Kirchner llena el espacio que otros dejan

Por Joaquín Morales Solá

Quizás en el vacío de un liderazgo peronista, alternativo al de Néstor Kirchner, pueda explicarse gran parte de las contradicciones políticas.

Convertido en una especie de Cid Campeador sin causa ni religión, el ex presidente sigue ganando batallas tras haber sido abatido. Sólo dos factores parecen en condiciones de ponerle límites después de la derrota: el irritado humor social y, de alguna manera, la opinión de la Iglesia.

El duelo verbal librado en las últimas horas entre Eduardo Duhalde y Carlos Reutemann puso en evidencia aquella falta de conducción dentro del peronismo disidente del kirchnerismo. Duhalde sabe mejor que nadie que ningún peronista saltará del poder hacia el vacío; eso no está en la historia ni en los genes del justicialismo. Por eso, el ex presidente lo apuró a Reutemann para que lanzara su candidatura presidencial, pero el senador integra el núcleo de políticos que no aprovecharon su victoria en uno de los distritos más importantes del país. "El candidato debe ser Duhalde", respondió Reutemann, con lo que dio a entender que estaba devolviendo una pelota que no le gustaba.

Mauricio Macri está más preocupado por un diálogo incierto con el gobierno federal por la administración de la Capital que por la conducción de la otra franja de peronistas disidentes. Sabemos de su proyecto presidencial, pero no sabemos si lo concretará con el peronismo o sin el peronismo. Su socio, Francisco de Narváez, el gran ganador del 28 de junio, optó por el silencio en la crucial sesión de la Cámara de Diputados por la delegación de facultades al Poder Ejecutivo. Al revés de Macri, De Narváez se reivindica peronista y aspira a continuar su carrera sobre la marea del peronismo.

El peronismo cordobés está destruido después del conflicto entre los Kirchner y el campo. El gobernador Juan Schiaretti suele confesarles a sus interlocutores íntimos que "el próximo turno en la provincia será radical". De hecho, el jefe del bloque radical de diputados nacionales, Oscar Aguad, ganó las elecciones del 28 de junio en Córdoba y es la figura que mejor mide ahora como eventual candidato a gobernador. Las actuales cercanías entre el ex líder del peronismo cordobés José Manuel de la Sota y Kirchner no hacen más que profundizar la crisis del justicialismo de esa provincia. Los Kirchner tienen más del 80 por ciento de rechazo entre los cordobeses, según mediciones en poder del propio oficialismo.

En ese desierto de virtud y talento se inscribe la contradicción de un Kirchner derrotado que aún puede hacer ostentación de poder. El peronismo suele soltarles la mano a los vencidos, pero siempre y cuando pueda aferrarse en el acto de otra mano. Kirchner tiene, a su vez, una capacidad tan grande para construir poder como para destruirlo. En la tarea de esa construcción cuenta con una visión incomparable para detectar los espacios vacíos y llenarlos rápidamente. La creencia en su liderazgo es la única certeza de su confundida y confusa carrera política.

Reconoce algunas fronteras, no obstante. El Gobierno comenzó a hablar de la pobreza cuando el papa Benedicto XVI la calificó como un "escándalo" en la Argentina. La calificación corresponde a los obispos argentinos y tiene como destinataria casi exclusiva a la Argentina. La pobreza es aquí un "escándalo" porque el país tiene riquezas y condiciones de las que carecen otras naciones con índices parecidos de miseria.

El debate entre el Indec y el obispo Jorge Casaretto por los índices de pobreza no es una polémica entre la constatación y la percepción. Casaretto, presidente de la influyente Pastoral Social, encargó una actualización de los índices del año pasado preparados por el Observatorio Social de la Universidad Católica Argentina. Esa actualización arrojó un resultado del 38,5 por ciento de la población en condiciones de pobreza. Para ser precisos, Casaretto dijo que la pobreza actual de la sociedad argentina es "cercana al 40 por ciento". El Indec reconoce sólo el 15 por ciento de pobreza y cree, encima, que el porcentaje podría ser menor "si se lo midiera bien". Cosa que, al parecer, no hace.

La pobreza como "escándalo" es una unanimidad de los obispos argentinos. El cardenal de Buenos Aires, Jorge Bergoglio, logró abroquelar a los líderes religiosos en una sola posición cuando hablan de pobreza o de la proliferación de la droga. En algún momento pudo especularse sobre la existencia de "moderados" y "duros" dentro de la Iglesia, pero lo cierto es que esas diferencias se han borrado con la consolidación del liderazgo de Bergoglio entre los obispos. Bergoglio ha sido siempre un tenaz defensor de una Iglesia distante del poder y cercana a las inquietudes sociales. Esas posiciones del prelado nunca fueron entendidas por el kirchnerismo, que considera tales actitudes como propias de "opositores".

El otro límite objetivo del oficialismo es la sociedad misma. Vastos sectores sociales movilizados constituyen el mayor temor de los Kirchner. La primera experiencia fue la derrota del Gobierno por la resolución 125, que enfrentó al kirchnerismo con el interior rural del país, rodeado éste en su momento por la solidaridad de los sectores urbanos. La segunda experiencia fue la del 28 de junio último, cuando el oficialismo resultó derrotado en seis de los siete distritos electorales más importantes del país.

La tercera prueba fue la reciente e incipiente revuelta social por el tarifazo en las facturas de luz y gas. El explosivo malhumor social incidió primero sobre los jueces (que aceptaban las peticiones de no innovar) e influyó luego en el ánimo de los legisladores del propio oficialismo. El Gobierno anulaba esos aumentos casi salvajes o los anulaba el Congreso. Los anuló el Gobierno.

Sin embargo, la sociedad no puede participar activamente de cada debate o de cada desafío que plantea el oficialismo. El límite debe provenir entonces de la política y, más exactamente, del peronismo; la coalición no peronista tiene la escasa fuerza parlamentaria que tiene. Y la tendrá hasta el 10 de diciembre. Entre esos huecos vacíos de la política Kirchner está reedificando su poder después de la ruina.

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