosentino como candidato al partido, y la franquicia local del SUTERH de Víctor Santa María.

Cosa rara: como la teoría del «efecto mariposa» -esa que sostiene que el aleteo de la mariposa en Hong Kong puede desatar una tormenta en Nueva York-, la unidad de Vicente López repercutirá en La Plata, con una parada intermedia en Bragado. Los caminos del señor (con minúscula) son sinuosos e indescifrables.

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